
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es solo una fecha conmemorativa en el calendario sanitario; sino un momento de reivindicación para sindicastos, sociedades y colegios del sector que analizan la salud de un sistema que, en España, tiene un rostro mayoritariamente femenino, sobre todo en el caso de la Enfermería, donde más del 80% son mujeres, aunque esta realidad convive con barreras estructurales que limitan su desarrollo profesional, su bienestar mental y su capacidad para liderar los espacios de decisión.
Desde el abordaje de las enfermedades poco frecuentes hasta la gestión del desgaste en la enfermería, la atención temprana en casos de violencia de género o el techo de cristal en la medicina, el sector reclama una transformación profunda que pase por el liderazgo real y la conciliación efectiva.
El techo de cristal: más batas, pero menos mandos
La Medicina de Familia y Comunitaria en España vive una paradoja: es una de las especialidades más feminizadas del sistema, pero el liderazgo sigue estando, en gran medida, en manos masculinas, según la SemFYC.
Según el Observatorio Womeds de FACME, las mujeres representan actualmente el 62% de los profesionales médicos en activo en el país. Si ponemos el foco en las nuevas generaciones, la tendencia es imparable: entre los profesionales menores de 35 años, el porcentaje femenino alcanza el 66%. En la especialidad de Medicina de Familia, este peso es aún mayor, representando el 66% del total y concentrando casi una quinta parte de todos los profesionales del Sistema Nacional de Salud (SNS).
Sin embargo, este avance numérico no se traduce en los órganos de poder. Solo el 37% de las jefaturas de servicio y el 42% de las jefaturas de sección están ocupadas por mujeres. La brecha persiste también en las direcciones de departamento y en las cátedras universitarias, lo que evidencia un techo de cristal que impide que el talento femenino defina las políticas sanitarias y las prioridades de investigación.
Desde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), se defiende que la conciliación no es solo una reivindicación laboral, sino una medida estratégica para la sostenibilidad del sistema. La planificación rígida de turnos suele recaer sobre las profesionales más jóvenes, dificultando la corresponsabilidad familiar y empujando a muchas hacia el síndrome de desgaste profesional o burnout.
La semFYC argumenta que facilitar la conciliación permite fidelizar el talento y garantiza la longitudinalidad asistencial. Un médico o médica que puede desarrollar su carrera en condiciones dignas tiende a permanecer más tiempo en su centro de salud. Se ha demostrado que la atención continuada por el mismo profesional a lo largo del tiempo se asocia con una menor mortalidad, menos visitas a urgencias y mejores resultados en salud comunitaria.
Además, la apuesta por la igualdad llega a la consulta clínica. Con el documento ‘No hacer con perspectiva de género‘, la semFYC busca erradicar sesgos y prácticas de bajo valor que pueden perjudicar la salud integral de las mujeres pacientes.
Enfermería y Fisioterapia: una profesión «en pausa» por el agotamiento
La situación en la enfermería y la fisioterapia es de extrema urgencia según SATSE. Una macroencuesta realizada por el sindicato a más de 11.000 profesionales revela que el sistema está al borde de una fuga masiva de talento femenino.
El dato más alarmante de la encuesta es que el 60,4% de las enfermeras/os y fisioterapeutas se ha planteado abandonar la profesión debido a los graves problemas para conciliar su vida laboral con la personal.
«Para estas profesionales, el derecho a la conciliación es vulnerado de forma sistemática por administraciones y empresas privadas que priorizan el ahorro económico sobre las personas»
SATSE
Seis de cada diez profesionales (61,2%) afirman que estas dificultades han impactado en su salud mental, y el 56,87% señala daños en su salud física. Además, el 78,8% reconoce que la tensión generada en el trabajo afecta negativamente a su vida familiar y personal.
Los profesionales señalan varios culpables, como la falta de personal, identificada por el 81,6% como el principal obstáculo; la imprevisibilidad, ya que el 69,5% sufre cambios de turno de última hora y el 47,6% recibe su cuadrante de trabajo con menos de 30 días de antelación; la falta de desconexión, porque el 42% recibe comunicaciones de trabajo (WhatsApp, llamadas) fuera de su horario laboral, incluyendo días de descanso y vacaciones, o la penalización económica, ya que para poder cuidar de hijos o familiares dependientes (el 80% tiene a alguien a su cargo), el 39% ha tenido que reducir su jornada con la consiguiente pérdida de sueldo y el 19% ha solicitado excedencias.
Ante esta realidad, SATSE impulsa la campaña “Que no dejen tu vida en pausa”, exigiendo medidas que se conviertan en realidades legislativas a través de la reforma del Estatuto Marco. Entre las demandas clave destacan la jornada de 35 horas, la exención de noches para mayores de 55 años, embarazadas o en periodo de lactancia sin merma retributiva, y el reconocimiento del «solape de jornada» como tiempo efectivo de trabajo.
