
Hace casi veinte años, Nancy Guthrie estaba sentada en la cubierta de un crucero, leyendo el libro de Collin Hansen Young, Restless, Reformed [Jóvenes, inquietos, reformados]. En él se describía el creciente interés por la teología reformada que estaba surgiendo en lugares como el seminario Southern Baptist Theological Seminary, las conferencias «Together for the Gospel» [Juntos por el evangelio] y la iglesia Bethlehem Baptist Church.
Nancy estaba fascinada. No era ajena a los cristianos influyentes: estaba casada con un vicepresidente de la destacada Word Music y había dedicado toda su carrera a las relaciones públicas de editoriales cristianas y autores evangélicos de renombre, como Kay Arthur y Anne Graham Lotz. Desde su perspectiva, había empezado a ver el mismo movimiento que Collin.
«Le escribí una carta a Collin», dijo Nancy. «Le conté muchas cosas sobre el libro, lo interesante que era. Pero tenía una pregunta para él: ¿Dónde están las mujeres?».
En 2008, la mayoría de los ministerios evangélicos para mujeres estaban dominados por personalidades famosas, historias divertidas y afirmaciones emocionales. Había poca exposición bíblica. La primera conferencia de mujeres de The Gospel Coalition aún tardaría cuatro años en celebrarse. El primer libro de Jen Wilkin, Mujer de la Palabra, no saldría hasta 2014. Jackie Hill Perry todavía no había llegado a Cristo.
Aun así, Nancy no estaba segura de si debía enviarle la carta a Collin. No lo conocía y no quería parecer descarada o insistente. Decidió no hacerlo.
«Apenas estaba empezando a familiarizarme con el mundo reformado», explicó.
Nancy se había criado en la Iglesia Bautista del Sur. Le interesaba la teología y servía junto a su esposo en su iglesia local. Pero mientras hacía malabarismos para quedarse en casa con su hijo pequeño y manejar su propio negocio, le costaba leer la Biblia y sentirse cerca de Dios. Desesperada, se inscribió en Bible Study Fellowship (BSF).
«Estar en la Palabra con regularidad cambió mi vida», dijo.
En 1998, Nancy dio a luz a una hija a la que pronto le diagnosticaron el síndrome de Zellweger. La pequeña Hope, y luego su hermano Gabe, morirían antes de su primer cumpleaños.
Su pérdida fue devastadora y llevó a Nancy a profundizar en el estudio de las Escrituras y en la teología de la soberanía de Dios en el sufrimiento, que encontró en los escritos reformados. Para cuando leyó Young, Restless, Reformed, ya había vivido su propio renacimiento reformado.
«Quería encontrar a mis hermanas», dijo. «Si había mujeres que enseñaban y hablaban en esta línea, quería conocerlas».
Poco después, Nancy entró en contacto con Kathleen Nielson, quien se convertiría en la primera directora de iniciativas para mujeres de TGC. Cuando se incluyeron cuatro mujeres como maestras en los talleres de la conferencia de TGC de 2011, Nancy fue una de ellas.
«Me emocionó mucho tener el privilegio de ser parte de eso», dijo. «Realmente sentí que había encontrado a mi gente».
Así era. En los siguientes quince años, su grupo de personas se multiplicaría. Mujeres de todo el mundo —muchas de ellas enseñadas, animadas o guiadas por Nancy— comenzaron a profundizar en la Biblia no solo con el corazón, sino también con la mente.
Seriamente bautista del sur
Nancy Guthrie nació en 1962, en un país donde casi todo el mundo se declaraba cristiano (el 93 %), casi tres cuartas partes eran miembros de una congregación (el 73 %) y casi la mitad había asistido a servicios de adoración en la última semana (el 46 %).

«Diría que venía de una familia bautista del sur, pero eso no lo describe del todo», dijo. «Éramos bautistas del sur en serio […]. Éramos una familia que iba a la iglesia los domingos por la mañana, los domingos por la noche, los miércoles por la noche y, a veces, los sábados para limpiar la iglesia. Siempre estábamos allí».
A Nancy no le importaba. En séptimo grado, mientras trabajaba en el campamento de verano de la filial de Kansas City de Youth for Christ (Juventud para Cristo, KCYFC por sus siglas en inglés), se comprometió a vivir para Cristo. Al año siguiente, ya compartía su testimonio con los clubes locales de KCYFC. Los fines de semana cantaba en los encuentros de KCYFC y en la televisión los domingos por la mañana.
