
Windows 10 no quedó completamente abandonado en 2026, pero seguir con él ya no es una cuestión de rutina: depende de una inscripción expresa en el programa de actualizaciones de seguridad extendidas, conocido como ESU. Microsoft mantiene así un puente temporal para los equipos compatibles, con una fórmula que puede salir gratis en algunos casos o costar 30 dólares más impuestos en otros.
La clave está en distinguir entre seguir usando el sistema y seguir recibiendo parches. El soporte general terminó el 14 de octubre de 2025, por lo que el sistema ya no recibe novedades funcionales ni asistencia técnica estándar. Lo que sí ofrece ESU es una capa adicional de protección con actualizaciones críticas e importantes hasta el 12 de octubre de 2027 para consumidores, siempre que el equipo cumpla las condiciones fijadas por Microsoft.
La prórroga que mantiene vivo al sistema
El coste de mantener Windows 10 actualizado en 2026 no se resume en una cifra única porque Microsoft abrió varias vías de acceso. Para los usuarios domésticos del Espacio Económico Europeo, la inscripción puede ser sin coste adicional si mantienen iniciada la sesión con la misma cuenta de Microsoft utilizada para registrarse. Quienes no quieran sostener esa sesión en el tiempo pueden optar por una compra única de 30 dólares, o su equivalente local, más los impuestos aplicables.
Hay además otra ruta gratuita fuera del EEE que Microsoft ha ido mostrando en su despliegue de inscripción: utilizar Windows Backup, la herramienta de copia de seguridad del propio sistema, o canjear 1.000 puntos de Microsoft Rewards. En ambos casos, el precio monetario desaparece, pero no el vínculo con la cuenta de Microsoft, que sigue siendo el eje del programa. Es una solución intermedia: no renueva Windows 10, no lo convierte en un sistema nuevo, pero sí le concede un margen de seguridad razonable para atravesar la transición.
Ese margen, sin embargo, no dura para siempre ni se aplica de forma automática. Microsoft ha diseñado ESU como una extensión limitada, pensada para reducir la exposición a malware y ataques de ciberseguridad mientras el usuario decide si migra a Windows 11 o cambia de equipo. No incluye nuevas funciones, mejoras de producto ni soporte técnico, por lo que su valor real está en la continuidad de los parches esenciales, no en una especie de prolongación completa de la vida del sistema.
Qué incluye de verdad y qué queda fuera
El programa ESU tiene una definición muy precisa. Solo entrega actualizaciones de seguridad críticas e importantes, las categorías que Microsoft considera prioritarias para cerrar vulnerabilidades graves. En la práctica, eso significa que el sistema puede seguir cubierto frente a fallos explotables por atacantes, pero no recibirá retoques cosméticos, nuevas utilidades ni cambios de interfaz. Tampoco reabre el canal de soporte tradicional, así que el usuario sigue sin asistencia técnica oficial para incidencias comunes.
Conviene entender este detalle porque la diferencia entre estar actualizado y estar realmente al día ya no es la misma que antes. Windows 10, en esta etapa, se comporta como un vehículo que aún circula, pero al que solo le revisan los frenos. El motor, el salpicadero y la carrocería ya no reciben mejoras. La seguridad sigue, la evolución no. Ese es el contrato que Microsoft propone y también el motivo por el que la compañía empuja con tanta insistencia la migración a Windows 11.
La cobertura de ESU para consumidores se extiende hasta el 12 de octubre de 2027, y el periodo adicional se cuenta a partir del final de soporte general. En términos prácticos, Microsoft garantiza parches durante ese tramo a quienes se registren correctamente y mantengan la elegibilidad. No es una garantía indefinida, ni tampoco un permiso para posponer el cambio durante años sin coste. Es, más bien, un colchón de seguridad con fecha de caducidad visible.
Lo que cuesta y lo que puede salir gratis
La pregunta económica tiene varias respuestas según el perfil del usuario. Para quien use una cuenta de Microsoft y mantenga la sesión iniciada en el equipo inscrito, el precio puede ser cero euros o cero dólares, según el mercado local, siempre que cumpla las reglas del programa. Esa vía gratuita no elimina el requisito de registro ni la vinculación con la cuenta, pero evita el pago único.
