
Figura clave en el debate hemisférico sobre seguridad, gobernanza y cooperación internacional, el expresidente de Colombia Iván Duque Márquez (2018–2022) se ha consolidado como una de las voces más influyentes en la región frente a los desafíos del crimen organizado y las amenazas transnacionales. Durante su mandato, impulsó iniciativas para fortalecer las capacidades del Estado y la coordinación con socios internacionales en un entorno de seguridad cada vez más complejo.
Diálogo tuvo la oportunidad exclusiva de conversar con él en el marco de la Cumbre de Alcaldes de las Américas 2026, organizada por la Universidad Internacional de Florida (FIU) y celebrada del 24 al 25 de abril en Doral, Florida.
En esta entrevista, Duque analiza la evolución del entorno de seguridad en el hemisferio, marcada por la creciente sofisticación del crimen organizado transnacional, la persistencia de altos niveles de violencia y el impacto de las economías ilícitas. Asimismo, aborda la necesidad de fortalecer la inteligencia, los marcos jurídicos y la cooperación internacional, y destaca el papel de la tecnología, la participación ciudadana y la corresponsabilidad para enfrentar amenazas cada vez más complejas e interconectadas.
Diálogo: En todo el continente americano, los desafíos de seguridad se están volviendo más complejos e interconectados. Desde su perspectiva, ¿cuáles son los cambios más significativos en el entorno de amenazas a los que los líderes deberían prestar atención hoy en día?
Iván Duque Márquez, expresidente de Colombia y experto en seguridad global: Yo creo que hay tres grandes focos. El primero tiene que ver con la problemática de la seguridad urbana, sobre todo el tema de los homicidios. A veces no dimensionamos la magnitud: América latina y el Caribe representan aproximadamente el 8 por ciento de la población mundial, pero concentra cerca del 30 por ciento de los homicidios del planeta. Además, la población más vulnerable se encuentra entre los 18 y los 29 años, lo que indica que este fenómeno se está concentrando en la juventud. Esto requiere prevención, una seguridad efectiva y también una inversión sólida en justicia para evitar la impunidad, garantizar investigación, sanción oportuna y resultados efectivos.
El segundo tiene que ver con el crimen organizado trasnacional. Se trata de estructuras altamente sofisticadas con acceso a armamento de alto calibre, vinculadas al narcotráfico y con capacidad de intimidar y desestabilizar países. Lo hemos visto con figuras como El Mencho en México, Fito en el Ecuador, El Clan del Golfo en Colombia o grupos como los Shottas y Espartanos en buenaventura, e incluso en países como Chile. Enfrentar este fenómeno no puede hacerse con políticas desarticuladas; se requiere un pacto regional contra el crimen, visibilizar a los cabecillas, fortalecer el intercambio de información, la inteligencia y la capacidad sancionatoria.
El tercer elemento está relacionado con las economías ilegales. Hay que atacarlas en toda su cadena: desde los precursores hasta el lavado de activos, incluyendo la capacidad de congelar bienes. En esto la tecnología juega un papel fundamental como nunca antes. Estos son tres grandes desafíos, sin dejar de mencionar que en algunos países de la región como Venezuela, Cuba y Nicaragua se ha facilitado la operación de estas estructuras desde sus territorios. Por ello, el restablecimiento del orden institucional y democrático en esos países es también una tarea clave para el hemisferio.
Diálogo: Las organizaciones criminales transnacionales continúan adaptándose y expandiéndose a través de las fronteras. ¿Qué capacidades deben fortalecer los Estados para responder de manera más eficaz a estas amenazas en evolución?
Duque: Por un lado, la inteligencia. Cuando uno observa las conexiones entre organizaciones como Sinaloa, La Familia, o el Cártel Jalisco Nueva Generación con redes del narcotráfico en Colombia, queda claro que son estructuras totalmente interconectadas. Esto también se evidencia en ciudades portuarias como Guayaquil, así como en lugares como Durango o incluso Lima, donde buscan infiltrarse y contaminar economías legales.
