
- Sinner remontó a Zverev y ganó Wimbledon en cuatro sets
- El italiano suma cinco Grand Slams y conserva el número uno ATP
- Zverev pierde otra final grande pese a ganar el primer set
Jannik Sinner volvió a conquistar Wimbledon. El italiano remontó a Alexander Zverev y ganó la final masculina por 6-7(7), 7-6(2), 6-3 y 6-4, después de tres horas y 48 minutos de un tenis espeso, físico y tenso, más cercano a una partida de ajedrez jugada a martillazos que a una exhibición ligera sobre hierba.
El triunfo entrega a Sinner su segundo Wimbledon consecutivo, su primer Grand Slam de la temporada y el quinto grande de su carrera. Perdió el primer set, sobrevivió a un segundo parcial sin margen para el error y terminó imponiendo esa mezcla suya de velocidad, profundidad y aparente frialdad. Parece que nunca pasa nada por dentro. Luego devuelve una pelota imposible, rompe el saque y se lleva el trofeo.
Zverev volvió a quedarse al otro lado de la fotografía. El alemán, reciente campeón de Roland Garros, jugó durante casi dos horas uno de sus mejores partidos sobre hierba y llegó a dominar por un set. Sin embargo, el desempate de la segunda manga cambió el pulso de la final. Sinner elevó el nivel; Zverev empezó a perder precisión, movilidad y confianza.
La derrota deja al alemán con una victoria en cinco finales de Grand Slam. Duele menos que antes, quizá, porque ya levantó en París el gran título que llevaba media carrera persiguiendo. Pero duele. Se le vio en el rostro durante la entrega de premios: mirada baja, sonrisa administrativa y otra copa secundaria entre las manos. La liturgia del finalista, ese oficio ingrato.
Así fue la final de Wimbledon entre Sinner y Zverev
El partido comenzó sin concesiones. Los dos jugadores protegieron el saque, atacaron las líneas y evitaron intercambios demasiado abiertos. Zverev trataba de gobernar con su primer servicio y la derecha, mientras Sinner buscaba pegar temprano, casi encima del bote, para impedir que el alemán armase sus golpes con comodidad.
Durante las dos primeras mangas no hubo una sola rotura de servicio. El dato explica la tensión de la final: cada pequeño fallo parecía una grieta en una presa. Los puntos importantes se decidieron en los desempates y allí apareció la primera gran diferencia emocional entre ambos.
Primer set: Zverev golpea primero en el desempate
Sinner dispuso de la primera bola de rotura cuando mandaba 4-3, pero Zverev la salvó y conservó el servicio. El alemán estaba agresivo, especialmente con la derecha, un golpe que tantas veces se vuelve tímido bajo presión y que en esta ocasión viajaba pesado, profundo y sin pedir disculpas.
El parcial desembocó en un tie-break muy igualado. Sinner tuvo una oportunidad de set con 7-6, pero Zverev respondió con un saque directo. Después ganó los dos puntos siguientes y cerró el desempate por 9-7. Primer set para el alemán, que había resistido la presión del número uno y empezaba a creer que aquella tarde podía ser distinta.
La manga también puso fin a una racha de 14 sets consecutivos ganados por Sinner frente a Zverev. No era un detalle menor. El alemán llevaba nueve derrotas seguidas contra el italiano y necesitaba una prueba tangible de que podía hacerle daño. La encontró, aunque duró menos de lo que hubiera deseado.
Segundo set: el momento que cambió el partido
El segundo parcial siguió el mismo dibujo. Sinner sacaba con seguridad, Zverev respondía con potencia y ninguno encontraba espacio al resto. No hubo bolas de rotura. Tampoco demasiadas oportunidades de respirar: cada juego avanzaba sobre una cuerda tensa, con la Central expectante y el sol endureciendo la hierba.
La final volvió al desempate, pero esta vez Sinner entró como un vendaval contenido. Ganó los cuatro primeros puntos, adelantó la posición sobre el resto y empezó a leer mejor el saque del alemán. Zverev, impecable hasta entonces, perdió profundidad y dejó un par de derechas cortas. En este nivel, medio metro es una invitación con membrete.
Sinner ganó el tie-break por 7-2 e igualó el encuentro. Fue el auténtico giro de la final. Zverev había jugado cerca de su techo durante dos sets y solo estaba empatado; el italiano, en cambio, empezaba a soltar el brazo, a tomar la pelota antes y a mandar desde el centro de la pista.
No hubo celebración desatada. Apenas un gesto, un puño corto y vuelta al banco. Esa austeridad casi burocrática de Sinner puede parecer fría, pero contiene una amenaza: nunca da la impresión de haber gastado más emoción de la necesaria.
Tercer y cuarto set: dos roturas y una remontada sin ruido
El tercer set permaneció equilibrado hasta el 3-3. Zverev dispuso entonces de una bola de break, la primera oportunidad seria para quebrar el servicio de Sinner. El italiano la salvó y conservó el saque. En el intercambio decisivo, el alemán resbaló y cayó sobre la hierba, llevándose la mano a la rodilla derecha.
Sinner cruzó la red para ayudarle a levantarse. Zverev siguió jugando, aunque su movilidad ya no parecía igual y el punto de impacto del servicio comenzó a bajar. El alemán también tuvo que gestionar sus niveles de glucosa durante el encuentro debido a la diabetes que padece, una circunstancia habitual en su carrera y que no debe convertirse, sin más, en explicación automática de la derrota.
