
«No alcanza con que a Milei le vaya mal, eso ya quedó en evidencia», sentenció Natalia Zaracho, diputada nacional de Unión por la Patria y referenta de Argentina Humana. La trabajadora de la economía popular condensó en una frase casi tres años de debacle económica, política y cultural. Pero no se quedó en el diagnóstico: enseguida llamó a los transfeminismos a bajar al territorio, militar y organizarse en los barrios.
La escena se dio en la Plaza Colón, en la ciudad de Córdoba, durante el primer día del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Intersex y No Binaries, cuando cientos de personas se congregaron en una “Asamblea transfeminista contra la deuda”.
Donde Milei y la ultraderecha ven delirios de progreso e imaginan grandes inversiones, los feminismos exponen, denuncian y enfatizan que la deuda atraviesa cada vez más los cuerpos. Cuerpos cansados de levantar pibes, de ir a ollas populares, de diluir la leche en agua para que rinda más, de hacer cuentas, de pedir préstamos usureros, de vivir en mora. Queda demasiado mes a fin del sueldo, dice un meme, y ya es tan real que perdió la gracia.
Frente a ese escenario, la asamblea dejó algo más que un diagnóstico compartido. Una vez más, pese a las distintas vertientes y los diversos colores políticos, el campo popular ensayó una forma de hacer política desde los consensos, sin negar las diferencias. Una práctica que los transfeminismos vienen construyendo desde hace décadas en los Encuentros: tejer redes transversales, federales y, en la medida de lo posible —no sin tensiones ni resquemores—, horizontales. Una política de la complicidad, del reconocimiento mutuo y de la organización colectiva.

En la Córdoba del Cordobazo y de la fuga de la cárcel del Buen Pastor -una operación organizada para liberar a 26 presas políticas durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón-, los transfeminismos dejaron en claro la importancia de posicionarse contra Milei y a favor de los acuerdos de cara a las elecciones presidenciales del 2027. Ya no queda duda que la marea verde busca tener incidencia en las urnas y marcar agenda propia.
Pero volvamos a la plaza. Donde supo haber jolgorio ahora hay hambruna, donde supo haber vida hay deuda. La deuda lo come todo y lo escupe, como un fascista monstruo bulímico. Frente a esto se plantearon acciones concretas: la lucha por el desendeudamiento, la exigencia de la prórroga de la Emergencia en Discapacidad, la derogación del DNU 70/2023, de la ley de Tierras y la organización de un 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, imponente.
La resistencia se piensa más allá de las fronteras nacionales. Participantes de diferentes territorios plantearon la necesidad de una articulación continental contra el avance de las derechas y el machismo que recorre América Latina y el Caribe. Desde Brasil, donde el clan Bolsonaro busca perpetuar una dinastía política patriarcal, hasta el Chile campesino y el Ecuador gobernado por Daniel Noboa, las experiencias regionales pusieron en evidencia que el endeudamiento y el ajuste no son fenómenos aislados. Las políticas económicas tienen efectos concretos sobre las vidas y los derechos, mientras las derechas ensayan nuevas formas de disciplinamiento social.

En Argentina, la deuda ya no se limita a los compromisos del Estado con los organismos internacionales: también se mete en los bolsillos de quienes trabajan, en las cuentas de quienes cuidan y en la salud mental de quienes intentan llegar a fin de mes. Según ATE Capital, en junio de 2026 el 18,63% de los trabajadores estatales registraba mora crediticia. El endeudamiento dejó de ser una excepción para convertirse en parte de la vida cotidiana de amplios sectores de la clase trabajadora.
En un país donde las mujeres dedican el doble de tiempo a las tareas de cuidados que los hombres, 6 horas 31 minutos diarios al trabajo no remunerado, mientras que los varones dedican 3 horas y 40 minutos, según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2021 del INDEC, se acentúa una brecha que ya estaba escrita: en el segundo trimestre de 2026, la tasa fue del 7,9% entre las mujeres y del 7,2% entre los varones, según el INDEC. Según la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, en Argentina las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas representaron el 16,8% del PBI en 2022. Las mujeres realizaron el 70,2% de ese trabajo.
“Las compañeras están caminando a sus trabajos por el costo del transporte”, declaró en la asamblea «la negra» Albornoz, integrante de La Poderosa. Para ella es fundamental entender que la deuda no es un problema personal, una noción que aísla y culpabiliza a las más endeudadas, sino un entramado colectivo. Por eso una solución es pensarlo como un común denominador de la clase trabajadora.
Bajo este paradigma es claro que este gobierno hambrea y los feminismos intentan resistir emparchando con cuidados la posibilidad de un estallido social. “Las mujeres se endeudan para sostener el cuidado, para pagar los alquileres, para comprar alimentos. En ningún caso se endeudan en función de crecer”, continuó «la negra». Las redes comunitarias y las trabajadoras sostienen, con recursos cada vez más escasos, aquello que el mercado no garantiza y el Estado deja de cubrir.
Los cuentapropistas, los alquileres exorbitantes, las tarjetas de créditos o las plataformas como Mercado Libre generan deudas que afectan a la salud mental. Para Mónica Macha, psicóloga y senadora de la Provincia de Buenos Aires de Unión por la Patria, el sobreendeudamiento afecta la salud mental no solo porque es un problema económico persistente, sino que genera un pensamiento constante sobre la deuda que se tiene y la idea de que no hay salida. “Todas las herramientas feministas para acompañar esta realidad son necesarias. Pensar instancias conjuntas, pensar instancias que nos devuelvan la dignidad, de tener salario y de vivir con nuestro salario”.
La socióloga Luci Cavallero, co-autora junto con Verónica Gago de “Una lectura feminista de la deuda”, viene señalando que el endeudamiento atraviesa de manera transversal a mujeres, lesbianas, travestis y personas trans, tanto en sus trabajos remunerados como en las tareas no remuneradas que sostienen la vida. La deuda, desde esta perspectiva, no es solamente una obligación financiera: también es una forma de organizar el presente y limitar el futuro, de condicionar decisiones y reducir los márgenes de autonomía.
Para Cavallero, el problema ya tiene consecuencias políticas y será parte de la agenda de las elecciones de 2027. La discusión de fondo es cómo se distribuye la riqueza y quiénes pagan el costo de las políticas de ajuste. También implica disputar sentidos con los que se explican las privaciones: si la falta de dinero se vive como un fracaso individual o si se reconoce como resultado de un modelo económico que produce desigualdad y distribuye de manera injusta sus consecuencias.

El costo de la deuda es que dejamos de soñar en tiempos de crisis, de imaginar futuros mejores y de construir proyectos de vida. “Si el problema de fondo es el modelo económico de Milei, la respuesta no está solo en la afrenta electoral que tenemos el año que viene”, declaró frente al micrófono de la Plaza Colón Lucía Cámpora, diputada nacional y referente de La Cámpora.
La deuda quiere convencernos de que no hay tiempo para otra cosa que sobrevivir. Que el futuro es una cuenta pendiente y que cada quien debe arreglárselas como pueda. Los transfeminismos responden con una plaza, con un Encuentro año a año, con marchas, con propuestas políticas. Son voces que ponen en común lo que el sistema insiste en privatizar: el hambre, el cansancio, la incertidumbre y la necesidad de vivir mejor.
https://elgritodelsur.com.ar/2026/10/endeudadas-pero-no-resignadas-transfeminismos-marcan-agenda-cordoba/
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