
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro inauguraron este domingo la campaña para las elecciones presidenciales de octubre, con actos políticos en sus principales bastiones y dos discursos que marcaron desde el primer día las diferencias sobre el rumbo que debería tomar Brasil. Lula eligió São Bernardo do Campo, en São Paulo, lugar fundamental de su trayectoria sindical y política, mientras Flávio Bolsonaro encabezó un acto en Copacabana, en Río de Janeiro, acompañado por dirigentes y militantes del Partido Liberal. La seguridad pública, la economía, el papel del Estado y la soberanía nacional aparecieron entre los principales ejes de una contienda que promete ser altamente polarizada.
Lula buscó presentar su candidatura como una defensa de los avances sociales y económicos alcanzados durante sus gobiernos y como una alternativa frente al regreso del bolsonarismo al poder. Ante miles de simpatizantes, el mandatario reivindicó sus orígenes en el movimiento sindical y planteó una campaña orientada especialmente hacia los trabajadores, las mujeres y los sectores que dependen de las políticas públicas.
El presidente también colocó la soberanía económica y tecnológica de Brasil entre sus prioridades. En particular, defendió que el país aproveche sus recursos estratégicos, incluidos los minerales considerados fundamentales para las nuevas tecnologías. Su discurso estuvo acompañado por críticas a lo que considera intentos de interferencia extranjera en la política brasileña.
Uno de los principales desafíos para Lula será conectar su discurso con una población que ha cambiado considerablemente desde sus primeras campañas electorales. Una parte importante del mercado laboral está actualmente vinculada a aplicaciones y empleos informales, sectores en los que los sindicatos tradicionales tienen menor influencia. El oficialismo pretende ampliar la protección laboral de esos trabajadores, aunque la propuesta también genera resistencia entre quienes valoran la flexibilidad de ese modelo de empleo.
Flávio Bolsonaro, por su parte, escogió la playa de Copacabana como escenario para iniciar su campaña, en una clara apuesta por movilizar al electorado identificado con el bolsonarismo. Su discurso estuvo concentrado especialmente en la seguridad pública, el combate contra el crimen organizado y las críticas al Gobierno de Lula.
El senador prometió adoptar una política más dura contra las organizaciones criminales y defendió que determinadas facciones sean tratadas como organizaciones terroristas. También criticó la gestión de la seguridad durante el Gobierno de Lula y presentó el combate contra la violencia como uno de los principales argumentos para diferenciarse del actual presidente.
La economía constituye el segundo gran campo de batalla. Flávio Bolsonaro cuestionó el nivel de impuestos, el endeudamiento de las familias y el tamaño del gasto público, mientras busca construir una imagen de candidato asociado a una administración más austera y favorable a la iniciativa privada. Su estrategia intenta mantener la identidad política de su padre, pero al mismo tiempo ampliar su llegada hacia sectores que podrían mostrarse reticentes ante una repetición exacta del estilo de Jair Bolsonaro.
El candidato del Partido Liberal también mantiene una fuerte conexión política con su padre. Jair Bolsonaro continúa siendo una figura central de la campaña de Flávio, aunque se encuentra bajo arresto domiciliario y no puede competir electoralmente. Durante el acto de Copacabana se difundió incluso un mensaje grabado del expresidente, reforzando la continuidad entre ambos proyectos políticos.
La elección tendrá además una dimensión internacional. Las relaciones con Estados Unidos y la creciente tensión entre Brasil y el Gobierno de Donald Trump ya forman parte del debate electoral. Lula acusa a sectores vinculados a Trump de intentar influir en la política brasileña, mientras Flávio mantiene vínculos con dirigentes conservadores estadounidenses y busca presentarse como parte de una corriente internacional de derecha.
La disputa entre los dos candidatos llega en un escenario particularmente competitivo. Encuestas recientes muestran a Lula todavía en ventaja, aunque Flávio Bolsonaro consiguió reducir la diferencia y aparece como un rival con posibilidades reales de disputar un eventual segundo turno. Las cifras varían según el instituto y el escenario planteado, por lo que el resultado final dependerá de la evolución de la campaña y de la capacidad de ambos candidatos para conquistar a los votantes que todavía no tienen una decisión definitiva.
Otros candidatos también comenzaron sus actividades electorales este domingo, pero la atención política se concentró principalmente en Lula y Flávio. La elección adquiere así desde el comienzo una característica de enfrentamiento entre dos proyectos políticos que representan visiones diferentes sobre el papel del Estado, la seguridad, la economía y la posición de Brasil en el mundo.
Para Lula, el desafío será defender su gestión y ampliar su apoyo entre trabajadores informales, jóvenes y sectores que no mantienen una identificación tradicional con el Partido de los Trabajadores. Para Flávio, el objetivo será transformar el capital político heredado de Jair Bolsonaro en una candidatura capaz de atraer a votantes moderados sin perder el respaldo de la base conservadora.
La campaña recién comienza, pero los primeros actos ya establecieron los principales ejes de la disputa: seguridad pública frente a políticas sociales, menor intervención estatal frente a un Estado con mayor capacidad de protección, y soberanía nacional frente a una política exterior más alineada con sectores conservadores internacionales.
Brasil entra así oficialmente en una campaña presidencial que tendrá como protagonistas a dos familias políticas enfrentadas desde hace años. Lula busca un nuevo mandato para consolidar su proyecto de izquierda y centroizquierda, mientras Flávio Bolsonaro intenta convertir el legado político de su padre en una nueva candidatura presidencial de la derecha. La seguridad y la economía serán dos de los principales terrenos de confrontación, pero la elección también estará marcada por la política exterior, la polarización y la disputa por los votantes que permanecen fuera de las bases tradicionales de ambos bloques.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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