
Un equipo de la ETH Zúrich evaluó en ratones una molécula llamada Compuesto 10 y observó que disminuyó la muerte de neuronas. Los próximos pasos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la demencia es la séptima causa de defunción en el mundo y figura entre las principales causas de discapacidad y dependencia en personas mayores.
Es el resultado de diversas enfermedades y lesiones que afectan el cerebro y el Alzheimer es la forma más frecuente: puede representar entre el 60% y el 70% de los casos.
Ahora, un equipo de la ETH Zúrich desarrolló el Compuesto10, una molécula que en pruebas con ratones logró ralentizar la progresión del Alzheimer al reducir la muerte de neuronas y prolongar la supervivencia de los animales.
La investigación ya completó su etapa básica y sus autores solicitaron una patente para la sustancia. Según Ursula Quitterer, profesora de farmacología molecular en ETH Zúrich, el siguiente paso es avanzar en el desarrollo del fármaco.
El trabajo tardó casi 20 años porque el equipo estudió una enfermedad asociada a la edad y trabajó con ratones de entre 1,5 y 2 años, una franja en la que cada experimento también requiere entre 1,5 y 2 años para producir resultados que permitan diseñar el siguiente.
El origen del proyecto se remonta a muestras de tejido cerebral obtenidas durante cirugías de tumores y enviadas a Quitterer por un médico y colega del Hospital Universitario Ain Shams en El Cairo. Esas muestras correspondían tanto a personas con demencia como a pacientes sin demencia.

La enzima GRK2 apareció como una nueva diana terapéutica
A partir de análisis moleculares de esos tejidos y de estudios en ratones, el equipo de Ursula Quitterer identificó un papel central de la enzima GRK2 en la demencia. Los investigadores publicaron sus resultados en la revista Cell Reports Medicine.
GRK2 es una proteína reguladora que ayuda a las células a responder a señales, estrés y tensión. Actúa en distintos órganos, incluido el cerebro, donde contribuye al funcionamiento de las células nerviosas.
El grupo encontró que en las células existen dos formas de GRK2: una normal y funcional, y otra inactivada por el metabolismo celular. En el tejido cerebral de pacientes con demencia, de acuerdo con el equipo de Quitterer, la forma inactiva aparecía en grandes cantidades, un hallazgo que también observaron en un modelo murino de Alzheimer.
Los investigadores demostraron además que esa GRK2 inactiva forma agregados dentro de las células cerebrales. Esos agregados se depositan en las mitocondrias y las dañan.

Quitterer explicó que: “Los agregados de GRK2 bloquean los poros de las mitocondrias, reduciendo la cantidad de energía que pueden suministrar y provocando una situación de estrés dentro de las células”.
Según los experimentos en ratones citados por ETH Zúrich, la forma inactiva de GRK2 también promueve la producción de beta-amiloide, un fragmento de proteína considerado una de las principales causas del Alzheimer. El equipo describió un circuito de retroalimentación en el que el beta-amiloide somete a presión a las neuronas y esa presión favorece la formación de más GRK2 inactiva y agregada.
Para interrumpir ese círculo, los investigadores desarrollaron varios compuestos químicos y los probaron en cultivos celulares y en ratones. Entre ellos, el compuesto 10 fue el más eficaz para impedir que las moléculas de GRK2 formaran agregados.

Al bloquear la agregación de GRK2, el compuesto 10 permitió que las mitocondrias funcionaran mejor, redujo el depósito de beta-amiloide y ayudó a que las neuronas conservaran su función y evitaran la muerte celular.
En los animales, el efecto no se limitó al sistema nervioso. El equipo observó mejoras en la función cardíaca y en procesos de envejecimiento, y señaló que los ratones tratados desarrollaron menos canas en la vejez.
Quitterer atribuyó la duración del proyecto a la propia naturaleza de la investigación sobre Alzheimer. “Tardó tanto simplemente porque todo lleva mucho tiempo en la investigación del Alzheimer”, dijo.
La investigadora añadió que: “Todo es mucho más lento que en la investigación del cáncer, por ejemplo”. También sostuvo que la identificación de esta diana abre una posibilidad distinta a la de los tratamientos existentes: “Por eso es tan importante que hayamos identificado una nueva proteína diana, la GRK2, así como un ingrediente activo que actúa a través de la GRK2 y, por lo tanto, mediante un mecanismo diferente al de los fármacos existentes para el Alzheimer”.
Según Quitterer, el uso del compuesto 10 en combinación con otros medicamentos podría algún día mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Fuente Infobae
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