
Columnista: Germán Rojas @Germanrojasm8
08-03-2026
El domingo pasado, el mundo se estremeció con una noticia que sacudió el tablero global: el ataque estadounidense e israelí contra Irán. Aunque las tensiones eran evidentes, se esperaba que el diálogo diplomático trazara un camino pacífico. Sin embargo, la ofensiva terminó con la vida del Gran Ayatolá Alí Jamenei.
Contrario a los cálculos de Occidente, que preveían un declive del régimen, su muerte ha encendido un nacionalismo profundo y el repudio unánime de la comunidad chiita. Para entender por qué este suceso trasciende lo político y toca lo sagrado, debemos comprender quiénes son los chiíes.
Raíces: De Abraham al Islam
El Islam es una fe monoteísta que comparte raíces con el judaísmo y el cristianismo. Reconoce a Abraham, Moisés y Jesús, pero considera a Mahoma como el último enviado de Dios. La fe musulmana se basa en la descendencia de Ismael, hijo de Abraham, quien junto a su padre construyó la Kaaba en La Meca, el templo sagrado que hoy es el centro del mundo islámico en Arabia Saudita.
Mahoma restauró la fe original de Abraham y, tras su muerte en el año 632, la comunidad se dividió. Mientras unos creían que el sucesor debía ser el más capaz (suníes), otros defendían que el liderazgo pertenecía al linaje de sangre del Profeta, empezando por su primo y yerno, Alí. De ahí nacen los chiíes.
El Imán Oculto y la figura del Ayatolá
Para los chiíes, el líder no es solo un guía político, sino un Imán: un guía espiritual supremo. La rama mayoritaria —los Doceavos— cree que el último de sus imanes entró en un estado de «ocultación» y regresará al final de los tiempos para traer justicia.
En su ausencia, la comunidad se organiza bajo los Grandes Ayatolás. Estos clérigos no son simples funcionarios; son figuras de altísimo nivel que pasan décadas estudiando para guiar a los fieles. En Irak, destaca la moderación de Alí al-Sistani, mientras que en Irán, la figura central era Alí Jamenei, quien unía el poder espiritual con el cargo de Líder Supremo.
El peligro del martirio
Aunque Irán atravesaba momentos críticos de protestas internas, su asesinato cambia radicalmente la narrativa. Lo que era un conflicto político se ha transformado en un martirio.
Al atacar a la máxima autoridad religiosa del chiismo, los países agresores han cometido un agravio directo contra las fibras más sensibles de su fe. Este error de cálculo convierte la tragedia en una agresión religiosa que unifica a los seguidores en torno a la figura del líder caído, creando un precedente sumamente peligroso para la estabilidad de la región y del mundo.
En la próxima entrega:
En la segunda parte, analizaremos cómo la Revolución de 1979 cambió el rumbo de Irán con la llegada del islamismo al poder. Exploraremos los acontecimientos críticos que originaron este conflicto histórico y examinaremos la tensión social previa a la muerte de Jamenei: un país dividido entre la resistencia del régimen y el levantamiento de una sociedad civil que ya clamaba por cambios antes del ataque. No se pierda la Parte 2: De la Revolución a la fractura social y las tensiones con EEUU e Israel.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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