Las exportaciones paraguayas alcanzaron US$ 12.133,7 millones entre enero y julio de 2026, un aumento de 25,2% frente al mismo período del año pasado, según los datos del Banco Central del Paraguay (BCP). El fuerte crecimiento está estrechamente vinculado con la recuperación de la producción de soja, que se encamina a una cosecha cercana a 12,5 millones de toneladas y permitió elevar considerablemente los volúmenes enviados al exterior. Sin embargo, detrás del récord exportador aparece una advertencia menos cómoda: el aumento de los ingresos responde principalmente a más toneladas producidas y comercializadas, mientras los precios internacionales continúan lejos de los máximos registrados años atrás.
El resultado confirma que la soja volvió a ocupar un lugar central en la generación de divisas de Paraguay. Después de una campaña agrícola marcada por una recuperación importante de los rendimientos, el mayor volumen disponible permitió acelerar los embarques durante los primeros siete meses del año y mejorar sustancialmente el desempeño del comercio exterior.
Los datos acumulados muestran una diferencia considerable respecto de 2025. Hasta julio del año pasado, las exportaciones paraguayas habían alcanzado US$ 9.690,4 millones, mientras que este año llegaron a US$ 12.133,7 millones. La diferencia supera los US$ 2.443 millones, lo que evidencia la magnitud del salto registrado en apenas un año.
El comportamiento no debe interpretarse, sin embargo, como consecuencia de un boom de precios de la soja. El representante ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), Hugo Pastore, señaló que el principal factor detrás del crecimiento es el volumen producido. La estimación del sector apunta a una producción próxima a 12,5 millones de toneladas considerando la campaña principal y la denominada zafriña.
Ese dato cambia la lectura del récord. Paraguay está generando más dólares principalmente porque está produciendo y exportando más, no porque cada tonelada de soja esté alcanzando precios extraordinariamente elevados en los mercados internacionales.
La diferencia es importante para el productor. Un aumento de producción puede mejorar los ingresos totales del país, pero no necesariamente significa que cada agricultor esté obteniendo una rentabilidad excepcional. Si los costos de semillas, fertilizantes, combustibles, maquinaria, transporte, arrendamiento y financiamiento permanecen elevados, el aumento del volumen puede terminar compensando solamente una parte de esas presiones.
La situación también muestra la creciente dependencia del comercio exterior paraguayo respecto de la campaña agrícola. Cuando la producción de soja mejora, aumenta la disponibilidad de granos para exportación, se incrementa el movimiento en puertos y rutas y entran más dólares al país. Cuando ocurre lo contrario, el impacto puede trasladarse rápidamente al conjunto de la economía.
Durante el primer semestre ya se había observado esta recuperación. Paraguay había exportado 5,89 millones de toneladas de soja en grano hasta junio, frente a 4,11 millones en el mismo período de 2025. El aumento fue de aproximadamente 1,79 millones de toneladas. En valor, los embarques de soja en grano habían generado US$ 2.273 millones hasta junio, unos US$ 767 millones más que un año antes.
Los derivados también acompañaron el movimiento. Las exportaciones de aceite y pellets de soja mostraron incrementos durante el primer semestre, confirmando que la recuperación no se limitó al grano sin procesar.
La industria aceitera paraguaya, además, registró una expansión significativa. Entre enero y junio se procesaron 1,85 millones de toneladas de soja, un crecimiento interanual de 12,4% y el mayor volumen para un primer semestre desde 2018. El dato apunta a una mayor utilización de la materia prima dentro del país antes de su comercialización como producto final o derivado.
Ese proceso de industrialización es estratégico para Paraguay. Exportar grano genera divisas, pero procesar una mayor proporción de la producción dentro del país permite incorporar valor agregado, generar actividad industrial y diversificar las fuentes de ingresos de la cadena agrícola.
