
Cuando trato de explicar la verdad, la belleza y la bondad de la fe cristiana a escépticos y ateos, una de las objeciones más apremiantes que recibo es: «¿La Biblia está a favor de la esclavitud?». La pregunta es bastante difícil en sí misma. Pero se complica aún más por la forma en que los cristianos la han respondido. En algunos casos, las respuestas dadas son insatisfactorias e incluso pueden agravar las preocupaciones. Por ejemplo, a veces los cristianos idealizan tanto la Biblia como la historia de la iglesia, sin tomar en serio cómo se han utilizado los pasajes bíblicos para apoyar prácticas pecaminosas.
Sin embargo, existe un peligro en la otra dirección: algunos críticos imponen supuestos modernos y occidentales a la Biblia, sin leerla primero en su contexto histórico. Esto puede ocultar hasta qué punto la razón por la que algunos pasajes nos parecen problemáticos se debe a la influencia de la Biblia en la civilización occidental.
Quiero argumentar que la Biblia ha sido una fuerza poderosa para la dignidad humana, la igualdad humana y, en última instancia, el debilitamiento de la esclavitud en todas sus formas. Con este fin, ofrezco cuatro tesis.
1. Génesis 1 hizo una contribución única a la igualdad humana a través de su doctrina de la creación a imagen de Dios.
Los lectores modernos de la Biblia a menudo se escandalizan al encontrar pasajes sobre la esclavitud. Pero, desde el principio, es importante tener en cuenta dos cosas. En primer lugar, la esclavitud existía en todas partes en el mundo antiguo. Como ha señalado Gleason Archer, «la esclavitud […] era practicada por todos los pueblos antiguos de los que tenemos constancia histórica. […] Era una parte tan integral de la cultura antigua como el comercio, los impuestos o el servicio en los templos».
En segundo lugar, la esclavitud no solo existía en todas partes, sino que se daba por sentada en todas partes. Aristóteles y Platón, por ejemplo, pensaban que era obvio que las personas no eran iguales: algunas personas eran aptas para ser esclavas. Hay algunas excepciones, pero en general, así es como pensaba la gente en la época premoderna. La esclavitud se consideraba a menudo como la pobreza: una parte triste pero inevitable (incluso natural) de la vida.
El relato de la creación de la Biblia en Génesis atribuía a los seres humanos una dignidad mucho mayor de la que era habitual en aquella época
Estos dos hechos históricos alteran la conversación desde el principio. Las preocupaciones sobre la esclavitud en la Biblia surgen debido a ciertos valores que tenemos sobre la dignidad y la igualdad humanas. Pero estos valores no han sido obvios para la mayoría de las culturas humanas. Ciertamente no eran obvios en el antiguo Oriente Próximo.
Por ejemplo, en su propio contexto histórico, el relato de la creación de la Biblia en Génesis atribuía a los seres humanos una dignidad mucho mayor de la que era habitual en aquella época. En otros relatos de la creación del antiguo Oriente Próximo, ser creado a imagen de una deidad estaba generalmente reservado solo a aquellos que tenían autoridad real. Génesis 1, por el contrario, proclamaba que todos, por muy pobres o impotentes que fueran, estaban hechos a imagen de Dios.
Aunque hoy en día damos por sentada la idea de la dignidad humana universal, en el desarrollo de la historia antigua era algo radical. Celso, un crítico pagano de la iglesia primitiva, reprochó al cristianismo por su elevada visión de la humanidad:
El error radical del pensamiento judío y cristiano es que es antropocéntrico. Decían que Dios creó todas las cosas para el hombre, pero eso no es en absoluto evidente […]. De ninguna manera el hombre es mejor a los ojos de Dios que las hormigas y las abejas.
La visión de Celso no difiere mucho del materialismo actual: los seres humanos somos como insectos. No poseemos ningún valor especial.
Puede que no nos guste esta noción, pero no es fácil ver por qué está equivocada. A menos, claro está, que creas en algo parecido a la cosmovisión de Génesis 1.
El historiador Tom Holland sostiene que esta cosmovisión ha moldeado la civilización occidental de tal manera que las personas modernas intuitivamente consideran que la esclavitud es inaceptable. Él observa: «Que todos los hombres hubieran sido creados iguales y dotados de un derecho inalienable a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad no era en absoluto una verdad evidente […]. El semillero más verdadero y definitivo de la república estadounidense […] fue el libro del Génesis».