Con 4-3, Sinner atacó el saque rival. Zverev llegó a colocarse 40-15, pero encadenó errores y cedió la primera rotura del partido. El italiano sirvió después en blanco y cerró el tercer set por 6-3. Una secuencia mínima, casi clínica: ocasión salvada, presión al resto, break y manga.
Zverev intentó recomponerse en el cuarto parcial. Volvió a buscar puntos cortos, lanzó primeros servicios por encima de los 220 kilómetros por hora y mantuvo sus tres primeros turnos de saque. Sinner, mientras tanto, esperaba. Sin prisa. Como quien oye crujir una puerta y sabe que terminará abriéndose.
La rendija apareció con 3-3. El número uno profundizó los restos, obligó al alemán a golpear una pelota más y consiguió la segunda rotura de la final. Después confirmó su ventaja con autoridad. Zverev conservó el siguiente saque, pero ya estaba obligado a romper para seguir vivo.
Sinner sirvió para el campeonato con 5-4 y no permitió una última rebelión. Dominó con el primer saque, tomó el centro de la pista y cerró el encuentro por 6-4. Levantó los brazos, miró hacia su equipo y dejó escapar una sonrisa breve. El trofeo, por segunda temporada seguida, volvía a ser suyo.
Cuánto dinero gana Sinner y cómo queda el ranking ATP
Sinner recibe 3,6 millones de libras como campeón de Wimbledon. Zverev, finalista, cobra 1,8 millones. La diferencia económica entre ganar y perder el último partido es exactamente la mitad del premio, una forma bastante británica de recordar que en el tenis hay honores para dos, pero cuenta bancaria de campeón para uno.
El título concede 2.000 puntos ATP, mientras que el finalista obtiene 1.300. Sinner defendía los puntos logrados con su victoria de la temporada anterior, por lo que mantendrá un total de 13.450 puntos y continuará con una ventaja holgada al frente de la clasificación mundial.
Zverev subirá al número dos del ranking ATP con 8.480 puntos, por delante de Carlos Alcaraz. La distancia respecto a Sinner quedará en 4.970 puntos. Es una brecha grande, aunque no definitiva: el alemán afronta la segunda mitad de la temporada con menos puntos que defender en algunos torneos importantes.
Sinner comenzará además su semana número 80 como líder mundial, igualando la marca de Lleyton Hewitt en el décimo puesto histórico de permanencia acumulada en el número uno. No es un registro tan vistoso como la copa dorada de Wimbledon, pero explica mejor la dimensión de su dominio: ganar una tarde es brillante; sostenerse arriba durante meses, otra cosa.
El palmarés de Sinner tras ganar Wimbledon
A sus 24 años, Sinner suma cinco títulos de Grand Slam: Abierto de Australia de 2024, US Open de 2024, Abierto de Australia de 2025 y Wimbledon de 2025 y 2026. Roland Garros continúa siendo la única pieza que falta en su colección de grandes.
El italiano presenta ahora un balance de cinco victorias y dos derrotas en finales de Grand Slam. Sus cinco títulos llegaron frente a Daniil Medvedev, Taylor Fritz, Alexander Zverev y Carlos Alcaraz, además de esta nueva victoria contra el alemán. Las dos derrotas se produjeron ante Alcaraz durante la temporada anterior.
Wimbledon es también el título individual número 30 de su trayectoria profesional. Sinner se convierte en el primer tenista italiano que conquista dos veces el cuadro individual del torneo londinense y, naturalmente, en el primero de su país capaz de defender la corona sobre la hierba del All England Club.
Su dominio sobre Zverev alcanza ya las 10 victorias consecutivas. El cara a cara queda 11-4 a favor del italiano, que no pierde contra el alemán desde el US Open de 2023. La rivalidad existe, desde luego, pero últimamente se parece demasiado a una calle de sentido único.
Sinner manda y Zverev vuelve a mirar la copa de lejos
Zverev no jugó una mala final. Todo lo contrario. Ganó el primer set, sostuvo el ritmo durante dos horas y mostró un tenis más valiente que en muchas de sus anteriores citas decisivas. Atacó con la derecha, protegió el segundo servicio y no se escondió detrás de la línea de fondo. Durante un buen tramo, fue incluso el mejor jugador de la pista.
El problema fue mantenerlo. Cuando la final exigió un escalón adicional, Sinner todavía tenía uno guardado. Zverev comenzó a perder apoyo, limpieza y serenidad. No hubo un derrumbe espectacular ni una sucesión de dobles faltas digna de sus viejos fantasmas. Apenas unos errores, dos juegos al resto cedidos y un rival que castiga cualquier vacilación.
El alemán deja Londres con un balance de un título y cuatro derrotas en finales de Grand Slam. Perdió el US Open de 2020, Roland Garros de 2024, el Abierto de Australia de 2025 y Wimbledon de 2026; ganó Roland Garros unas semanas antes de esta final. Haber roto por fin el maleficio de los grandes no evitó otra tarde amarga, pero sí cambia el significado de la derrota: ya no es el aspirante condenado, sino un campeón que no pudo repetir.
Sinner, en cambio, sale de la Central con su quinto grande, su segundo Wimbledon y el número uno bien sujeto. No necesitó ofrecer el partido más brillante de su carrera. Le bastó con resistir la mejor versión de Zverev, ganar los puntos que pesan y administrar la tensión como administra casi todo: sin aspavientos, sin ruido y con una precisión que empieza a resultar bastante poco democrática.
Publicado por: Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/resumen-de-la-final-de-wimbledon-2026/
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