
Las olas de calor de 2027 ya tienen nombre: El Niño. Y según especialistas de la UNAM, México no está preparado para lo que viene — sequías, incendios forestales, días de mala calidad del aire y temperaturas que van a golpear con más fuerza a quienes menos pueden refugiarse. La propuesta que lanzaron no es ciencia ficción: son refugios climáticos urbanos, espacios frescos con agua potable y atención médica básica, priorizando niños, embarazadas y adultos mayores.
Qué son los refugios climáticos y por qué la UNAM los está pidiendo ahora
Un refugio climático no es un albergue de desastre. Es un espacio permanente — puede ser una biblioteca, un centro comunitario, incluso un mercado techado — habilitado con aire fresco, agua gratis y personal capacitado para detectar golpes de calor. La idea no es nueva en el mundo, pero en México la conversación llegó tarde. Los especialistas de la UNAM que impulsan esta propuesta señalan que el patrón climático conocido como El Niño podría intensificarse hacia 2027, elevando las temperaturas promedio en zonas ya de por sí calientes como el norte del país y la Zona Metropolitana del Valle de México.
El escenario que describen incluye reducción de lluvias y peores índices de calidad del aire — lo que convierte a cualquier ciudad pavimentada y sin árboles en un horno de concreto. Cómo el cambio climático afecta la salud en México Para las poblaciones más vulnerables —niños, mujeres embarazadas, adultos mayores— eso no es una metáfora: es un riesgo real de golpe de calor o muerte.
El problema no es solo el calor: es cómo están hechas nuestras ciudades
Aquí está el punto que la UNAM pone sobre la mesa y que incomoda: el calor extremo no golpea igual a todos. Una colonia con árboles, parques y edificios ventilados absorbe menos calor que una zona densamente pavimentada con poca vegetación y construcciones de lámina o concreto sin aislamiento. Las ciudades mexicanas, en su mayoría, fueron construidas para el auto, no para el cuerpo humano.
Por eso la propuesta no se queda en los refugios. También incluye azoteas verdes, reducción de superficies de asfalto y reforestación urbana — medidas que pueden bajar la temperatura del entorno varios grados centígrados según estudios de urbanismo climático [DATO PENDIENTE: verificar rango exacto con fuente UNAM o equivalente]. No son ideas nuevas, pero sí son ideas que pocas alcaldías mexicanas han aplicado a escala. La lógica es clara: si la ciudad retiene el calor del día durante la noche, no existe refugio que alcance.
La parte que se siente más urgente es la de las personas que no tienen opciones: el adulto mayor que vive solo en Monterrey o en Hermosillo, la mujer embarazada sin acceso a un espacio fresco, el niño que pasa la tarde en una vivienda sin ventilación. Para ellos, un refugio climático bien ubicado puede ser literalmente la diferencia entre una tarde difícil y una emergencia.
Medio: ecoosfera.com
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