2. La ley del Antiguo Testamento introdujo mejoras significativas en la esclavitud en el antiguo Oriente Próximo.
Cuando avanzamos rápidamente desde el relato bíblico de la creación hasta el mundo posterior a la caída, después de Génesis 3, encontramos que muchos de los «héroes» de la Biblia tenían sirvientes o esclavos, y la ley mosaica daba instrucciones sobre cómo debía llevarse a cabo la esclavitud en Israel. Antes de abordar leyes específicas, es importante señalar que estas regulaciones estaban destinadas para el antiguo Israel, no para todas las personas en todos los lugares y en todo momento. La ley mosaica tenía una obsolescencia incorporada. Según su propio testimonio, era inferior y anticipatoria de una ley mayor que estaba por venir (ver Jr 31:31-34).
Por lo tanto, es un error pensar que las leyes del Antiguo Testamento son un conjunto de ideales atemporales. Algunas leyes relativas a la esclavitud son casuísticas (es decir, leyes que abordan situaciones específicas que surgen). En tales casos, la ley no refleja necesariamente la aprobación del comportamiento que se regula, del mismo modo que, por ejemplo, las regulaciones relativas a las apuestas hoy en día no implican necesariamente una aprobación de las mismas. Por ejemplo, Éxodo 22:1 obviamente no aprueba el robo: «Si alguien roba un buey o una oveja, y lo mata o vende, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja».
Aun las leyes no casuísticas suelen reflejar un contexto histórico específico. Por ejemplo, Jesús enseñó que las normas de Moisés sobre el divorcio en Deuteronomio 24:1 se permitían «por la dureza de su corazón [de las personas]» (Mt 19:8). Al reconocer esto, Jesús no está restando importancia a la autoridad de las Escrituras. Simplemente las está interpretando a la luz de su contexto histórico. La Biblia contiene leyes que dan instrucciones sobre cómo actuar en un contexto específico. Estas leyes permisivas pueden reflejar la pecaminosidad del pueblo en ese momento, más que el corazón de Dios para con todas las personas en todo momento.
Por lo tanto, las normas del Antiguo Testamento relacionadas con la esclavitud nunca tuvieron la intención de ser ideales perennes; para eso, miramos al mundo de Génesis 1-2, previo a la caída.
Cuando surgió la oposición a la esclavitud por primera vez en la historia de la humanidad, fue en gran medida un impulso cristiano
Sin embargo, dejando de lado estas advertencias, las leyes del Antiguo Testamento relacionadas con la esclavitud eran mucho más humanas que las de las culturas vecinas. La esclavitud en el antiguo Israel no se basaba en el racismo ni en el robo de personas (ver Éx 21:6), sino en consideraciones económicas. En una economía de subsistencia, si no se podían pagar las deudas, convertirse en sirviente era una forma de sobrevivir.
Los israelitas no podían tratar a los esclavos como quisieran (ver Job 31:13-15), y normalmente trabajaban junto a sus sirvientes (en lugar de que estos hicieran el trabajo por ellos). Aunque a menudo se referían a los esclavos como «propiedad», este lenguaje no reflejaba su falta de derechos o valor. De hecho, la ley del Antiguo Testamento contenía disposiciones para proteger a los esclavos del maltrato, más que en otras naciones del mundo antiguo. Por ejemplo, otros códigos legales antiguos prohibían dañar a los esclavos ajenos, pero el Antiguo Testamento contenía sanciones por dañar a los propios sirvientes (Éx 21:26-27).
Como señala el erudito judío Nahum Sarna, «esta ley —la protección de los esclavos contra los malos tratos de sus amos— no se encuentra en ningún otro lugar de todo el cuerpo legislativo antiguo del Oriente Próximo» De manera similar, Christopher Wright observa:
No se ha encontrado ninguna otra ley del antiguo Oriente Próximo que responsabilice al amo por el trato que da a sus propios esclavos (a diferencia de las lesiones causadas al esclavo de otro amo), y la ley universal relativa a los esclavos fugitivos era que debían ser devueltos, con severas penas para quienes no cumplieran con ella.
En la última parte de esa cita, Wright se refiere a las inusuales leyes de Israel que protegen a los esclavos extranjeros fugitivos (Dt 23:15-16). Si el pueblo de Dios implementaba esta ley, se convertía en el único refugio seguro para los esclavos fugitivos en el mundo en ese tiempo.
He aquí otro ejemplo: en los casos en que un esclavo es asesinado por su amo, este debe ser «castigado» (Éx 21:20-21). La palabra hebrea para «castigado» aquí probablemente se refiere a la pena de muerte. Este pasaje no dice que no haya una penalidad si el esclavo sobrevive (ya hemos visto que este no es el caso en los versículos 26-27). Más bien, estipula que esta pena más severa queda descartada, ya que el delito en este caso probablemente sería menor. Una vez más, esta ley se inclina más hacia la protección del esclavo de lo que era habitual en aquella época. Mark Meynell señala: «Si se le declaraba culpable, el amo debía ser castigado, lo que podía resultar en la muerte. Eso era algo inaudito en una época en la que los equivalentes legales más cercanos solo se ocupaban de las agresiones a los esclavos de otras personas».
