En Colombia, el debate sobre el acoso en los medios atraviesa un momento decisivo. Las denuncias que hoy golpean a la televisión privada han sacado a la luz testimonios graves y han puesto en duda prácticas que durante años pasaron en silencio. Pero en medio de ese escándalo, otro nombre volvió a ocupar titulares: el de Hollman Morris.
El escándalo por presunto acoso sexual en medios de comunicación suma nuevos testimonios que involucran a figuras reconocidas de la televisión. Las denuncias, conocidas en las últimas horas, mencionan directamente a los periodistas Ricardo Orrego, Jorge Alfredo Vargas y Fernando Peña, según reseñan la prensa local , una de ellas es Las2orillas.co
Una de las víctimas relató que fue acorralada y besada contra su voluntad, señalando a Orrego por un episodio ocurrido en una oficina de Blu Radio, medio perteneciente a Caracol Televisión. Otra comunicadora aseguró que pasar por su oficina era un calvario absoluto, denunciando comportamientos reiterados.
El caso también alcanza a RCN Televisión, donde una periodista afirmó que Fernando Peña la tomó por detrás y la besó sin su consentimiento, describiendo un ambiente laboral marcado por presiones y conductas inapropiadas.
Las denunciantes coinciden en el temor a hablar por posibles represalias y en la falta de respuestas contundentes tras acudir a directivos. Según uno de los testimonios, no era la primera vez y ya existían varios casos similares. Caracol anunció investigaciones internas, mientras crece la presión pública para esclarecer los hechos y fortalecer los protocolos frente al acoso.
En ese contexto, las acusaciones contra Hollman Morris, que no son nuevas, resurgen con fuerza. Han sido tema de debate en el pasado, han sido investigadas y, hasta hoy, no han derivado en condenas judiciales. Sin embargo, vuelven a instalarse en la agenda justo cuando el foco está sobre figuras poderosas de la televisión privada.
Para muchos, la coincidencia no pasa desapercibida. Mientras el país escucha relatos como el de la periodista Juanita Gómez y otras voces que han decidido hablar, la conversación empieza a dividirse y a moverse hacia otros frentes.
La presión ha llegado a tal punto que el Ministerio de Trabajo, encabezado por Antonio Sanguino, anunció revisiones para garantizar condiciones laborales seguras y determinar si hubo fallas en los controles internos.
En paralelo, el nombre de Morris vuelve a instalarse en el debate público. No es la primera vez que ocurre. A lo largo de su carrera, el periodista ha estado en el centro de controversias, muchas de ellas ligadas a su trabajo investigativo y a sus denuncias contra sectores de poder. Ese camino le ha traído reconocimientos, pero también amenazas y enfrentamientos, incluso con figuras como el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Quienes lo respaldan insisten en que no se puede ignorar ese contexto. Señalan que ha sido investigado en distintas ocasiones sin que se comprueben responsabilidades en su contra, y que su papel actual en los medios públicos, tras su nombramiento por el presidente Gustavo Petro, ha incomodado a sectores tradicionales.
Bajo su dirección, la televisión pública ha cambiado su enfoque. Ha dado más espacio a contenidos sociales, culturales y a voces que antes no tenían lugar. Ese giro ha sido bien recibido por algunos sectores, pero también ha generado críticas desde los grandes medios privados.
Por eso, para varios analistas y ciudadanos, el momento en que reaparecen estas acusaciones no es menor. Temen que el debate principal, el de las denuncias recientes en la televisión privada, pierda fuerza o se diluya en medio de nuevas polémicas.
En la calle, la sensación es clara para muchos. Mientras salen a la luz casos actuales que exigen respuestas, también se revive una discusión que ya ha sido abordada antes. El foco, dicen, se está moviendo.
Nada de esto significa que las denuncias deban ignorarse. Todas deben ser investigadas con seriedad. Pero también deja una inquietud abierta: por qué ciertos temas vuelven a tomar fuerza justo en los momentos más críticos para otros.
Colombia está frente a una oportunidad. La de enfrentar de fondo los problemas en sus medios de comunicación y garantizar espacios de trabajo seguros. El reto será que el debate no se desvíe.
En medio de todo, Hollman Morris vuelve a quedar en el centro. No solo por las acusaciones, sino por lo que representa en una discusión más amplia: la lucha por la credibilidad y por el control del relato en uno de los momentos más tensos para el periodismo del país.