
A veces no es un adiós con palabras, ni una despedida anunciada.
A veces la vida nos lleva a desaparecer… en silencio.
No de golpe, no con drama.
Sino lentamente, como quien apaga una luz con cuidado para no incomodar a nadie más que a sí mismo.
Desaparecer para no romperse.
Hay momentos en los que el alma se cansa.
No del mundo, sino del ruido que el mundo deja dentro.
Cansa sostener conversaciones que ya no nutren.
Cansa explicar lo que el otro no está dispuesto a comprender.
Cansa quedarse en lugares donde uno ya no es… uno.
Y entonces, sin darnos cuenta, comenzamos a retirarnos.
Primero dejamos de responder tan rápido.
Luego dejamos de asistir.
Después, dejamos de insistir.
No es rechazo.
Es protección emocional.
Las causas silenciosas.
Desaparecer no siempre es debilidad, muchas veces es un acto profundo de conciencia. Algunas razones que nos llevan a ello:
- Sobrecarga emocional: cuando dar más empieza a doler.
- Desconexión interna: cuando sentimos que ya no encajamos en lo que antes era hogar.
- Falta de reciprocidad: cuando el vínculo se vuelve unilateral.
- Necesidad de sanación: cuando el alma pide espacio para reorganizarse.
- Crecimiento personal: cuando evolucionamos… y ya no somos los mismos.
Hay un momento en la vida en el que uno entiende que quedarse en ciertos lugares es traicionarse. Y ahí empieza el retiro.
Las consecuencias de desaparecer.
- Desaparecer también duele. Porque no solo soltamos personas o espacios… soltamos versiones de nosotros mismos.
Aparece la nostalgia.
- La duda. Incluso la culpa.
“¿Estoy haciendo lo correcto?”
“¿Y si estoy exagerando?”
“¿Y si pierdo algo importante?”
- Pero también, en medio de ese silencio, ocurre algo sagrado:
nos empezamos a escuchar. Y en ese escuchar, algo se ordena.
Algo se sana.
Algo vuelve a casa.
No siempre es huida, a veces es regreso.
Desde afuera, puede parecer que alguien se está alejando.
Pero desde adentro, muchas veces está ocurriendo lo contrario:
Se está acercando a sí mismo.
Porque desaparecer de lo que nos hiere es la forma más honesta de volver a lo que somos.
No es abandono. Es elección.
No es frialdad. Es amor propio en su forma más silenciosa.
Hay despedidas que no se dicen, pero se sienten.
Hay distancias que no se explican, pero se comprenden con el tiempo.
Y está bien.
Porque no todas las batallas se libran quedándose.
Algunas se ganan… soltando.
Si alguna vez te encuentras desapareciendo poco a poco,
no te juzgues tan rápido.
Tal vez no te estás perdiendo.
Tal vez… te estás encontrando.
“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán”
Isaías 40:31 (RVR60)
Si necesitas apoyo psicológico o corporativo especializado
Te ofrezco acompañamiento profesional en:
Terapia individual: manejo emocional, ansiedad, autoestima, duelos y crecimiento personal.
Terapia de pareja: fortalecimiento del vínculo, comunicación y resolución de conflictos.
Apoyo corporativo: programas de bienestar laboral, gestión emocional y mejora del clima organizacional.
Capacitación en habilidades blandas: liderazgo empático, comunicación asertiva, inteligencia emocional y trabajo en equipo.
Dra. Elizabeth Rondón. Especialista en bienestar emocional, relaciones humanas y desarrollo organizacional.
Tlf. +57 3165270022
Correo electrónico: [email protected]
ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★EL ARTE INVISIBLE: RECONOCIENDO LAS SEÑALES DE LA MANIPULACIÓN PSICOLÓGICA.
- ★LA FÓRMULA DEL ÉXITO: SUEÑOS, METAS Y PLANES.
- ★PERFECCIONISMO: CUANDO EL ÉXITO SE CONVIERTE EN TORTURA.
- ★FILOFOBIA: CUANDO EL MIEDO A AMAR SE CONVIERTE EN UNA PRISIÓN EMOCIONAL.
- ★EL ÁGUILA QUE NO QUERÍA VOLAR: UNA REFLEXIÓN PSICOLÓGICA SOBRE EL POTENCIAL HUMANO.

