
El mayor repunte semanal del crudo desde la invasión de Ucrania sacude las bolsas, eleva la inflación y complica la agenda económica de Trump
El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, iniciado el pasado 28 de febrero, ha irrumpido con fuerza en los mercados financieros internacionales, poniendo en jaque las tres grandes apuestas económicas de la administración Trump: un petróleo barato, rendimientos de los bonos del Tesoro a la baja y un dólar debilitado que favoreciese las exportaciones estadounidenses. En apenas una semana, los tres frentes han girado en dirección contraria, y el daño colateral en el tejido económico global empieza a hacerse visible.
El crudo se dispara: un 20% en una semana, el mayor salto desde 2022
El dato más elocuente de la semana lo proporciona el mercado energético. El barril de Brent acumula una subida del 18% desde el inicio del conflicto, mientras el West Texas Intermediate (WTI) avanza cerca del 20%, con cotizaciones que al cierre del viernes se situaban en 88,83 y 85,36 dólares por barril, respectivamente. Ambos índices apuntan a su mayor alza semanal desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, un episodio que la memoria de los mercados no ha olvidado.
El detonante estructural de esta escalada es el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que transita habitualmente cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Desde el inicio de las hostilidades, el tráfico de petroleros se ha interrumpido prácticamente en su totalidad, generando una severa congestión portuaria que está distorsionando las cadenas de suministro a escala global. A ello se suman cierres de refinerías y plantas de gas natural licuado en la región, así como interrupciones directas en la producción de crudo. El gas natural, sin embargo, ha registrado este viernes una caída del 2,58%, hasta los 49,42 euros, aunque dentro de un contexto de volatilidad sostenida.
La logística global, bajo presión: Maersk suspende servicios y los seguros marítimos se cuadruplican
El impacto no se limita al precio del barril. La gigante naviera Maersk ha anunciado la suspensión de dos de sus servicios de transporte, específicamente aquellos que conectan Oriente Medio con Europa y Asia, reflejo del miedo creciente de las empresas logísticas a operar en la región. Los analistas destacan este viernes que los costes de los seguros para los buques que atraviesan Oriente Medio se han cuadruplicado en apenas días, mientras algunas aseguradoras directamente se niegan a cubrir esos trayectos.
Este encarecimiento de la logística actúa como un impuesto encubierto sobre toda la economía real: cada empresa dependiente del transporte ve incrementados sus costes operativos, con el consiguiente efecto en cadena sobre márgenes, precios y rentabilidad. No es un riesgo abstracto; es una presión concreta que ya está afectando la cuenta de resultados de sectores tan diversos como la distribución, la manufactura y la alimentación.
Trump interviene, pero el mercado no le cree
Ante la magnitud de la perturbación energética, el presidente estadounidense ha anunciado una batería de medidas de emergencia. Entre ellas, la autorización temporal a India —uno de los mayores consumidores mundiales y principal cliente energético de Oriente Medio— para adquirir gas ruso, con el objetivo de aliviar la presión sobre la demanda global. Washington también ha otorgado exenciones para que refinerías indias compren petróleo ruso almacenado en buques cisterna, una maniobra poco ortodoxa que busca redirigir flujos de suministro fuera del conflicto. Y, en una medida aún más inusual, el Departamento del Tesoro estudia una posible intervención directa en el mercado de futuros del petróleo para contener la especulación financiera.
Sin embargo, el mercado ha respondido con escepticismo. «El problema de fondo persiste», concluyen los analistas de Renta 4, subrayando que las medidas anunciadas no resuelven el cuello de botella estructural del estrecho de Ormuz ni la incertidumbre sobre la duración del conflicto. La credibilidad de Trump como factor estabilizador está erosionada, y eso tiene un precio en términos de confianza inversora.
Los rendimientos del Tesoro se disparan y la Fed queda atrapada
Uno de los efectos más delicados del conflicto para la administración Trump es la reacción del mercado de deuda. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años —el punto de referencia para los préstamos hipotecarios y corporativos— han subido aproximadamente 20 puntos básicos en la semana, contrariando el deseo explícito del presidente de reducir los costes de endeudamiento. Trump ha presionado de forma reiterada a la Reserva Federal para que baje los tipos de interés, en parte para abaratar el servicio de una deuda federal cuyo coste anual ronda los 1 billón de dólares.
La ecuación se complica porque el repunte del petróleo reaviva las presiones inflacionistas. Según un estudio de la propia Fed citado por analistas de Bankinter, cada incremento de 10 dólares en el precio del barril se traduce en un aumento de 20 puntos básicos en la inflación estadounidense. Con el crudo habiendo subido más de 14 dólares en una semana, el impacto teórico sobre la inflación sería de casi 30 puntos básicos adicionales, lo que dificulta enormemente cualquier argumento a favor de recortes de tipos inmediatos.
El mercado ya ha ajustado sus expectativas: los operadores han recortado las probabilidades de que la Fed lleve a cabo dos recortes de un cuarto de punto este año, con algunos escenarios apuntando incluso a tres movimientos posibles antes de finales de año, aunque con una incertidumbre elevada que hace esos cálculos provisionales.
