
El lobo mexicano es el carnívoro más amenazado de Norteamérica. Hay menos de 300 ejemplares viviendo en libertad entre Arizona, Nuevo México y la Sierra Madre Occidental, y ahora un proceso federal en Estados Unidos abrió un plazo de 90 días que podría retirarle las protecciones que lo rescataron de la extinción. No es la primera vez que este animal está al borde: ya estuvo ahí antes, y lo que pasó entonces explica por qué este momento importa.
Cómo el lobo mexicano volvió de entre los muertos
A finales de los años 70, el lobo mexicano —nombre científico Canis lupus baileyi— había desaparecido prácticamente por completo de su hábitat natural. La caza sistemática, la pérdida de territorio y la persecución por parte de ganaderos lo llevaron a un punto donde solo sobrevivían unos cuantos individuos en cautiverio. Era, para todos los efectos prácticos, una especie funcionalmente extinta en la naturaleza.
El giro llegó en 1998, cuando el gobierno de Estados Unidos reintrodujo los primeros lobos en Arizona y Nuevo México bajo el paraguas de la Endangered Species Act. Fue un experimento con más opositores que aliados: ganaderos, gobiernos estatales y grupos políticos presionaron en su contra desde el primer día. Aun así, la población fue creciendo. Lentamente, pero creciendo. Hoy esos menos de 300 ejemplares representan décadas de trabajo de conservación —y el resultado más visible de que los programas de recuperación de fauna sí pueden funcionar cuando hay voluntad política para sostenerlos. Otras especies que regresaron del borde del colapso
Por qué los 90 días que vienen son distintos a otras amenazas
Lo que se abrió ahora no es una amenaza difusa ni un debate académico. Es un proceso formal: la administración federal de EE.UU. inició una revisión que tiene 90 días de plazo para determinar si el lobo mexicano sigue bajo la protección de la Endangered Species Act o si esa protección se modifica o retira. Si se retira, los mecanismos legales que penalizan su caza, que regulan el manejo de su hábitat y que financian los programas de recuperación dejan de tener respaldo federal.
El problema es que la población todavía no es autosuficiente. Los biólogos que monitorean a la especie han señalado que se necesita una masa crítica mucho mayor antes de que el lobo mexicano pueda sobrevivir sin intervención humana activa. Retirar la protección ahora, con menos de 300 individuos en libertad, no es graduar a una especie recuperada: es soltar el freno en una pendiente. La diferencia entre este momento y crisis anteriores es que antes el riesgo venía de afuera —cazadores, pérdida de hábitat— y ahora viene de adentro del propio sistema que lo protegía.
Organizaciones de conservación en México, Estados Unidos y otros países de América Latina están presentando comentarios formales dentro del proceso de revisión, que es la vía legal para que voces externas influyan en la decisión. El plazo para esos comentarios es parte del mismo reloj de 90 días.
- Qué es la Endangered Species Act y cómo funciona
Medio: ecoosfera.com
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