
La muerte del senador estadounidense Lindsey Graham, ocurrida el 11 de julio de 2026 a los 71 años, volvió a poner bajo los reflectores a una enfermedad que pocas personas conocen, pero que representa una de las emergencias cardiovasculares más peligrosas: la disección aórtica. De acuerdo con el informe preliminar del Médico Forense del Distrito de Columbia, el legislador falleció a consecuencia de este padecimiento asociado a una enfermedad cardiovascular arteriosclerótica. Aunque es una condición poco frecuente, puede evolucionar en muy poco tiempo y poner en riesgo la vida si no se recibe atención médica inmediata.
¿Qué es la disección aórtica y por qué es tan peligrosa?
La disección aórtica ocurre cuando se desgarra la capa interna de la aorta, la arteria más grande del cuerpo y la encargada de llevar sangre desde el corazón hacia todos los órganos. Ese pequeño desgarro permite que la sangre se filtre entre las capas de la pared arterial, separándolas y creando un canal por donde ya no circula de forma normal.

El problema es que esta alteración puede impedir que la sangre llegue correctamente al cerebro, al corazón o a otros órganos vitales. Además, existe el riesgo de que la aorta se rompa por completo, provocando una hemorragia interna masiva. Por esa razón se considera una emergencia médica, ya que cada hora sin tratamiento aumenta considerablemente el riesgo de complicaciones graves o incluso de muerte.
¿Cómo se produce esta enfermedad?
La pared de la aorta está formada por tres capas que normalmente resisten la presión con la que el corazón bombea la sangre. Sin embargo, enfermedades como la hipertensión o la arteriosclerosis pueden debilitarla con el paso de los años. Cuando la presión supera la resistencia de la pared, aparece un desgarro que permite que la sangre se abra camino entre esas capas.

Los especialistas clasifican la enfermedad en dos tipos. La disección tipo A, que afecta la parte de la aorta más cercana al corazón, es la más grave y casi siempre requiere cirugía de emergencia. La tipo B, localizada en la aorta descendente, suele tratarse inicialmente con medicamentos para controlar la presión arterial, aunque algunos pacientes también necesitan procedimientos especializados si aparecen complicaciones.
Los síntomas que nunca deben ignorarse
Uno de los mayores retos de la disección aórtica es que sus síntomas pueden parecerse mucho a los de un infarto. El signo más característico es un dolor intenso y repentino en el pecho o la espalda, que muchas personas describen como una sensación de desgarro o una punzada extremadamente fuerte.

También pueden presentarse dificultad para respirar, sudoración, pérdida del conocimiento, debilidad en alguna parte del cuerpo o diferencias en el pulso entre ambos brazos. En algunos casos, la evolución es tan rápida que la persona puede sufrir un paro cardíaco antes de llegar al hospital. Se estima que cerca del 20% de los pacientes fallece antes de recibir atención médica, lo que refleja la gravedad de este padecimiento.
¿Quiénes tienen mayor riesgo de padecer una disección aórtica?
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo y está presente en la mayoría de los casos diagnosticados. También influyen la arteriosclerosis, el colesterol elevado, el tabaquismo, la edad avanzada y los antecedentes familiares de enfermedades que afectan la aorta.

Existen además algunas enfermedades hereditarias, como los síndromes de Marfan o Ehlers-Danlos, que aumentan la fragilidad de las arterias. En el caso de Lindsey Graham, el informe preliminar señaló que la causa subyacente fue una enfermedad cardiovascular arteriosclerótica, un proceso en el que las arterias se endurecen y pierden elasticidad debido a la acumulación de placas, debilitando progresivamente la pared de la aorta.
Diagnóstico, tratamiento y la importancia de actuar rápido
Cuando existe sospecha de una disección aórtica, los médicos recurren a estudios de imagen como la angiotomografía computarizada (Angio-TC), considerada la prueba más precisa para confirmar el diagnóstico. Mientras tanto, el tratamiento se enfoca en reducir rápidamente la presión arterial y la frecuencia cardíaca para disminuir el esfuerzo que soporta la arteria.
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Si la disección afecta la aorta ascendente, la cirugía suele ser indispensable para reparar el daño y evitar una ruptura. En otros casos puede ser suficiente un tratamiento médico acompañado de vigilancia estrecha. A largo plazo, controlar la presión arterial, mantener niveles saludables de colesterol, evitar el tabaquismo y realizar revisiones médicas periódicas son las mejores herramientas para disminuir el riesgo de que esta enfermedad aparezca.

La muerte de Lindsey Graham volvió a recordar que algunas enfermedades cardiovasculares pueden desarrollarse de manera silenciosa durante años y manifestarse de forma repentina. Aunque la disección aórtica es poco frecuente, conocer sus síntomas y entender cómo se produce permite dimensionar la importancia del cuidado de la salud cardiovascular. Mantener controladas enfermedades como la hipertensión o la arteriosclerosis no solo protege el corazón, sino también la integridad de la arteria más importante del organismo, cuya función resulta indispensable para mantener con vida a todo el cuerpo.
Publicado por: Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/noticias/diseccion-aortica-arteriosclerosis/
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