«Youth for Christ se convirtió en mi hogar», dijo. Nancy se encontraba en los inicios de una nueva categoría de ministerio: el ministerio juvenil. Durante los años siguientes, la atención que las organizaciones paraeclesiásticas prestaban a los adolescentes sería adoptada por las iglesias, que contrataron a pastores juveniles y formaron grupos de jóvenes.
Al mismo tiempo, se estaba desarrollando otra categoría de ministerio.
Ministerio de mujeres
Antes de la década de 1970, si un grupo de mujeres se reunía en la iglesia, probablemente era para hablar de cómo recaudar fondos para los misioneros, atender a los necesitados de la comunidad o conseguir fondos para un nuevo órgano.
Pero a principios de la década de 1980, las mujeres pedían algo más. Los primeros estudios bíblicos para mujeres de renombre, iniciados por la BSF de Audrey Wetherell Johnson en la década de 1960 y los Ministerios Precepto de Kay Arthur en la década de 1970, eran ambos inductivos. Las mujeres trabajaban un libro de las Escrituras a la vez, preguntándose: ¿Qué dice el texto? ¿Qué significa? ¿Cómo puedo aplicarlo a mi vida?
Este creciente interés intelectual por la Biblia coincidió con un número cada vez mayor de mujeres que se matriculaban en la universidad, obtenían títulos y se incorporaban al mercado laboral de oficinas en una economía cada vez más basada en el conocimiento.

Esto coincidió además con un auge de los medios de comunicación y la edición cristianos. A raíz del Jesus Movement (Movimiento de Jesús), las librerías cristianas surgían por todo el país. La revista Christianity Today [Cristianismo hoy] se afanaba en ampliar su oferta de publicaciones mensuales: diez en dieciocho años. Editoriales como Word, Thomas Nelson, Tyndale, Zondervan y, más tarde, Crossway registraron unas ventas masivas, sobre todo en traducciones de la Biblia. Además, Word Records y Word Music producían a un ritmo frenético álbumes de música cristiana contemporánea, libros y música sacra.
Era una época emocionante para ser evangélico en Estados Unidos, especialmente si eras joven, mujer y te encantaba la música cristiana y la edición de libros.
Nancy era las tres cosas, además de extrovertida, llena de energía y rápida en levantar la mano. Durante sus años en la Universidad John Brown, fue coordinadora de actividades estudiantiles (lo que incluía organizar conciertos en el campus con los grandes artistas cristianos de la época), dirigió un programa de radio en la emisora del campus y cantó con un grupo itinerante de la universidad.
Justo después de la universidad, consiguió un trabajo que sentía que estaba hecho para ella: como publicista de la división editorial de Word.
Word
«En aquella época, Word tenía la mayoría de los diez primeros libros de la lista de los más vendidos: Billy Graham, Charles Swindoll, James Dobson y, más tarde, Max Lucado», dijo. «Inmediatamente me puse a leer esos libros y a trabajar con esos autores […]. En algunos casos, fue emocionante. En otros, fue enormemente decepcionante».
Allí, en el epicentro de un evangelicalismo en auge, había pruebas de la verdadera fe: generosidad, gozo y amabilidad. Pero también había pecado: codicia, orgullo, falta de integridad. Poco después de que Nancy empezara a trabajar, uno de los directivos de la compañía comenzó una relación con una de las autoras.
«Fue toda una lección para mí», dijo Nancy.

Después de un año en Word, «contrataron a un tipo llamado David Guthrie para que se encargara del marketing de la sección de partituras de la empresa», contó Nancy. «Su oficina estaba al final del pasillo, justo al lado de la mía».
David tenía una barba tupida y parecía serio, pero en el fondo tenía un sentido del humor muy sarcástico. Nancy seguía buscando excusas para pasar por delante de su oficina. Un año después, se casaron, y tres años más tarde, ella estaba embarazada.
Cuando Matt nació en 1990, Nancy quería quedarse en casa con él, así que dejó su trabajo de oficina en Word. Pero también quería trabajar, así que compró un fax y un computador Macintosh Classic y puso en marcha su propio negocio de relaciones públicas. Su cliente más importante era la Christian Booksellers Association (Asociación de Libreros Cristianos, CBA por sus siglas en inglés), la asociación comercial de las librerías cristianas.
Cuando se fundó la CBA en 1950, contaba con unas 300 tiendas minoristas evangélicas a las que dar apoyo. A mediados de la década de 1990, ya eran 7000. El negocio minorista cristiano, valorado en tres mil millones de dólares, vendía miles, a veces millones, de ejemplares de Tal como soy de Billy Graham, la serie Dejados atrás y los videos de VeggieTales.