Levítico 25:44-46 permitía a los israelitas adquirir esclavos extranjeros. Sin embargo, el término «adquirir» en este pasaje no se refiere al robo de personas, y la base para adquirir esclavos extranjeros no era una percepción de superioridad racial o cultural. Una vez más, era una cuestión económica. Si se lee un poco más adelante, se descubre que los israelitas podían convertirse ellos mismos en esclavos de los extranjeros que vivían entre ellos (vv. 47-48).
Es cierto que había diferencias en el trato que recibían los sirvientes israelitas y los esclavos extranjeros. Por ejemplo, los sirvientes hebreos eran liberados cada siete años durante el año del jubileo (Dt 15:12-15). A los esclavos extranjeros no se les concedía esta protección, aunque ocasionalmente eran liberados. Sin embargo, los esclavos extranjeros se beneficiaban de otras protecciones, como el descanso sabático, las leyes de espigado y la protección contra daños físicos (ver Éx 21:26-27).
Aunque las leyes dadas al antiguo Israel no son un ideal atemporal, reflejan el cuidado de Dios por los vulnerables. Una y otra vez, el Señor ordena a Su pueblo que tenga consideración por los extranjeros, ya que ellos mismos fueron extranjeros en Egipto (Éx 22:21; Lv 19:33-34).
3. La proclamación del evangelio en el Nuevo Testamento sentó las bases para el eventual debilitamiento de la esclavitud.
Cuando pasamos al Nuevo Testamento, nos encontramos con un tipo de esclavitud diferente al servicio regulado económicamente del Antiguo Testamento. El Imperio romano fue el sistema esclavista más extenso de la historia premoderna. Un gran porcentaje de la población romana estaba compuesto por esclavos. Kyle Harper señala que «los romanos crearon una de las pocas “sociedades esclavistas genuinas” de la experiencia occidental». La esclavitud romana era dura, y el poder del amo sobre su esclavo era generalmente absoluto.
Contrariamente a lo que a veces se afirma, el Nuevo Testamento no elogia la esclavitud en ninguna parte. Cuando el apóstol Pablo enumera los pecados, incluye a los «traficantes de esclavos» como ejemplo de pecados condenados por la ley (1 Ti 1:10, NVI). Además, Pablo nunca aconseja que las personas se conviertan o permanezcan esclavas. Más bien, anima a los siervos a aprovechar la libertad cuando se les presente la oportunidad (1 Co 7:21).
Lo que sí está presente en el Nuevo Testamento son instrucciones dadas a personas concretas que son esclavas para que obedezcan a sus amos (Ef 6:5; Col 3:22; 1 Ti 6:1-2; 1 P 2:18). Pero debemos recordar lo que ya se ha dicho sobre las leyes contextualizadas: las instrucciones para las personas que viven bajo estructuras caídas no implican necesariamente la aprobación de esas estructuras. Decirle a alguien qué hacer en determinadas circunstancias no es lo mismo que afirmar la bondad de dicha circunstancia.
Además, el Nuevo Testamento muestra que el evangelio socava la esclavitud al eliminar los prejuicios y las suposiciones que la hacen posible. La carta de Pablo a Filemón es un buen ejemplo: Pablo envía a Onésimo, un esclavo fugitivo y recién convertido, de vuelta a su dueño, Filemón. Pero Pablo ordena a Filemón que lo reciba «ya no como esclavo, sino como más que un esclavo, como un hermano amado», y que lo aceptara «como me aceptarías a mí [a Pablo]» (Flm 1:16-17).
El esclavo fugitivo tiene ahora toda la dignidad de un apóstol. Pablo, en efecto, está disolviendo un tipo de relación y estableciendo otra en su lugar. Como lo expresa F. F. Bruce: «Lo que hace esta carta es llevarnos a una atmósfera en la que la institución (de la esclavitud) solo podía marchitarse y morir. […] La emancipación formal no sería más que una cuestión de conveniencia, la confirmación técnica de la nueva relación que ya había comenzado a existir». En sus instrucciones a Filemón, Pablo ofrece una imagen concreta del principio de que en Cristo no hay esclavos ni libres (Gá 3:28; Col 3:11).
Cuando abrazamos el evangelio, nuestra identidad fundamental cambia. Lo más verdadero de nosotros es que ahora estamos en Cristo. La división entre el esclavo y el amo queda eclipsada a la luz de algo más grande que ahora tienen en común. En una sociedad ferozmente jerárquica, esta era una enseñanza escandalosa. Pero es lo que requiere el evangelio.
