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Perico construyó buena parte de su identidad alrededor del intercambio: feria mayorista, feria minorista, La Saladita, frutas, verduras, ropa, reventa y circulación permanente de compradores del interior de Jujuy y provincias vecinas. Pero ese ecosistema hoy está bajo una presión inédita. El consumo se achica, los alquileres expulsan puesteros, las grandes plataformas digitales capturan ventas, los productores enfrentan costos crecientes y centenares de pequeños comerciantes advierten que ya no pueden sostenerse. Lo más grave no es que el mercado haya cambiado; lo grave es que la ciudad no parece haber construido una estrategia para cambiar con él.
El testimonio recogido en la Feria Mayorista es brutal por su sencillez: después del día 10 las ventas caen, el público compra por unidad, los revendedores son cada vez menos, los alquileres se vuelven imposibles y algunos puesteros terminan cerrando, mudándose o vendiendo desde sus casas. Esa radiografía local coincide con un fenómeno nacional. CAME informó que en septiembre las ventas minoristas pyme apenas crecieron 0,3% interanual, pero cayeron 1,2% respecto de agosto y acumulan una baja del 2,1% en el año; al mismo tiempo, las ventas online de los comercios con local físico crecieron 19,4% interanual. En agosto el comercio electrónico de esos mismos locales ya había aumentado 17,6%. No estamos ante una mala semana de ventas: estamos ante una mutación estructural del modo de comprar.
Y allí aparece el primer gran fracaso de lectura. Mientras el consumidor migraba hacia el celular, Perico siguió administrando sus ferias como si el principal problema fuera solamente ordenar puestos, cobrar alquileres o esperar diciembre. Plataformas globales como Temu y Shein compiten con una escala, variedad, financiamiento y logística que ningún puestero individual puede enfrentar solo. CAME incluso advirtió este año sobre la asimetría entre locales físicos y productos de origen chino adquiridos en plataformas digitales. Pero una ciudad comercial debía haber visto venir el problema: marketplace propio, digitalización de puestos, catálogo común, logística de última milla, compras agrupadas, capacitación, medios de pago, identidad de marca, depósito y distribución regional. La ciudad mercado necesitaba convertirse también en ciudad plataforma. No ocurrió.
El segundo golpe está en frutas y verduras. Allí el problema no es Temu: es la competitividad. El productor regional debe absorber semillas, fertilizantes, agroquímicos, combustibles, transporte, envases, energía y mano de obra, con buena parte de esos costos vinculados directa o indirectamente al dólar. Paradójicamente, las economías regionales argentinas lograron exportaciones récord entre enero y julio de 2026, por USD 5.757 millones, un 12% más que un año antes. Es decir, existe mercado y existe demanda, pero esa oportunidad no llega automáticamente al productor periqueño. Incluso con beneficios tributarios provinciales —Jujuy estableció alícuota cero de Ingresos Brutos para varias actividades agropecuarias—, la competitividad depende mucho más de escala, logística, frío, financiamiento, tecnología, comercialización y acceso directo a mercados. Si nada de eso se articula, el productor vende caro porque produce caro y el consumidor compra menos porque gana poco. El mercado se estrangula por ambos extremos.
Por eso es insuficiente culpar solamente al comerciante o al consumidor. El puestero no diseñó la política económica nacional, no controla las importaciones, no fija tarifas ni domina las plataformas globales. Pero tampoco puede aceptarse que el municipio observe pasivamente la degradación de su principal ecosistema económico. En una ciudad que se define por producir y comerciar, la ausencia de una política productiva visible y especializada resulta difícil de justificar. Si además la estructura municipal carece de un área con suficiente jerarquía, capacidad técnica y presupuesto para pensar producción, comercio e innovación, el problema deja de ser administrativo: se vuelve estratégico.
Perico necesita reconocer algo incómodo: sus ferias ya no compiten solamente contra otras ferias. Compiten contra Mercado Libre, Temu, Shein, importadores directos, redes sociales, ventas desde domicilios, supermercados, cadenas regionales y nuevos hábitos de consumo. Y el productor hortícola ya no compite únicamente con el productor del lote vecino: compite con otras provincias, otros países, costos logísticos y cadenas comerciales cada vez más sofisticadas. Administrar esta economía con herramientas del siglo pasado es condenarla lentamente a desaparecer.
La solución tampoco consiste en clausurar plataformas ni proteger artificialmente negocios inviables. El camino superador es modernizar la ciudad mercado. Crear una agencia público-privada de desarrollo comercial y productivo; digitalizar todas las ferias; lanzar una plataforma única de ventas de Perico hacia todo Jujuy y el NOA; organizar logística conjunta; profesionalizar compras; reducir costos de intermediación; generar depósitos, cámaras de frío y centros de consolidación; financiar reconversión de puestos; promover marcas propias; integrar productores y comerciantes; medir cierres y aperturas; acompañar al que formaliza; y convertir los datos de ventas en decisiones públicas.
Porque detrás de cada puesto que baja la persiana no desaparece solamente un negocio. Se pierde un ingreso familiar, una relación con proveedores, una compra a un productor, un alquiler, una changa, transporte, consumo y circulación dentro de la ciudad. Cuando cientos de pequeños actores se debilitan al mismo tiempo, se rompe el tejido social que hizo de Perico una ciudad comercial.
La advertencia está delante de todos: la Feria Mayorista pierde puestos, el comercio tradicional pierde volumen, las ventas migran a internet y la agricultura regional pelea contra costos que no puede trasladar completamente. Esperar las fiestas de fin de año ya no es una política económica.
Perico no está frente a una crisis de una feria. Está frente a una crisis de modelo urbano. Y si la dirigencia local no entiende rápido que el verdadero patrimonio de la ciudad no son los galpones sino la red de miles de personas que producen, compran, venden y distribuyen, puede ocurrir algo que hasta hace poco parecía imposible: que la histórica ciudad mercado siga existiendo en el mapa, pero haya perdido el mercado que le dio identidad.
JUJUY IMPORTA CARNE EN UN PAÍS QUE ES POTENCIA MUNDIAL: LA PROVINCIA SIGUE MIRANDO AL LITIO MIENTRAS…
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