
En Uruguay se consumen algo menos de 50 millones de litros de vino por año. Con el nivel de cosecha de uvas 2026 se llegará a producir unos 70 millones de litros. Con el excedente de este año y el stock de años anteriores, hay unos 70 millones de litros sin vender. Este es uno de los problemas que afectan la economía del sector y deja por el camino a muchos emprendimientos familiares.
“Está muy jodida la cosa”. Así resumió Aramir Silva, presidente del Centro de Viticultores del Uruguay, una realidad que el sector arrastra en silencio desde hace años y que parece haber alcanzado un punto crítico.
Sin embargo, la cosecha 2026 fue de las mejores de los últimos años. A tal punto que Silva la definió como “brillante”. Sanidad impecable, grados óptimos, rendimientos altos. Si bien todavía no se ha cerrado la vendimia, los números indican que se van a superar los 91 millones de kilos de uva de excelente calidad.
A pesar de esta situación, los productores están preocupados porque el mercado no responde. Y eso es un nuevo dolor de cabeza teniendo en cuenta este incremento de la producción. El consumo interno de vino viene cayendo, y lo hace de forma persistente. Lo que antes era una presencia cotidiana en la mesa de los uruguayos hoy pierde terreno frente a otros hábitos, otras bebidas y otras formas de consumo. Lo que deja al sector en una situación compleja.
“Vamos a tener unos 70 millones de litros de vino”, explica Silva. “Pero si ajustamos los números, capaz que no llegamos a vender 50”. La diferencia no es un detalle. Son entre 35 y 40 millones de litros que quedan sin salida inmediata, a los que se suma un stock acumulado de años anteriores que oscila entre 25 y 35 millones más. El resultado es una cifra que asusta, alrededor de 70 millones de litros de vino almacenados en bodegas.
Detrás de esos números hay estructuras productivas muy distintas. No es lo mismo una gran bodega, con espalda económica y capacidad de maniobra, que un productor familiar o una pequeña empresa. Y es ahí donde la crisis se vuelve más áspera. “Hay un porcentaje importante de pequeñas y medianas bodegas que no pueden resistir ese stock”, advierte Silva. El referente histórico del sector señaló que hay empresas al límite, cuentas que no cierran y decisiones que ya no admiten demora.
A contrapelo, algunas bodegas grandes, con fuerte presencia en el mercado interno, pudieron comprar uva a precios muy bajos. Para ellas, la sobreoferta es una ventaja. Sin embargo, para el resto de los productores, esto significa vender por debajo de un precio razonable.
En el plano económico
“Muchos productores están siendo condenados a desaparecer”, dice Silva. No se trata solo de pequeños productores de uvas, sino también de bodegueros familiares que arrastran problemas económicos desde hace tiempo.
Silva recordó a La Mañana que hace años, el Centro de Viticultores presentó un proyecto que proponía la creación de una planta de mosto concentrado y rectificado, además de otros productos derivados de la uva, con capacidad para procesar unos 5 millones de kilos. Una forma de diversificar, de generar valor agregado y de abrir mercados externos. Sin embargo, el proyecto no prosperó.
Se lamentó por algunas “mezquindades”, de “miradas individualistas” dentro del propio sector. “Si en su momento se hubiese aceptado la propuesta, hoy se estaría exportando a México”, asegura. Y agregó que ahora los productores podrían haber estado recibiendo más de 14 pesos por kilo de uva.
“No le perjudicaba absolutamente a nadie”, insiste. Ni a los grandes ni a los chicos. Sin embargo, según su versión, una o dos empresas importantes bloquearon el avance. Si eso no hubiese ocurrido, “hoy no tendríamos este trancazo”, lamenta.
Los créditos no son la solución
Mientras tanto, las soluciones que aparecen son parciales. Se anunció un subsidio para exportar unos 6 millones de litros de vino blanco, a un valor de entre 0,28 y 0,29 dólares por litro, al que se suman 5 pesos provenientes del Instituto Nacional de Vitivinicultura. En el caso del vino tinto, la exportación ronda los 700 mil litros, pero con precios considerablemente más bajos. Son medidas que alivian, pero no resuelven advirtió. “Deberíamos exportar entre 15 y 20 millones de litros sin ningún problema”, sostiene Silva.
Consultado sobre la situación financiera del sector, advirtió que es bastante endeble. Para hacer frente a este problema se han intentado abrir algunas líneas de crédito con el Banco República. “Ese no es el problema”, dice Silva. “El problema es cómo hacer para vender el vino y la uva para poder pagarlos”.
La experiencia personal del propio Silva funciona como ejemplo. Durante años, un bodeguero le compró su producción. Hasta que dejó de hacerlo. Hoy, de las siete hectáreas de viña que tenía, le queda una y media. Dice que el suyo no es un caso aislado.
Cada vez menos emprendimientos
Según datos oficiales, hay más de 200 bodegas en el país. Silva duda que realmente superen las 100 en funcionamiento. En cuanto a los productores, el contraste es aún más fuerte. De más de mil en el primer gobierno de Tabaré Vázquez el productor cree que ahora hay menos de 500.
La mayoría de las viñas que se cierran pasan por varios rubros. Entre ellos, Silva destacó la producción de alfalfa, plantación de boniatos e inclusive la de invernáculos. En este último caso la competencia es implacable y la mayoría queda por el camino. También manejó que existen otras opciones como arrendar las viñas a alguna de las bodegas en funcionamiento. “Si no se ordena la producción, saltás de rubro en rubro y te vas quedando”, advierte Silva.
El problema de fondo, insiste, es la rentabilidad. Después de años de endeudamiento en el sector granjero, muchos productores se alejaron del crédito. No por falta de acceso, sino por desconfianza. “Creés que te va a dar para pagar, pero después realmente no da”, resume.
Recambio generacional
Como en otros sectores, la falta de recambio generacional genera más dudas que certezas. “Es muy difícil”, reconoce Silva. Los jóvenes miran el sector y no encuentran un horizonte atractivo. Buscan otras oportunidades para su futuro.
Aramir Silva, histórico dirigente del sector vitícola y granjero del Uruguay, se mostró muy afectado ante la difícil situación que presentan los pequeños productores y bodegueros del país. Se lamentó ante la falta de iniciativas para resolver de raíz los problemas que arrastran desde hace muchos años. Pero sobre todo se lamentó por la negativa ante propuestas que puedan ayudar al desarrollo de la vitivinicultura. Está convencido que, de continuar esta tendencia, cada vez habrá menos productores.
Alvaro Melgarejo
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/agro/cosecha-de-uvas-supera-los-91-millones-de-kilos-pero-no-logran-disimular-los-problemas-del-sector/
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