4. La abolición de la esclavitud en el mundo moderno se debe en gran medida a la influencia cristiana.
Durante los debates modernos sobre la esclavitud, los cristianos se encontraban en ambos bandos. Y a lo largo de la historia de la iglesia, los cristianos a menudo se han adaptado a la posición cultural circundante sobre la esclavitud. Debemos ser lo suficientemente honestos como para evitar dar la impresión de que es fácil responder a las preocupaciones sobre este tema. La verdad es que los cristianos tenemos muchos motivos para arrepentirnos.
El mensaje del cristianismo es que, en la persona de Jesús, Dios, el Altísimo, se convirtió en el esclavo más bajo para dar Su vida por nosotros
Sin embargo, sigue siendo un hecho que cuando surgió la oposición a la esclavitud por primera vez en la historia de la humanidad, fue en gran medida un impulso cristiano. En la iglesia primitiva, Gregorio de Nisa predicó un sermón que ha sido calificado como «la crítica más mordaz a la esclavitud de toda la antigüedad». Lo que hizo única la condena de Gregorio a la esclavitud es que no condenó solo los abusos de la esclavitud, sino la institución como tal. La base de su crítica era que los seres humanos están hechos a imagen de Dios:
Dime qué precio pagaste. ¿Qué encontraste en la creación con un valor correspondiente a la naturaleza de tu compra? ¿Qué precio le pusiste a la racionalidad? ¿Por cuántos óbolos valoraste la imagen de Dios? ¿Por cuántas monedas vendiste esta naturaleza formada por Dios? Dios dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza» (Gn 1:26). Cuando hablamos de alguien que está hecho a imagen y semejanza de Dios, que tiene dominio sobre toda la tierra y a quien Dios ha concedido autoridad sobre todo lo que hay en ella, dime, ¿quién es el vendedor y quién el comprador? […] Dios no haría esclava a la humanidad. Fue Dios quien, por Su propia voluntad, nos llamó de vuelta a la libertad cuando éramos esclavos del pecado. Si Dios no esclaviza a una persona libre, ¿quién consideraría entonces que su propia autoridad es superior a la de Dios?
Hacia finales del siglo XVIII, ocurrió algo que nunca antes había sucedido en la historia de la humanidad: la opinión pública se volvió decididamente en contra de la esclavitud como algo intrínsecamente inmoral. Los cristianos evangélicos como William Wilberforce desempeñaron un papel destacado en este cambio. El erudito Alec Ryrie concluye:
El abolicionismo fue un movimiento religioso de principio a fin. El argumento protestante contra la trata de esclavos era sencillo. Incluso si la Biblia no hubiera condenado específicamente el «robo de personas», la llamada Regla de Oro de Cristo —«haz a otros como quieres que te hagan a ti»— difícilmente podría justificar el secuestro de personas, su transporte por todo el mundo en condiciones infernales y su venta a la esclavitud perpetua. Incluso si se aceptaba la esclavitud en sí, era casi imposible construir una defensa cristiana de la trata de esclavos, y casi nadie lo intentó.
El Salvador que se convirtió en esclavo
Si bien la esclavitud en la Biblia es una preocupación legítima que pueden plantear los críticos del cristianismo, también es justo preguntarles a esos críticos en qué se basa su propia oposición a la esclavitud. ¿Por qué es incorrecta la esclavitud? Despojados de ideas como la regla de oro y la creación a imagen y semejanza de Dios, ¿qué queda para fundamentar la igualdad humana?
En una cosmovisión atea, no está claro cuál sería la respuesta. Por lo tanto, no deberíamos apresurarnos a rechazar la Biblia con el argumento de que ha permitido la esclavitud en ciertos contextos. Le debemos mucho a su enfoque gradual. Sin él, es difícil imaginar cómo la esclavitud habría llegado a ser impensable, o incluso particularmente notoria.
En última instancia, el cristianismo proclama algo aún más radical que la regla de oro o la creación a imagen de Dios. Nos ofrece un Salvador que se convirtió en esclavo: Jesús (Mr 10:45).
El mensaje del cristianismo es que, en la persona de Jesús, Dios, el Altísimo, se convirtió en el esclavo más bajo para dar Su vida por nosotros (Fil 2:7-8). Si esto es verdadero, tenemos todas las razones para confiar en Dios, aunque no podamos entender todas Sus formas de obrar en la historia humana. Y es una idea tan hermosa que, si existe la más mínima posibilidad de que sea verdad, vale la pena dedicar nuestras vidas a explorarla y considerarla.
Estoy convencido, maravilla de maravillas, de que sí es verdad. Dios se convirtió en nuestro siervo en Cristo. ¿Quién puede rechazar a un Dios así?
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Gavin Ortlund
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/biblia-a-favor-esclavitud/
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