El dólar recupera su condición de activo refugio
El índice dólar Bloomberg ha ganado más de un 1% en la semana, con el índice que rastrea al billete verde frente a una cesta de seis divisas encaminándose a una revalorización semanal del 1,5%, la mayor desde noviembre de 2024. Este comportamiento invierte la tendencia que la administración Trump había cultivado conscientemente: en enero, el propio presidente declaró sentirse cómodo con la depreciación de la moneda, precisamente para impulsar la competitividad exportadora estadounidense.
Ahora, el dólar ha recuperado su función histórica de activo refugio en contextos de crisis geopolítica, lo que genera una tensión directa con la agenda industrial de Trump. Un dólar fuerte encarece las exportaciones estadounidenses y resta competitividad a la manufactura doméstica, un sector en el que la administración ha depositado una parte central de su proyecto económico. El EUR/USD se sitúa en 1,1607, con el euro acumulando una caída del 1,7% en la semana, golpeado por la dependencia energética europea y unas perspectivas de crecimiento deterioradas. El GBP/USD cede casi un 1% semanal, mientras el yen japonés permanece a la defensiva con el USD/JPY subiendo un 1% en la semana, presionado por el impacto inflacionista de los combustibles en una economía netamente importadora de energía.
Las bolsas resisten, pero la volatilidad se acelera
En el plano bursátil, la semana ha mostrado una dicotomía notable entre la relativa resistencia de Wall Street y la corrección más pronunciada en los mercados europeos. Desde el inicio del conflicto, las bolsas europeas acumulan una caída del 6,15% frente a un descenso del 1,13% en Wall Street, según datos de Bankinter. La condición de Estados Unidos como exportador neto de petróleo le otorga un colchón estructural del que carece Europa, que depende en gran medida de las importaciones energéticas de la región en conflicto.
El índice de volatilidad VIX ha abierto este viernes en los 23,75 puntos, frente al cierre del jueves en 23,5, aproximándose al umbral de los 25 puntos que los mercados asocian convencionalmente con alta volatilidad. A estos niveles, los cambios de tendencia son frecuentes y las correcciones bruscas, posibles. En el viejo continente, sin embargo, el inicio de la sesión del viernes ha ofrecido una leve recuperación: el Ibex 35 ha rebotado un 0,5%, con IAG, Solaria, Naturgy e Indra encabezando las ganancias; Frankfurt ha avanzado un 0,8%; y París, Londres y Milán han subido entre el 0,2% y el 0,3%. En Asia, el Nikkei ha cerrado con un alza del 0,62%, el Hang Seng de Hong Kong ha ganado un 1,73% y el Kospi coreano ha terminado casi plano con un +0,02%.
La sombra del escenario de 2022
La pregunta que sobrevuela los mercados es cuánto puede parecerse este episodio a 2022, cuando el crudo superó los 100 dólares por barril tras la invasión de Ucrania, la inflación se disparó y la Fed respondió con la senda de subidas de tipos más agresiva en décadas, hundiendo simultáneamente los bonos y las acciones. Por ahora, los operadores sitúan ese escenario en el terreno del riesgo extremo, no del caso base. Pero la frontera es delgada.
Los analistas están divididos. Morgan Stanley Investment Management advierte de que los mercados están subestimando el coste del riesgo geopolítico. Desde Edmond de Rothschild AM, en cambio, apuntan que los precios del petróleo, aunque significativamente al alza, no han alcanzado niveles insostenibles, y que los países han aprendido de la crisis de 2022 reforzando sus reservas estratégicas. China ya ha pedido a sus mayores refinerías que suspendan las exportaciones de diésel y gasolina, mientras Japón estudia la liberación de sus reservas estratégicas de petróleo, movimientos preventivos que revelan la seriedad con la que Asia afronta el riesgo de desabastecimiento.
Bankinter mantiene su apuesta por una guerra breve, argumentando que «un shock prolongado no beneficia a nadie», ni siquiera a Irán, cuya economía depende en un 90% de las exportaciones de petróleo que pasan por el estrecho de Ormuz para financiar su régimen y sus fuerzas armadas. La lógica económica apunta a un incentivo compartido para la desescalada. Sin embargo, la lógica geopolítica raramente sigue los modelos de los economistas.
Una agenda económica presidencial en riesgo
El conflicto ha llegado en un momento especialmente delicado para Trump. En su discurso sobre el Estado de la Unión del mes pasado, el presidente presumió de la caída en los precios de la gasolina y proclamó que la inflación estaba «cayendo en picado». Esas palabras suenan ahora anacrónicas ante una semana que ha devuelto la energía al centro del debate inflacionista y ha recordado, una vez más, que la política económica no se formula en el vacío, sino en un mundo donde una guerra en Oriente Medio puede deshacer en días lo que los mercados tardaron meses en construir.
M-Redacción
Fuente de esta noticia: https://economia.com.py/la-guerra-en-oriente-medio-desestabiliza-los-mercados-globales-el-petroleo-se-dispara-un-20-el-dolar-se-fortalece-y-la-fed-queda-entre-la-espada-y-la-pared/
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