Esto mantenía a Nancy en una carrera constante para ofrecer oportunidades urgentes a los autores y citas a las publicaciones.
Para cuando ella y David —entonces vicepresidente de Word Music— se mudaron a Nashville en 1993, ella estaba agotada, estresada físicamente y hambrienta espiritualmente.
«En ese momento, estaba tan inmersa en el mundo cristiano y en la teología, pero también me sentía como una gran hipócrita», dijo Nancy. «En realidad no estaba hablando con Dios, y no estaba realmente leyendo Su Palabra para escucharle».
En la Palabra
Aun así, cuando Sue Johnson, una amiga de Nancy, la invitó a la clase de BSF que impartía en Nashville en 1994, Nancy se mostró escéptica.
«La quería mucho, pero no veía que tuviera una gran personalidad para la enseñanza, como el tipo de mujeres evangélicas con las que trabajaba», dijo Nancy.
Era un estándar muy alto. A medida que se ampliaban las oportunidades económicas en el sector minorista cristiano, también creció el número de devocionales, libros y conferencias para mujeres. Mientras que algunas se centraban en enseñar las Escrituras (piensa en Beth Moore o Anne Graham Lotz), las figuras femeninas más destacadas eran las que hablaban en las conferencias de Women of Faith (Mujeres de Fe), autoras carismáticas como Joyce Meyer, y aquellas que escribían ficción (piensa en Francine Rivers o Janette Oke) o producían música (piensa en Amy Grant, Rebecca St. James o CeCe Winans).
«La mayoría de las publicaciones escritas por y para mujeres trataban temas de actualidad, no estaban orientadas al estudio de la Biblia», dijo Nancy. «Eran devocionales o inspiradoras, pero no teológicas».
BSF era diferente. Todavía recuerda su primera sesión.
«Sue estaba enseñando sobre la mujer con flujo de sangre, y dijo que la vida está en la sangre», recuerda Nancy. «Para esta mujer, la vida se le estaba escapando literalmente. Lo que necesitaba era un milagro para volver a la vida en Dios».

«¿Hay alguien aquí que piense que necesita un milagro para volver a sentir que está viva?», preguntó Sue a las mujeres.
Nancy sabía que la pregunta era retórica.
«No se suponía que debías levantar la mano, pero, en cierto sentido, yo quería hacerlo», dijo. «Sabía que esa era yo. Sentía que necesitaba un milagro para superar ese silencio sepulcral con Dios, una montaña de pecados no confesados y apatía».
Nancy se unió a BSF.
«Estaba sentada en la primera fila, asimilándolo semana tras semana, simplemente observando a Sue», dijo. «No había nada llamativo en su enseñanza. Era profunda y estaba bien estructurada, pero no se centraba en su gran personalidad. Mientras estaba allí sentada, me di cuenta del impacto que estaba teniendo en mí y en todas esas mujeres a mi alrededor. Empecé a pensar: “¡Guau! Lo más significativo que puedo hacer con mi vida sería enseñar la Biblia”».
Nancy también escuchaba la Palabra que se predicaba en la iglesia. Ella y David habían entrado por casualidad en la iglesia Christ Presbyterian Church porque conocían al director del coro. Al principio, se resistían a las ideas sobre la predestinación, la expiación limitada o el bautismo infantil, pero les gustaba la música y la predicación.
Así que se quedaron.
Perdiendo la esperanza
Nancy y David estaban encantados cuando ella volvió a quedarse embarazada, y aún más al saber que sería una niña. El 23 de noviembre de 1998, Nancy dio a luz a Hope Lauren Guthrie.
Pero enseguida se dieron cuenta de que tenía los pies zambos y parecía letárgica.

«El segundo día de vida [de Hope], un genetista vino a nuestra habitación y nos dijo que sospechaba que padecía el síndrome de Zellweger», contó Nancy. Eso significaba que le faltaba una enzima fundamental en todas y cada una de sus células.
Al poco tiempo, se confirmó el diagnóstico.
«Ya se había producido un daño considerable en todos sus órganos principales: hígado, riñones y cerebro», explicó Nancy. No había tratamiento. La esperanza de vida de Hope era de seis meses.
Los Guthrie estaban aturdidos por la conmoción. Pasaron cinco días antes de que Nancy pudiera mirar la información médica que el médico les había fotocopiado de un libro de texto. Ella y David se preguntaban cómo sería la vida y la muerte de Hope, y quiénes serían ellos al otro lado de todo esto.