Aun así, el grueso del negocio continúa vinculado a la exportación de materias primas y derivados agrícolas. La soja mantiene una posición dominante y, por esa razón, cualquier modificación importante en la producción, el clima o los precios internacionales puede tener consecuencias sobre el resultado comercial paraguayo.
El desempeño de julio también modificó la posición de la balanza comercial. Las importaciones alcanzaron US$ 11.454,6 millones durante los primeros siete meses del año, con un crecimiento interanual de 12,8%. Como las exportaciones crecieron a un ritmo mayor, el comercio exterior cerró julio con un superávit de US$ 679,1 millones.
Se trata de un cambio relevante respecto del año anterior. El ingreso de mayores recursos provenientes de las exportaciones agrícolas está permitiendo que Paraguay mantenga una posición externa más favorable, mientras las importaciones continúan creciendo acompañando la expansión de la actividad económica.
La recuperación también alcanza a otros sectores. Las exportaciones realizadas bajo el régimen de maquila llegaron a US$ 858,7 millones a julio, un aumento de 32,1% respecto del mismo período de 2025. Esto muestra que el crecimiento exportador paraguayo no depende exclusivamente del complejo agrícola, aunque la soja continúa siendo uno de sus principales motores.
El resultado general también debe observarse dentro de una transformación gradual de la estructura exportadora. Paraguay intenta aumentar la participación de manufacturas, alimentos procesados, autopartes y otros productos industriales. La expansión de la maquila es una señal positiva en ese sentido, aunque el sector primario todavía tiene un peso determinante.
La fortaleza de la soja también tiene una dimensión logística. Más producción significa más camiones, más utilización de puertos, más movimiento fluvial y mayor demanda de servicios asociados al comercio exterior. La recuperación agrícola termina beneficiando a una cadena mucho más amplia que la formada exclusivamente por productores y exportadores.
Pero esa misma expansión vuelve a poner bajo presión la infraestructura. Paraguay depende de corredores terrestres y fluviales para llevar su producción hacia los mercados internacionales, principalmente a través de los sistemas logísticos conectados con Argentina y Brasil.
La concentración de los embarques de soja en determinados destinos también constituye un riesgo. Durante el primer semestre, Argentina concentró más del 90% del valor de las exportaciones paraguayas de soja en grano, mientras Brasil ocupó una posición secundaria. La dependencia de un número reducido de rutas y compradores puede convertirse en una vulnerabilidad cuando cambian las condiciones logísticas, comerciales o regulatorias.
La situación internacional tampoco ofrece un escenario completamente favorable. El mercado de la soja continúa condicionado por la competencia entre grandes productores como Brasil, Estados Unidos y Argentina, además de la evolución de la demanda china y las tensiones comerciales internacionales.
China continúa siendo el principal actor mundial en la demanda de soja y cualquier modificación de sus compras puede alterar rápidamente los precios internacionales. Al mismo tiempo, Brasil mantiene una posición extremadamente fuerte como productor y exportador, lo que aumenta la competencia regional.
Paraguay tiene una ventaja evidente: puede producir grandes volúmenes en un territorio relativamente pequeño y cuenta con una importante experiencia agrícola. Pero esa ventaja debe convivir con un escenario donde los precios internacionales no necesariamente acompañan el crecimiento de los rendimientos.
Por eso, la frase que resume el momento actual del campo paraguayo podría ser bastante simple: más toneladas no significan automáticamente más rentabilidad.
El propio sector reconoce esa dificultad. Los costos continúan siendo una de las principales preocupaciones de los productores, especialmente de aquellos que trabajan sobre tierras arrendadas. En esos casos, además de los gastos propios de la producción, deben afrontar el costo del alquiler de la tierra, lo que reduce el margen disponible cuando los precios internacionales son menos favorables.
La eficiencia comienza entonces a adquirir un papel decisivo. Productores con mejores rendimientos, menor costo por tonelada y mayor capacidad de gestión financiera pueden soportar mejor un mercado de precios moderados. Aquellos con costos elevados quedan más expuestos, incluso cuando la producción nacional registra cifras récord.
