Las personas mayores de 50 años concentran una creciente capacidad de consumo en América Latina, pero muchas empresas todavía diseñan sus productos, servicios y experiencias pensando principalmente en públicos más jóvenes. Para Miriam De Paoli, especialista internacional en Silver Economy, el desafío ya no es detectar la oportunidad, sino aprender a diseñar para ella.
Durante años, buena parte de las estrategias comerciales y de marketing estuvieron construidas alrededor de una idea: el consumidor joven representa el futuro. Sin embargo, ese futuro también está envejeciendo.
Las personas mayores de 50 años ya representan entre el 40% y el 50% del consumo privado en los mercados más maduros de América Latina, según Miriam De Paoli, periodista, innovadora social, fundadora de Data8 Latam y consultora experta en Silver Economy para BID Lab.
La tendencia tiene, además, un fuerte respaldo demográfico. Para 2050, una de cada cuatro personas en América Latina tendrá más de 60 años. El resultado es un mercado que no solo será más grande, sino que tendrá características y necesidades diferentes a las que muchas empresas están acostumbradas a atender.
De Paoli abordó este escenario durante una charla magistral en la Expo CAPASU 2026, donde planteó una premisa que trasciende al supermercadismo y alcanza a prácticamente cualquier negocio: la economía plateada no es un mercado del futuro. Ya forma parte del mercado actual.
Para la especialista, uno de los principales errores consiste en considerar a las personas mayores como un nicho. “No es un segmento emergente. Es el segmento dominante”, sostuvo.
A partir de su exposición, estas son cinco claves que cualquier empresa puede tener en cuenta para prepararse para esta transformación.
1. El poder de compra ya está ahí
La economía plateada no es una oportunidad que llegará dentro de 20 años. El segmento 50+ ya tiene un peso significativo en el consumo y presenta características que pueden resultar especialmente relevantes para distintos tipos de negocios: mayor estabilidad de ingresos, menor endeudamiento en promedio y una mayor disposición a pagar por calidad, confianza y una buena experiencia.
Esto implica que la conversación no debería centrarse únicamente en qué productos podrían desarrollarse para las personas mayores, sino en qué tan preparados están hoy los negocios para atender a un consumidor que ya está tomando decisiones de compra.
Desde un supermercado hasta un banco, un restaurante, una empresa de servicios, un hotel o un emprendimiento digital, la pregunta empieza a ser la misma: ¿estamos diseñando nuestra propuesta para las personas que efectivamente tenemos frente a nosotros?
2. La fidelización puede convertirse en una ventaja competitiva
En mercados donde captar nuevos clientes resulta cada vez más costoso, construir relaciones duraderas adquiere un valor estratégico.
De Paoli señala que los consumidores mayores de 50 años tienden a ser más leales a las marcas cuando reciben una buena experiencia. Para las empresas, esto significa que comprender mejor sus necesidades puede tener un impacto que va más allá de una venta puntual.
La oportunidad está en construir confianza, facilitar la experiencia y ofrecer soluciones que respondan realmente a las necesidades de este público.
No se trata simplemente de venderle a una persona mayor, sino de lograr que esa persona quiera volver.
3. No compran solamente para ellos
Otra característica que amplía el impacto de este segmento es su influencia sobre las decisiones de compra del hogar.
En América Latina, donde la familia extendida mantiene un peso importante, una persona de 50 años o más puede comprar para sí misma, pero también para hijos, nietos, padres u otros integrantes de su entorno.
Por eso, comprender sus hábitos y motivaciones puede permitir a las empresas llegar indirectamente a varias generaciones.
La economía plateada, en este sentido, no es solamente una cuestión de edad: también es una cuestión de influencia económica dentro de las familias.
4. Hacer más fácil la experiencia beneficia a todos
Una empresa no necesariamente tiene que crear una línea específica para personas mayores para comenzar a adaptarse a esta realidad.
Muchas veces, el cambio puede estar en algo mucho más sencillo: una señalización más clara, información fácil de encontrar, procesos menos complejos, espacios accesibles, atención personalizada o canales de contacto que realmente funcionen.
La lógica es la del diseño universal: aquello que hace más sencilla la experiencia para una persona mayor también puede beneficiar a una persona con una discapacidad temporal o permanente, a una familia con niños o, simplemente, a cualquier consumidor que busca resolver una necesidad de manera rápida y cómoda.
Por eso, pensar en la economía plateada puede ser también una oportunidad para mejorar la experiencia de todos los clientes.
5. Digitalizar no significa eliminar el acompañamiento
El consumidor de 50+ también está conectado. Utiliza smartphones, compara precios, consulta reseñas y realiza compras online.
Pero que una persona utilice tecnología no significa que quiera que toda su relación con una empresa sea exclusivamente digital.
Una plataforma diseñada bajo la lógica del usuario nativo digital puede convertirse en una barrera si los procesos son demasiado complejos o no existe una alternativa de asistencia.
Para De Paoli, las empresas deben avanzar hacia una digitalización más inclusiva, con procesos intuitivos y opciones de acompañamiento que permitan combinar tecnología con atención humana.
La clave, entonces, no es elegir entre lo digital y lo presencial, sino encontrar la combinación que permita que más personas puedan acceder, entender y utilizar un servicio.
Cambiar la mirada dentro de las empresas
Más allá de los productos o servicios, el desafío que plantea la economía plateada también implica revisar cómo las organizaciones toman decisiones.
Los equipos de marketing, ventas, experiencia del cliente, innovación y estrategia necesitan incorporar la variable demográfica a sus procesos. De lo contrario, existe el riesgo de continuar diseñando productos, servicios, espacios y campañas para un consumidor que ya no representa la totalidad del mercado.
“Sin inteligencia demográfica incorporada en los procesos de toma de decisiones —en los estudios de usuario, en el desarrollo de productos, en la comunicación— las otras transformaciones no tienen sustento real”, advirtió De Paoli.
En otras palabras, la economía plateada no exige necesariamente crear un nuevo negocio. Exige mirar de otra manera el negocio que ya existe.
Para cualquier empresa, grande o pequeña, el punto de partida puede ser tan sencillo como preguntarse quiénes son realmente sus clientes, qué necesitan, qué obstáculos encuentran al relacionarse con la marca y qué podría hacer la organización para ofrecerles una experiencia mejor.
Porque el envejecimiento de la población no es una tendencia que llegará mañana. Ya está transformando el mercado.
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REDACCIóN PARAGUAY
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