En muchos casos, los Estados no cuentan con los aparatos de inteligencia necesarios para detectarlas y enfrentarlas, ni con protocolos claros sobre el uso de la fuerza. Recientemente estuve en Chile y dialogué con algunos de los nuevos ministros, y uno de los temas clave es la legitimidad y el marco jurídico que debe tener la fuerza pública. Por ejemplo, la posibilidad de declarar a un cabecilla como objetivo de alto valor, comprender la importancia de su captura y, dada su peligrosidad contemplar escenarios en los que pueda ser dado de baja, no siempre está claramente autorizado en la legislación.
Asimismo, es clave fortalecer mecanismos como la extinción de dominio de manera ágil y efectiva, atacando toda la cadena de valor criminal: los bienes, las redes de lavado, los centros logísticos y de despacho y las economías asociadas, como el contrabando. Todo esto debe ponerse a disposición de manera rápida y contundente para debilitar estas estructuras.
Diálogo: Muchos países han incrementado sus inversiones en seguridad en los últimos años. ¿Qué ajustes son necesarios para asegurar que estos esfuerzos se traduzcan en resultados más consistentes sobre el terreno?
Duque: La seguridad no puede abordarse de manera fragmentada; debe ser integral. En muchos países, por ejemplo, las Fuerzas Armadas están bajo el Ministerio de Defensa y la Policía bajo el Ministerio del Interior. Frente a amenazas transnacionales, esa separación dificulta la coordinación, genera desconfianza e incluso rivalidades.
Es necesario avanzar hacia un enfoque más integrado, con la seguridad bajo un solo techo desde el punto de vista operacional. También se requieren mayores inversiones en inteligencia técnica y humana, sistemas de recompensas y redes de participación ciudadana que faciliten el flujo de información.
Igualmente, se necesitan capacidades ofensivas, equipamiento adecuado y una inversión robusta en justicia para garantizar respuestas rápidas y efectivas. El sistema penitenciario también debe reformarse para evitar que las cárceles se conviertan en centros de operación criminal y, en cambio, favorezcan la resocialización.
Desde una perspectiva hemisférica, el apoyo de Estados Unidos ha sido clave —yo lo viví durante mi gobierno con el Comando Sur—, pero sería positivo ampliar los mecanismos de cooperación e inversión para fortalecer capacidades en la región. Al final, se trata de un desafío de seguridad hemisférica.
Diálogo: mencionó brevemente el tema de la participación ciudadana. ¿Cómo cree usted que los ciudadanos pueden sentirse más seguros y ser más activos?
Duque: La participación ciudadana es fundamental. Hay algo muy interesante en la cultura de los Estados Unidos: es el concepto de comunidad. Cuando ocurre un delito, el vecino no actúa de manera aislada, sino que convoca a la comunidad para entender qué pasó y cómo responder juntos.
Ese enfoque es clave. Se deben fortalecer redes de informantes —desde vendedores ambulantes hasta usuarios del transporte público y comunidades organizadas— par que la información fluya y se convierta en insumo para la inteligencia.
También es importante implementar sistemas de recompensas, visibilizar a los criminales y aprovechar la tecnología: reconocimiento facial, integración de bases de datos y herramientas de inteligencia artificial que permitan identificar patrones y prevenir delitos. Hoy contamos con capacidades tecnológicas sin precedentes que puedan marcar una gran diferencia.
Diálogo: La resiliencia institucional se ha convertido en un tema central en la lucha contra el crimen organizado. ¿Cómo se manifiesta la resiliencia en la práctica y cómo puede sostenerse a lo largo del tiempo?
Duque: En la región existen dos modelos: policías nacionales y esquemas altamente descentralizados. En estos últimos, como en algunos casos de Estados Unidos, cada jurisdicción tiene su propia policía. Esto puede funcionar, pero frente al crimen organizado transnacional, con gran capacidad de corrupción, puede volverse un riesgo.