El clima será otro factor determinante para la próxima campaña. El período de vacío sanitario de la soja se extiende hasta el 31 de agosto, mientras que el inicio oficial de la nueva campaña está previsto para el 4 de septiembre.
Las condiciones meteorológicas de los próximos meses serán observadas con especial atención. El sector agrícola enfrenta la posibilidad de un escenario asociado con El Niño, que podría aumentar las lluvias y generar excesos de humedad en determinadas regiones.
Una mayor disponibilidad de agua puede ser beneficiosa para el desarrollo de los cultivos, pero el exceso también puede complicar la siembra, aumentar la presión de enfermedades y dificultar el ingreso de maquinaria a los campos. En agricultura, una lluvia puede ser una bendición o un problema dependiendo de cuándo y cuánto llueva.
La campaña 2026, por ahora, demuestra que Paraguay tiene capacidad para recuperar rápidamente su producción cuando las condiciones climáticas son favorables. La pregunta que queda abierta es si el país podrá sostener esos niveles durante varios años consecutivos.
La respuesta dependerá de varios factores: clima, tecnología, costos, disponibilidad de insumos, precios internacionales, infraestructura y capacidad de almacenamiento y transporte.
También será necesario observar el comportamiento del tipo de cambio. La fuerte apreciación del guaraní frente al dólar, registrada durante 2026, constituye una ventaja para importadores y consumidores, pero genera presión sobre los exportadores porque reduce el valor de los ingresos externos cuando se convierten a moneda nacional.
Para un productor que vende en dólares pero paga buena parte de sus costos en guaraníes, una moneda paraguaya más fuerte puede reducir el margen incluso cuando el volumen producido aumenta. Esto convierte al tipo de cambio en otro elemento clave de la rentabilidad agrícola.
El escenario actual, por tanto, combina dos realidades aparentemente contradictorias. Paraguay exporta más y genera más divisas, pero los productores enfrentan un entorno donde los precios internacionales, los costos internos y el tipo de cambio pueden limitar la rentabilidad.
El récord de US$ 12.133,7 millones también refuerza la importancia de seguir diversificando la economía. La agricultura puede continuar siendo uno de los grandes motores de Paraguay, pero depender excesivamente de una sola campaña agrícola expone al país a riesgos que no controla.
La expansión de la maquila, la agroindustria, los alimentos procesados, la industria manufacturera y los servicios puede ayudar a construir una estructura exportadora más equilibrada. El desafío no consiste en reemplazar la soja, sino en utilizar la riqueza generada por el sector agrícola para desarrollar nuevas actividades.
La propia industria aceitera ofrece un ejemplo. Si una mayor proporción de la soja se procesa dentro del país, Paraguay puede exportar productos con mayor valor agregado y generar más actividad industrial antes de que la mercancía abandone el territorio nacional.
La próxima frontera podría estar precisamente allí: producir más, procesar más y vender mejor.
El récord de julio demuestra que el campo paraguayo tiene capacidad para generar un enorme flujo de divisas cuando la producción acompaña. Pero también deja una advertencia: una cosecha extraordinaria puede mejorar las cuentas externas de un país sin resolver automáticamente los problemas estructurales de rentabilidad de quienes producen.
Paraguay entra así en la segunda mitad del año con una posición comercial considerablemente más fuerte que la de 2025. La soja volvió a ocupar el centro de la escena y la producción cercana a 12,5 millones de toneladas coloca al país ante una oportunidad importante.
Ahora comienza la parte más difícil: convertir ese volumen extraordinario en rentabilidad sostenible para los productores y en mayor valor agregado para toda la economía paraguaya.
Porque el verdadero desafío no será solamente volver a alcanzar los US$ 12.000 millones de exportaciones. Será conseguir que detrás de cada tonelada de soja exportada exista una cadena productiva cada vez más eficiente, industrializada y capaz de generar riqueza dentro de Paraguay.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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