Durante 199 días, alimentaron a Hope, la bañaron, le cantaron y oraron por ella. La llevaron a la iglesia y la bautizaron.
Entonces, una noche, cuando David se levantó para cambiarle el pañal, Hope estaba fría.
«Entregar su cuerpo al funerario fue una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida», dijo Nancy.
Después del funeral, la gente empezó a preguntarle a Nancy si iba a escribir un libro. En ese momento, no le interesaba. Los Guthrie se enfrentaban a una pregunta más importante: ¿tendrían más hijos?
La pérdida de Gabe
Tanto David como Nancy son portadores del gen recesivo de la enfermedad de Zellweger, lo que significa que cualquier hijo tendría un 25 % de probabilidades de padecer este trastorno mortal.
«En cierto modo, si fuéramos solo David y yo, podríamos correr ese riesgo», dijo. «Los dos amamos y disfrutamos a Hope. Pero no se trataba solo de nosotros. Nuestro hijo vivió en un hogar esperando a que su hermanita muriera durante seis meses, y luego en un hogar con una madre realmente triste, lo que no debió de ser muy divertido».
Decidieron tomar medidas quirúrgicas para evitar otro embarazo. Así que apenas podían creerlo cuando, un año y medio después de la muerte de Hope, Nancy se quedó embarazada.
«Nos quedamos en shock y teníamos miedo», dijo ella. Tuvieron que esperar ocho semanas para hacerse las pruebas prenatales y luego otras tres semanas para conocer los resultados.
«Estaba de unas quince semanas de embarazo cuando el genetista nos dijo que íbamos a tener un hijo y que él también tendría el síndrome de Zellweger», dijo Nancy. «Nos preguntó si queríamos concertar una cita para hablar sobre la posibilidad de continuar con el embarazo».
No fue el último en hacerles esa pregunta. Su situación era tan terrible que, cuando David y Nancy se lo contaron a su comunidad de la iglesia, se escuchó un grito ahogado de sorpresa y dolor. Los periódicos publicaron artículos. La revista Time publicó un reportaje en el que comparaba a los Guthrie con Job. Incluso algunos amigos cristianos dijeron que no culparían a Nancy si decidía abortar.

David y Nancy ni siquiera lo consideraron, en gran parte porque, para entonces, su teología sobre la soberanía de Dios ya estaba bien consolidada.
«Estaba pensando en José, en Génesis 45», dijo Nancy. «Recuerdo que miré a David y le repetí las palabras que José les dijo a sus hermanos: “no fueron ustedes los que me enviaron aquí, sino Dios”. Eso lo cambió todo».
Nancy siguió dando forma a sus pensamientos en lo que se convertiría en su primer libro.
Aferrándose a la esperanza es un libro de transición. Se sitúa entre las dos partes principales de la vida de Nancy, siendo la muerte de sus hijos la que marcó una línea divisoria clara entre el antes y el después. También se ubica en el momento decisivo que cambió su teología: hay un énfasis reformado en la soberanía de Dios, pero también una afirmación evangélica general de las decisiones humanas y una tendencia a ver a Job como un ejemplo, más que por lo que revela acerca de Cristo.
Ella no era la única que estaba refinando su visión de Dios. Una corriente teológica en el río evangélico comenzaba a cobrar fuerza y a ganar impulso.
La reforma
Inmediatamente después de que saliera Aferrándose a la esperanza, se le pidió a Nancy que escribiera una serie de devocionales para el año siguiente. Ella escribió al estilo de la época: un versículo en la parte superior de la página, una breve historia interesante y una o dos preguntas al final. Si uno quería, había un pasaje opcional para leer en la Biblia.
El libro no es claramente reformado. Pero para dar sentido a su propio dolor, Nancy siguió inclinándose en esa dirección.
«Los escritores, predicadores y maestros reformados eran los que tenían respuestas bíblicas para el sufrimiento», dijo. «Y la doctrina de la soberanía de Dios».
Alguien le regaló una cinta de cassette con un sermón de John Piper: «Ser madre es un llamado al sufrimiento» (en inglés). A partir de ahí, comenzó a leer el sitio web de Desiring God.

«Entonces me compré un iPod para poder escuchar el pódcast White Horse Inn (La posada del caballo blanco)», contó. «Ahí hablaban de lo que la gente creía sobre tal o cual tema, y yo pensaba: “¡Eso es lo que yo pensaba! ¿Cuál es el problema con eso?”».