La alternativa de pago es más simple de entender: 30 dólares por dispositivo, más impuestos según el país. Es un precio único, no una suscripción anual, y permite seguir usando una cuenta local sin mantener una sesión permanente en Microsoft. Esa diferencia no es menor. Para algunos usuarios, el valor está en la privacidad operativa y en no depender de servicios en la nube; para otros, la comodidad de permanecer dentro del ecosistema pesa más que el desembolso.
En el EEE, Microsoft matizó aún más la fórmula y permitió la inscripción gratuita para quienes mantengan la sesión iniciada con la misma cuenta usada en ESU. Si el usuario deja de iniciar sesión durante un período de hasta 60 días, las actualizaciones pueden interrumpirse y habrá que reinscribirse. Es un detalle técnico que importa mucho, porque convierte la gratuidad en una condición viva, no en una puerta abierta para siempre.
Quién puede entrar y quién se queda fuera
No cualquier equipo con Windows 10 puede acceder a esta prórroga. Microsoft limita ESU a dispositivos que ejecuten Windows 10, versión 22H2, en las ediciones Home, Professional, Pro Education o Workstations. Además, el equipo debe tener instaladas las actualizaciones más recientes del sistema. Eso deja fuera a equipos desactualizados o con instalaciones descuidadas que nunca terminaron de ponerse al día.
También hace falta una cuenta con permisos de administrador y una cuenta de Microsoft asociada a la inscripción. Si el usuario inicia sesión con una cuenta local, el sistema pedirá iniciar sesión con una cuenta Microsoft para completar el registro. Microsoft aclara, además, que la cuenta no puede ser la de un menor. El programa no está pensado para cuentas infantiles ni para configuraciones de acceso restringido.
En cambio, no es posible usar la inscripción doméstica de ESU en escenarios comerciales. Quedan excluidos los dispositivos en modo quiosco, los equipos unidos a un dominio de Active Directory o Microsoft Entra, y los que estén inscritos en una solución de administración de dispositivos móviles. Los equipos registrados en Microsoft Entra pueden usar el programa de consumidores, pero si el dispositivo entra en un entorno de uso corporativo, la inscripción puede suspenderse. Para organizaciones, el camino correcto pasa por las licencias empresariales.
Cómo se activa desde Windows Update
La inscripción no requiere herramientas externas ni descargas complejas. Microsoft la integra directamente en Windows Update, dentro de Configuración. Si el equipo cumple los requisitos, aparece un vínculo para registrarse en ESU y un botón de inscripción. Desde ahí comienza el proceso, que puede incluir la opción de iniciar sesión con la cuenta de Microsoft y escoger una de las modalidades disponibles.
La experiencia está pensada para ser sencilla, pero no es automática. Eso obliga a prestar atención al aviso del sistema, porque Windows no activa esta protección por sí solo. El usuario debe confirmar el trámite y dejar resuelta la asociación con la cuenta correspondiente. Una vez completado, el equipo queda habilitado para seguir recibiendo parches a través de Windows Update conforme estén disponibles.
Microsoft también permite reutilizar la misma licencia en hasta 10 dispositivos, siempre que todos cumplan los requisitos. Es un detalle útil para hogares con varios PC Windows 10, aunque no elimina la necesidad de inscribir cada equipo por separado. En la práctica, el sistema funciona como una llave compartida, no como una inscripción universal para todo el parque de dispositivos del usuario.
Lo que cambia en el día a día del usuario
Más allá del coste, la inscripción en ESU modifica sobre todo la relación con el tiempo. Para quien aún no puede o no quiere dar el salto a Windows 11, la extensión reduce la presión inmediata y deja espacio para planificar. En una casa donde el PC sigue funcionando bien, ese año o ese tramo adicional puede servir para evaluar renovación de hardware, migración de archivos o búsqueda de alternativas. La gran ventaja es ganar margen sin quedar expuesto de golpe.
El programa también afecta a quienes conservan una cuenta local. Microsoft admite esa opción, pero el camino gratuito se vuelve más dependiente de la cuenta de Microsoft y del uso continuado de Windows Backup o de Rewards. Es decir, el sistema ya no se sostiene solo sobre la vieja idea de instalar y olvidar. Ahora pide una decisión: pagar, sincronizar o canjear puntos. Cada usuario debe valorar cuánto le pesa esa condición frente al coste de cambiar de máquina o de sistema operativo.