Hemos visto en países como México cómo los cárteles capturan policías locales y las convierten en ejércitos a su servicio. Por eso es necesario repensar estas estructuras y fortalecer el Estado en todos los frentes: prevención, acción ofensiva, sanción y sistemas penitenciario.
Además, hay un problema estructural: el gasto en justicia no supera el 0,8 por ciento del PIB cuando debería acercarse al 3 por ciento. Sin justicia efectiva, no hay seguridad sostenible.
Diálogo: Las alianzas internacionales desempeñan un papel importante a la hora de enfrentar a las amenazas comunes. Según su experiencia, ¿qué hace que estas alianzas sean verdaderamente efectivas?
Duque: Transparencia, lealtad y objetivos comunes, pero todo empieza por principios compartidos. Yo tuve el honor de trabajar muy de la mano con los Estados Unidos y recuerdo que el trabajo que desarrollamos con el Comando Sur fue excepcional, tanto con el Almirante Craig Faller como la General Laura J. Richardson. Trabajamos de manera articulada; ambos visitaron Colombia en múltiples ocasiones y logramos una coordinación muy estrecha frente a amenazas compartidas.
En ese contexto, nosotros asumíamos decisiones difíciles y Estados Unidos también. Lamentablemente, en esa lucha hubo héroes y mártires de ambos lados, lo que refleja que se trataba de un verdadero ejercicio de corresponsabilidad. Y eso es algo que no se puede perder.
Ahora bien, esa corresponsabilidad también implica reconocer que el problema no es solo la oferta de narcóticos, sino también la demanda. Estados Unidos no ha reducido el consumo en las últimas décadas; por el contrario, después de la pandemia —en un contexto marcado por fenómenos como la ansiedad y la soledad— hemos visto un aumento en el consumo de sustancias, incluidos alucinógenos, psicotrópicos y narcóticos. El fentanilo ha crecido, pero la cocaína no ha disminuido.
Por eso, esa corresponsabilidad es fundamental. Colombia no habría logrado avances importantes en seguridad sin el respaldo de Estados Unidos, pero ese respaldo solo es posible cuando existen instituciones sólidas, basadas en la confianza, la transparencia y la lealtad.
Diálogo: De cara al futuro, ¿en qué deberían priorizar sus esfuerzos los países de la región para anticipar y contrarrestar mejor las amenazas emergentes?
Duque: Yo creo que la clave está en compartir. A mí me ayudó mucho, por ejemplo, cuando creamos la Campaña Artemisa para combatir los delitos contra el medio ambiente en Colombia. También la Campaña Naval Orión, donde Colombia, Estados Unidos y 18 países trabajamos de manera coordinada para fortalecer la interdicción del narcotráfico en nuestras aguas territoriales en el Caribe, con resultados muy exitosos.
Pero hoy se requiere ir más allá. Los países que tienen mayores capacidades —mejor inteligencia, mejor equipamiento y mayor capacidad operativa— deben trabajar de manera conjunta para construir una verdadera fuerza común. En ese sentido, iniciativas como la idea de un “Regional Shield” o escudo regional deberían traducirse en lo más práctico: un gran acuerdo anticrimen.
Y creo que hay métricas muy claras que debemos fijarnos como región. Primero, América Latina no puede seguir concentrando cerca del 30 por ciento de los homicidios del mundo. Segundo, hay que romper el eslabón más fuerte de las economías ilícitas, y ahí la tecnología es fundamental para identificar activos, rastrear redes y actuar con contundencia. Y tercero, es indispensable equilibrar la prevención con la resocialización, fortaleciendo sistemas penitenciarios y de justicia que sean eficaces, implacables y, sobre todo, creíbles para la ciudadanía.
Publicado por: Laura Solano
Fuente de esta noticia: https://dialogo-americas.com/es/articles/ivan-duque-la-seguridad-en-las-americas-exige-inteligencia-cooperacion-y-corresponsabilidad/
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