Ella rebobinaba y volvía a escuchar, tratando de entender las diferencias y de afinar su comprensión. También escuchaba al nuevo pastor de su iglesia, que predicaba a través de la Biblia haciendo hincapié en la historia de la redención.
Al mismo tiempo, le daba miedo convertirse en la mujer del circuito de oradores evangélicos que contaba la historia de su pérdida una y otra vez.
«Probablemente por la influencia de BSF, sabía que lo que quería presentar eran las Escrituras, no solo mi historia personal», dijo.
Intentó combinarlas, utilizando su propia historia para enseñar el libro de Job. A veces se topaba con resistencia: «Se daba por sentado que las mujeres estarían más interesadas en la historia que en algo de las Escrituras», dijo.
Nancy siguió hablando, escribiendo y aprendiendo. Escuchó grabaciones de Tim Keller en las que hablaba sobre el «verdadero y mejor Abel», otras en las que Bryan Chapell explicaba cómo se podía ver a Cristo no solo en las profecías del Antiguo Testamento, sino también en patrones, acontecimientos, símbolos y personas.
«Mi mente estaba a punto de estallar», dijo. «Sentí que necesitaba volver al jardín de niños para poder entender la Biblia». Comenzó a leer a Ed Clowney, Sinclair Ferguson y Geerhardus Vos.
En 2007, publicó Hoping for Something Better: Refusing to Settle for Life as Usual [Esperando algo mejor: Negándome a conformarme con la vida de siempre]. Era un estudio de Hebreos, pero «cuando empecé a escribir, no sabía qué eran los tipos bíblicos», dijo Nancy. Además, aún tenía «instintos profundamente arraigados sobre cómo entender la Biblia y comunicarla, moldeados por todos los materiales en los que había trabajado anteriormente y por las personas a las que había estado escuchando».
Recibió algunas críticas de los comentaristas reformados.
«Este fue realmente el punto de inflexión para mí a la hora de no solo entender, sino también comunicar la Biblia con una teología reformada sólida», dijo. «Estaba en una curva de aprendizaje muy pronunciada».
Para seguir aprendiendo de forma autodidacta, comenzó a editar recopilaciones de escritores reformados: John Piper, Tim Keller y Don Carson; Calvino, Lutero y Edwards; John Owen y J. I. Packer. En 2009, comenzó a asistir a clases en el seminario y se graduó con un máster en estudios teológicos por el Reformed Theological Seminary en 2024.
Como se movía en el mundo del ministerio de mujeres, también empezó a buscar en internet qué se hacía en los estudios bíblicos para mujeres.
La reforma para las mujeres
«Los estudios bíblicos para mujeres solían centrarse en leer el texto y luego intentar averiguar inmediatamente cómo se aplicaba para ti», señaló. Pero Nancy leía y escuchaba un tipo diferente de enseñanza.
«Recuerdo haber leído en Lucas 24 que, en el camino a Emaús, “Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras”», comentó. «Si todo el Antiguo Testamento trata profundamente sobre Cristo, yo quería entenderlo así, y quería ayudar a otras mujeres a entenderlo así».

Nancy se lanzó a la aventura y escribió una serie de cinco libros sobre cómo encontrar a Jesús en el Antiguo Testamento.
El formato es completamente diferente al de sus obras anteriores: se trata de un estudio bíblico en lugar de un devocional. Se espera que los lectores abran las Escrituras, respondan a las preguntas y compartan con otros creyentes. La proporción entre el relato personal y la enseñanza bíblica se invierte. Aunque está escrito a un nivel accesible para los laicos, una verdad teológica más profunda está presente en todo el texto.
Desde la primera vez que Nancy dirigió este estudio en su propia iglesia, empezó a recibir comentarios de las mujeres.
«Entró una mujer mayor, querida y piadosa, que conocía bien la Biblia y había estado en las Escrituras toda su vida», dijo Nancy. «Me preguntó, entre lágrimas: “¿Cómo es que nunca antes había visto estas cosas?”».
Otra mujer le preguntó si Nancy estaba proponiendo una forma nueva y diferente de leer las Escrituras.
«No», le respondió Nancy. «En realidad, lo que estoy haciendo es llevarnos de vuelta a la forma en que se leía la Biblia antes de la educación cristiana moderna, pragmática y dirigida por laicos en la iglesia».
Durante los siguientes cinco años, cuando Nancy publicó cuatro estudios más, escuchó versiones de esas respuestas una y otra vez.
¿Dónde están las mujeres?
