
Hace casi 16 millones de años, Cataluña era muy distinta a la que conocemos hoy. En lugar de paisajes mediterráneos, la región estaba cubierta por humedales, lagunas y bosques cálidos donde convivían cocodrilos, reptiles tropicales, peces y una extraordinaria diversidad de mamíferos. En ese escenario vivía un depredador que permaneció oculto durante millones de años hasta que un hallazgo paleontológico permitió devolverlo a la historia: Paludocyon moyasolai, una nueva especie de perro oso prehistórico cuyo descubrimiento ofrece una valiosa oportunidad para comprender cómo evolucionaron los grandes carnívoros del Mioceno y cómo eran los ecosistemas de una Tierra muy diferente a la actual.
El perro oso prehistórico no era un perro ni un oso
Aunque su nombre resulta familiar, el perro oso prehistórico no era un antepasado directo de los perros ni de los osos modernos. Formaba parte de los Amphicyonidae, una familia de mamíferos carnívoros extintos que evolucionó de manera independiente y llegó a ocupar un lugar dominante en los ecosistemas de Norteamérica, Eurasia y África durante buena parte del Cenozoico. Su aspecto combinaba un cuerpo robusto con características propias de los cánidos, lo que dio origen al nombre con el que hoy se conoce popularmente a este grupo.
La nueva especie, Paludocyon moyasolai, habría alcanzado un peso de entre 50 y 70 kilogramos, similar al de un perro de gran tamaño. No era el mayor depredador de su entorno, pero sí un cazador eficiente capaz de desenvolverse en un ambiente donde coexistían distintas especies de carnívoros. Su nombre rinde homenaje al paleontólogo español Salvador Moyà-Solà, una figura clave en el estudio de los vertebrados fósiles europeos.
Un cráneo olvidado durante décadas reveló una nueva especie
El descubrimiento se produjo en el yacimiento de Els Casots, ubicado en el municipio de Subirats, en la provincia de Barcelona. Allí se recuperó un cráneo parcial con buena parte de la dentición conservada y un molar inferior aislado. Aunque estos fósiles fueron excavados en la década de 1990, permanecieron durante años dentro de las colecciones científicas hasta que un análisis detallado permitió identificar características que no correspondían a ninguna especie conocida.

La dentición fue la pieza clave de la investigación. Los especialistas observaron un segundo molar superior excepcionalmente ancho y un tercer molar mucho más desarrollado de lo habitual, rasgos anatómicos que permitieron describir oficialmente una nueva especie. El estudio, publicado en Journal of Mammalian Evolution (2026), fue liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), junto con especialistas de la Universitat de València, la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid, el Instituto Nacional de Biodiversidad de Ecuador (Inabio) y el Museo Sudafricano Iziko.
Los dientes cuentan la historia de un depredador adaptable
En paleontología, los dientes son una de las herramientas más valiosas para reconstruir la vida de especies extinguidas. Su forma permite conocer no solo qué comían estos animales, sino también cómo interactuaban con su entorno. En el caso de Paludocyon moyasolai, la estructura de sus molares indica que era un mesocarnívoro, es decir, un animal cuya alimentación combinaba carne con otros recursos disponibles en el ambiente.

Sus molares estaban adaptados tanto para desgarrar como para triturar alimentos, lo que sugiere una dieta más variada que la de otros grandes depredadores especializados. Esta flexibilidad probablemente le permitió cazar pequeños y medianos mamíferos, además de aprovechar otras fuentes de alimento cuando las condiciones del entorno cambiaban. Los análisis filogenéticos también revelan que se trata del miembro más primitivo conocido del género Paludocyon, aportando nuevas claves sobre la evolución de los anficiónidos en Europa.
Cuando Cataluña era un paraíso de humedales y bosques tropicales
Hace aproximadamente 15,9 millones de años, durante el Mioceno medio, el paisaje del actual Vallès-Penedès estaba formado por lagunas poco profundas, pantanos y bosques de clima cálido. Era un entorno donde abundaba el agua y la biodiversidad alcanzaba niveles muy diferentes a los actuales. Cocodrilos, anfibios, peces, serpientes tropicales y numerosos mamíferos compartían un mismo ecosistema en constante transformación.

El yacimiento de Els Casots conserva una de las faunas mejor preservadas del Mioceno europeo gracias a que muchos restos quedaron rápidamente cubiertos por sedimentos lacustres. Con más de 5.000 fósiles de vertebrados recuperados, este enclave se ha convertido en una referencia internacional para comprender cómo eran los ecosistemas europeos hace millones de años y cómo respondieron las especies a los cambios climáticos de aquella época.
Un hallazgo que ayuda a reconstruir la historia de la vida
Cada nueva especie descrita representa una pieza más del inmenso rompecabezas de la evolución. El descubrimiento de Paludocyon moyasolai no solo amplía la diversidad conocida de los grandes carnívoros del Mioceno, sino que también mejora la comprensión de las relaciones evolutivas dentro de los Amphicyonidae, un grupo que desapareció mucho antes de la aparición del ser humano.

Además de enriquecer el registro fósil europeo, este hallazgo demuestra el valor de volver a estudiar materiales descubiertos hace décadas con nuevas metodologías y enfoques científicos. Muchas veces, un fósil conservado en una colección puede responder preguntas que la ciencia todavía no había aprendido a formular, recordándonos que el conocimiento también evoluciona con el paso del tiempo.

El descubrimiento del perro oso prehistórico es mucho más que la descripción de una nueva especie. Se trata de una ventana hacia un mundo desaparecido donde los humedales tropicales, los grandes depredadores y una biodiversidad extraordinaria formaban parte del paisaje cotidiano. Gracias a fósiles como los de Paludocyon moyasolai, la paleontología continúa reconstruyendo la historia profunda de la Tierra y demuestra que, incluso después de millones de años, el pasado todavía conserva la capacidad de sorprendernos y de ofrecer nuevas respuestas sobre la evolución de la vida.
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/perro-oso-prehistorico-espana/
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