En ese cálculo hay también una variable silenciosa: el riesgo. Microsoft advierte que los dispositivos no inscritos serán más vulnerables a virus y malware después del fin del soporte. No es una fórmula dramática, sino una realidad técnica. Un sistema sin parches no se rompe de un día para otro, pero se parece a una casa con una cerradura cada vez más fácil de forzar. La diferencia entre seguir actualizado y seguir expuesto crece con cada vulnerabilidad descubierta.
La opción gratuita con Windows Backup y el papel de la nube
La vía más comentada para no pagar pasa por Windows Backup, la copia de seguridad integrada de Windows. Microsoft la presenta como una ayuda para guardar configuraciones, preferencias y parte del entorno del usuario en la nube, usando una cuenta de Microsoft. Con ello, el dispositivo queda asociado al programa ESU sin coste adicional en determinados mercados y bajo las condiciones establecidas.
Ese enfoque ha generado preguntas comprensibles sobre la privacidad, pero el alcance del respaldo no equivale a una subida indiscriminada de todo el contenido del PC. El objetivo principal es conservar configuraciones del sistema, credenciales vinculadas y algunos elementos de personalización para facilitar futuras migraciones. No se trata de un vaciado total del disco en la nube, aunque sí implica una mayor integración con el ecosistema Microsoft.
Quien no quiera mantener ese vínculo siempre tiene la alternativa de la compra única. Esa dualidad explica por qué el programa resulta tan relevante: no obliga a todos a pasar por la misma puerta. Hay quienes prefieren pagar una vez y preservar el uso de una cuenta local; otros aceptan la sesión activa en Microsoft a cambio de no gastar dinero. En ambos casos, el objetivo es el mismo: seguir recibiendo protección durante un tramo adicional.
La diferencia entre usuarios domésticos y empresas
Microsoft separa con bastante nitidez el mundo doméstico del corporativo. En consumo, ESU busca dar tiempo; en empresas, es una herramienta de continuidad operativa. Por eso la base de precios y el calendario no son idénticos. Para organizaciones, la compañía mantiene un esquema de licencias por volumen con una tarifa de entrada de 61 dólares por dispositivo en el primer año, que aumenta en los años posteriores hasta completar hasta tres años de cobertura adicional.
Ese modelo empresarial no admite las fórmulas de Windows Backup ni de Rewards. Tampoco está pensado para sortear la migración con trucos domésticos. Es un contrato distinto, para necesidades distintas. En oficinas, un equipo aislado puede arrastrar una cadena de costes mucho mayor que en casa, así que el precio del parche se mide también en continuidad de negocio y en reducción de riesgo.
Para el usuario particular, en cambio, la pregunta es más sencilla: cuánto cuesta mantener Windows 10 actualizado en 2026 depende de si acepta la cuenta de Microsoft y la sesión persistente, si canjea puntos o si paga el importe único. La cifra puede ser cero o 30 dólares, pero el verdadero coste está en la decisión de permanecer un tiempo más en un sistema que ya entró en su etapa final.
Lo que conviene vigilar antes de quedarse un año más
El usuario que se quede en Windows 10 con ESU no necesita actuar cada semana, pero sí entender que la prórroga tiene límites claros. La cobertura se extiende únicamente mientras el programa siga activo y mientras el equipo conserve la elegibilidad. Si la cuenta deja de mantenerse iniciada en el caso gratuito, la protección puede cortarse y habrá que volver a registrarse. Si la máquina pasa a un entorno corporativo, la inscripción doméstica deja de ser válida.
También conviene recordar que la actualización extendida no mejora el sistema: no corrige lentitud, no añade compatibilidad futura por arte de magia ni alarga la vida del hardware. Si un PC ya estaba al borde por memoria escasa, disco lento o procesador antiguo, ESU solo compra tiempo de seguridad. No cambia la física del equipo. Sirve para proteger, no para rejuvenecer.
Por eso la decisión final no debería medirse solo en dólares, puntos o gratuidad. En 2026, mantener Windows 10 actualizado equivale a escoger una zona de transición. Puede ser una salida sensata para quien necesita estabilidad, pero también un recordatorio de que el sistema ya no vive de sus propias novedades. Sigue en pie, sí, aunque apoyado en una estructura temporal que Microsoft ha dejado muy visible. Ese detalle, en tecnología, suele marcar la diferencia entre una pausa prudente y una costumbre arriesgada.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/cuanto-cuesta-mantener-windows-10-actualizado-2026/
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