En un inicio, los líderes del movimiento «Jóvenes, inquietos y reformados» eran en su mayoría —de hecho, casi en su totalidad— hombres. Quizás en parte debido al énfasis en el complementarianismo, eran los hombres quienes participaban en las primeras conferencias de gran repercusión (por ejemplo, Together for the Gospel), escribían blogs (p. ej., Justin Taylor o Tim Challies) y ejercían el liderazgo (por ejemplo, Mark Dever o Tim Keller).
Pero las mujeres no se quedaron atrás.
En 2012, TGC celebró su primera conferencia para mujeres en Orlando, Florida. Más de 3500 mujeres acudieron para escuchar a ponentes como Paige Benton Brown, Nancy Leigh DeMoss y Kathleen Nielson exponer las Escrituras sobre el carácter de Dios.
«Muy pocas conferencias de mujeres, si es que hay alguna, habrían dicho sistemáticamente: “Abramos juntos la Palabra de Dios en estas sesiones plenarias, y los ponentes van a trabajar un texto haciendo una exposición bíblica”», dijo Nancy, quien dirigió uno de los talleres. «Simplemente no formaba parte del panorama de muchos eventos para mujeres. Eso fue algo enorme».

Una de las asistentes fue Jen Wilkin.
«No había forma de que me perdiera esto», escribió en su blog después. Recordó haber llorado solo con ver el anuncio de la conferencia:
¿Sabes por qué lloré frente a mi computadora el verano pasado? Lloré porque quiero poner fin a la crisis de analfabetismo bíblico en la iglesia. Lloré porque estoy decidida a rescatar a una generación de mujeres jóvenes de una fe basada únicamente en las arenas movedizas del sentimentalismo. Lloré de puro alivio al darme cuenta de que no estaba sola en mi esperanza de que las cosas pueden cambiar.
Durante demasiado tiempo, las mujeres creyentes han sido receptoras voluntarias de una enseñanza específica de género que menosprecia su intelecto y consiente sus emociones. Durante demasiado tiempo, las iglesias han descuidado elevar los estándares, conformándose con un modelo de ministerio que se contenta con conectar a las mujeres en relaciones, sin desafiarlas a una comprensión más profunda de la Palabra. Durante cuarenta y ocho horas este fin de semana pude escuchar voces influyentes que clamaban por un estándar diferente. Durante cuarenta y ocho horas pude albergar la posibilidad muy real de que la marea pudiera cambiar.
Durante los últimos veinte años, Jen y Nancy han sido testigos —y han desempeñado un papel fundamental— de un cambio de rumbo. En 2016, Nancy lanzó un pódcast de 140 episodios para TGC llamado Help Me Teach the Bible [Ayúdame a enseñar la Biblia], donde habló con teólogos de todo el mundo sobre la enseñanza de los sesenta y seis libros de la Biblia. Ella siguió escribiendo libros: sobre la oración, sobre el Apocalipsis y sobre temas de las Escrituras. Comenzó a ofrecer talleres de teología bíblica para mujeres y a dar conferencias a nivel internacional, enseñando a mujeres en docenas de países, desde Italia hasta Brasil y los Emiratos Árabes Unidos.
El fruto ha sido inmenso. Hace algunas semanas, más de 8500 mujeres asistieron a la conferencia de TGC en Indianápolis, donde Nancy, Jen y otras impartieron clases expositivas a partir de los Salmos. Hoy en día, en lugar de tener que buscar por todas partes para encontrar maestras de la Biblia centradas en el evangelio y con conocimientos bíblicos, los organizadores de la conferencia tienen que reducir la lista a unas cincuenta para dirigir talleres y sesiones de trabajo.
Esto se debe a que el número de mujeres capaces de presentar mensajes expositivos centrados en Cristo —desde Nancy hasta Courtney Doctor y Ruth Chou Simons— se ha ampliado significativamente. Y cada vez que publican un pódcast, escriben un estudio bíblico o hablan de cómo el evangelio afecta a toda la vida, están ampliando el círculo de mujeres que conocen y aman mejor al Señor.
«La enseñanza de Nancy ha tenido una influencia increíble en la forma en que las mujeres evangélicas entienden y estudian las Escrituras», afirmó Melissa Kruger, vicepresidenta de programación de discipulado de TGC. «Ella se deleita en la Palabra e invita a otras a hacer lo mismo. Su vida refleja de manera tan hermosa las verdades que enseña».
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Sarah Eekhoff Zylstra
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/nancy-guthrie-reforma-ministerio-mujeres/
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