
Irán propuso a Washington suspender sus controles en el estrecho a cambio del levantamiento del bloqueo naval estadounidense, postergando las negociaciones nucleares. Trump no parece dispuesto a aceptar. Mientras tanto, el canciller de Alemania Friedrich Merz pronunció las palabras que nadie en Occidente se había atrevido a decir en voz alta.
La guerra iniciada el 28 de febrero de 2026 entre los Estados Unidos, Israel e Irán — que comenzó con el asesinato del líder supremo iraní Alí Jamenei y la destrucción de instalaciones nucleares iraníes en una serie de ataques aéreos coordinados — cumple este martes casi dos meses sin que ninguna de las partes haya logrado sus objetivos estratégicos declarados, y la comunidad internacional observa con creciente alarma un escenario de estancamiento donde ninguna potencia tiene poder suficiente para imponer un cese del fuego, mientras los costos económicos y humanitarios se multiplican exponencialmente cada semana. La búsqueda de términos relacionados con la guerra en Irán, el Estrecho de Ormuz y las negociaciones de paz ha dominado los rankings de Google Trends en Europa, América Latina, Asia del Sur y Norteamérica durante toda esta semana, reflejando el nivel de preocupación global ante un conflicto sin precedentes en la era contemporánea.
La nueva propuesta iraní, trasladada por el canciller Abbas Araghchi durante su viaje a Islamabad y posteriormente a Moscú, plantea una fórmula en apariencia simple pero políticamente compleja: Irán suspende sus controles de tránsito sobre el Estrecho de Ormuz y permite el paso libre de embarcaciones comerciales, a cambio de que los Estados Unidos levanten el bloqueo naval que desde el 13 de abril mantiene sobre los puertos iraníes. Las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán quedarían postergadas para una segunda etapa una vez estabilizada la situación. Esta propuesta tiene una lógica racional que varios analistas internacionales han reconocido, pero enfrenta un obstáculo político insalvable desde la perspectiva de la Casa Blanca: aceptarla sería percibido como una concesión a Teherán después de décadas de presión máxima, lo que Trump interpreta como una señal de debilidad inaceptable para su audiencia doméstica en un año electoral.
Lo que hace la situación especialmente volátil es el escenario militar real sobre el terreno. Según informes de inteligencia filtrados a la prensa, Irán perdió el rastro de algunas de las minas marinas que plantó en el Estrecho de Ormuz, lo que significa que — incluso si ambas partes quisieran reabrir el paso — existe un peligro físico real para la navegación que requeriría operaciones de limpieza de minas que podrían demorar semanas. Esta revelación, que circuló inicialmente en medios especializados y luego detonó en búsquedas masivas en Google, añade una dimensión técnica al problema que va más allá de la voluntad política de los actores involucrados. Mientras tanto, el tráfico de petróleo permanece prácticamente paralizado en el estrecho, con solo algunas excepciones acordadas por Irán con ciertos países — China, Rusia, India, Paquistán, Malasia y Tailandia obtuvieron permisos de paso — en lo que se configuró como una política de gestión selectiva del acceso que Irán usa como herramienta de presión geopolítica.
La declaración que más impacto generó en las últimas 24 horas provino de Berlín. El canciller alemán Friedrich Merz, hablando ante el Bundestag, afirmó sin ambigüedad que Irán «ha humillado» a los Estados Unidos en esta guerra, señalando que la potencia más militarizada de la historia no ha logrado en casi dos meses ni abrir el Estrecho de Ormuz ni establecer ninguna condición de salida satisfactoria del conflicto. La frase, pronunciada por el líder de la primera economía de Europa y socio central de la OTAN, resonó de manera particular en el mundo: era lo que muchos analistas venían pensando pero ningún líder occidental había dicho en voz alta. El profesor de la Universidad de Chicago Robert Pape, entrevistado por medios estadounidenses, fue más lejos: «La guerra está convirtiendo a Irán en una potencia mundial», argumentando que la resistencia iraní ha reconfigurado las percepciones globales sobre el poder de disuasión de los actores no occidentales.
Para el MERCOSUR y América Latina, el conflicto tiene implicaciones directas y multidimensionales. La suba de los costos energéticos impacta en las economías regionales a través de mayores precios del combustible y el transporte; la crisis de fertilizantes amenaza las próximas cosechas en Brasil y Argentina; y la reconfiguración de los flujos comerciales globales crea tanto oportunidades como riesgos para los países del bloque. Argentina, en particular, ha acelerado su política de inserción como proveedor energético alternativo, con negociaciones activas para exportar gas natural de Vaca Muerta a Europa en sustitución del suministro del Golfo. Paraguay y Bolivia siguen de cerca el impacto sobre los precios del gas natural del que dependen sus economías. Todo el mundo observa a Washington y Teherán, sabiendo que el resultado de este conflicto rediseñará el mapa geopolítico y económico de las próximas décadas.
El secretario general de la ONU designó esta semana a un enviado especial para liderar la respuesta de la organización al conflicto, con un mandato que incluye la negociación de la reapertura del estrecho para cargamentos humanitarios, fertilizantes y medicamentos como primer paso. La FAO propuso un plan de 90 días que incluye el desarrollo de rutas comerciales alternativas, el monitoreo de mercados de alimentos y la prohibición de restricciones a la exportación de energía y fertilizantes por parte de los países productores. Sin embargo, la distancia entre los planes de los organismos internacionales y la capacidad real de implementación en un escenario donde las dos mayores potencias militares del mundo están en un bloqueo mutuo es, en este momento, inconmensurable. El mundo nunca ha estado tan conectado economicamente y, a la vez, tan cerca de una crisis de abastecimiento de las dimensiones de la que se avecina si el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado durante los próximos meses.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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