Aquí tienes varios párrafos adicionales centrados en la iniciativa del Consejo General de Enfermería (CGE), diseñados para integrarse en tu artículo con un estilo profesional y optimizado:
Los colegios de enfermeras como «Puntos Violeta»
La lucha por la igualdad y la seguridad de las mujeres este 8M suma un nuevo aliado estratégico en la estructura colegial. El Consejo General de Enfermería (CGE), que representa a las más de 353.000 enfermeras de España, ha hecho un llamamiento para que los colegios de Enfermería de todo el país se integren en la red Punto Violeta. Esta iniciativa, promovida por el Ministerio de Igualdad, busca transformar estas sedes en espacios físicos de referencia para la información, el apoyo y el acompañamiento de las víctimas de violencia machista. Según el CGE, «se trata de un paso al frente necesario en un contexto social donde, en lo que va de año, ya han sido asesinadas al menos 10 mujeres y dos menores en España».
El papel de la enfermería es, por naturaleza, el de la cercanía y el cuidado, lo que posiciona a estas profesionales como «una pieza clave en la detección precoz de cualquier tipo de violencia contra la mujer». Según Raquel Rodríguez Llanos, vicepresidenta del CGE, «las enfermeras cuentan con protocolos específicos que permiten identificar no solo lesiones físicas evidentes, sino también síntomas psicológicos y señales indirectas que a menudo pasan desapercibidas en otros entornos».
Un caso de éxito es el del Colegio de Enfermería de Cantabria que ha sido el pionero en adherirse a esta red, «demostrando que la profesión es un referente de protección y un primer contacto sanitario vital para que las víctimas sientan que no están solas»
Para que un Colegio pueda operar como Punto Violeta, debe cumplir con requisitos que garantizan una atención de calidad: contar con un espacio localizable y disponer de, al menos, dos mujeres con formación especializada en materia de género y violencia sexual. Los informes europeos señalan que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, pero los niveles de denuncia siguen siendo extremadamente bajos. Con la creación de estos espacios de confianza, la Organización Colegial de Enfermería pone sus recursos y conocimientos al servicio de la ciudadanía para ofrecer «una mano amiga y cuidados profesionales en los momentos de mayor vulnerabilidad».
Enfermedades raras: la «triple vulnerabilidad»
En el ámbito de las patologías poco frecuentes, la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) advierte sobre una realidad marcada por la invisibilidad y una vulnerabilidad que se manifiesta en tres vertientes: la mujer como paciente, como portadora y como cuidadora.
Los datos son contundentes: el 64% de las personas que asumen las tareas de cuidado de grandes dependientes en el entorno de las enfermedades raras son mujeres y madres. A pesar de los avances en corresponsabilidad, persiste una desigual distribución de las responsabilidades familiares que obliga a muchas mujeres a postergar su autocuidado y su bienestar personal para sostener la vida de sus hijos o familiares afectados.
Esta carga de cuidados no es solo emocional, sino que tiene un impacto directo en la economía de las familias, argumentan desde FEDER. La brecha salarial se agrava cuando las mujeres se ven obligadas a reducir su jornada laboral o abandonar el mercado de trabajo para dedicarse a la asistencia y a la participación activa en asociaciones de pacientes.
Como pacientes, las mujeres con enfermedades raras enfrentan obstáculos específicos. En comparación con los hombres, suelen experimentar mayores retrasos en la obtención de un diagnóstico certero, presentan una mayor prevalencia de enfermedades autoinmunes y perciben con más frecuencia situaciones de discriminación en el entorno sanitario.
Por otro lado, la vertiente de «mujer portadora» añade una carga de incertidumbre y responsabilidad. Dado que el 80% de las enfermedades raras tienen un origen genético, muchas mujeres ven condicionadas sus decisiones reproductivas por el temor a transmitir la patología y el riesgo que un embarazo puede suponer para su propia salud. A esto se suma la vulnerabilidad en la etapa perinatal, donde el diagnóstico de una enfermedad grave puede romper las expectativas sobre el “bebé esperado”, exigiendo un proceso de duelo y adaptación psicológica extremadamente complejo, según explican desde FEDER.
Para revertir estas inequidades, FEDER, con el apoyo de Kyowa Kirin, impulsa el proyecto ‘Abordaje de las Enfermedades Raras desde la perspectiva de género‘. Esta iniciativa busca dotar a las mujeres de estrategias de afrontamiento y crear redes de apoyo social que fomenten su autonomía. Además, FEDER aplica estas medidas internamente, ya que su propio equipo técnico está conformado en un 90% por mujeres que, en muchos casos, son también cuidadoras o pacientes.
Como reconoció la ministra de Sanidad, Mónica García, durante el Foro Hospiten ‘Profesiones Sanitarias: Presente y futuro de la profesión enfermera en España’: «Cuidar a quienes nos cuidan es la única forma de garantizar la excelencia en la atención sanitaria«. El objetivo del sector es común: un sistema de salud que no ponga la vida de sus profesionales «en pausa».
Marcos Yebra Fernández
Fuente de esta noticia: https://gacetamedica.com/profesion/liderazgo-femenino-conciliacion-retos-brecha-genero/
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