
España dispara sus exportaciones de armas en 2025 con 2.332 millones, el tirón de las aeronaves y un mapa de ventas que ya cambia
España exportó 2.332,7 millones de euros en material de defensa durante el primer semestre de 2025. Es un 18 % más que en el mismo periodo de 2024 y, más que una simple subida estadística, dibuja una realidad bastante concreta: la industria militar española vende más, factura más fuera y se mueve con más soltura en un mercado internacional donde pesan la guerra de Ucrania, el rearme europeo, la presión geopolítica y la carrera por asegurar cadenas industriales propias. El dato no sale de una estimación vaga ni de una filtración interesada. Forma parte del informe semestral sobre exportaciones de material de defensa y de doble uso remitido al Congreso, el documento que ordena cada semestre qué se ha vendido, a quién, cuánto y bajo qué criterios.
La cifra tiene una segunda lectura, quizá más importante que el titular puro. España no está aumentando sus ventas exteriores por una única categoría menor ni por un repunte casual de un contrato puntual. El gran motor del semestre fueron las aeronaves, que sumaron 1.552 millones de euros, una cantidad descomunal dentro del total. Ahí aparece una de las claves del momento: buena parte del crecimiento no se explica por armas ligeras o por material de bajo valor, sino por sistemas de alta tecnología, plataformas complejas y cadenas industriales en las que participan empresas españolas integradas en programas europeos y atlánticos. Detrás del número hay fábricas, componentes, ingeniería, mantenimiento, contratos multinacionales y una idea cada vez menos discutible: la defensa se ha convertido en una pieza industrial de mucho más peso en la economía española.
Un salto que no parece coyuntural
Si se compara con el mismo semestre de 2024, cuando España había exportado 1.976,1 millones de euros en material de defensa, el avance de 2025 no resulta menor ni puede despacharse con un “subió un poco”. Subió bastante. El volumen adicional supera los 350 millones de euros en apenas un año, y esa diferencia revela que el sector vive una fase expansiva sostenida por una demanda internacional más intensa. No es raro. Europa lleva meses, en realidad años, entrando en un terreno nuevo, con más gasto militar, más urgencia política y más discurso estratégico. Y España, que antes parecía un actor algo periférico en este campo, se ha ido colocando mejor de lo que a veces se reconoce en el debate público.
Ese crecimiento tiene además una textura muy concreta. Cuando se habla de exportación de armas, el imaginario suele ir directo a fusiles, munición, explosivos o blindados. Todo eso existe, claro, pero el grueso del dinero suele viajar por rutas bastante más sofisticadas. En el comercio exterior de defensa pesan los sistemas aeronáuticos, los equipos electrónicos, determinados sensores, componentes avanzados, piezas críticas, repuestos y conjuntos que forman parte de programas industriales mayores. Esa es una de las razones por las que el negocio se dispara en valor aunque no siempre se traduzca en una imagen espectacular de arsenales saliendo por un puerto. Lo que sale, muchas veces, es industria altamente especializada.
En paralelo, el dato del semestre encaja con otro más amplio. La industria española de defensa cerró 2024 rozando los 10.000 millones de euros de facturación, con una parte decisiva de esa actividad vinculada a las ventas internacionales. No es una esquina residual del tejido productivo. Es una rama industrial cada vez más visible, con más músculo, más interlocución política y más peso en el debate europeo sobre seguridad, autonomía estratégica y capacidad de producción militar. El salto de 2025, visto así, no parece una extravagancia temporal. Parece la continuación de una tendencia.
El dominio de las aeronaves explica casi todo
La gran cifra dentro de la cifra es la de las aeronaves, que concentraron 1.552 millones de euros del total exportado en el semestre. Solo ese bloque ya deja claro por dónde se está moviendo el negocio. No se trata simplemente de vender más material militar; se trata de vender material militar caro, tecnológico y con una fuerte carga industrial. Ahí entran aeronaves completas, componentes, subconjuntos, sistemas asociados y piezas integradas en plataformas de gran valor. Cuando ese apartado tira, tira con mucha fuerza.
La explicación tiene que ver con la posición de España en determinados programas de cooperación industrial y de defensa dentro del espacio europeo y atlántico. La industria española lleva años ganando papel en cadenas de suministro donde se reparte trabajo entre varios países: uno fabrica alas, otro fuselajes, otro aviónica, otro mantenimiento, otro ensamblaje final. El resultado es un ecosistema en el que una exportación puede ser, al mismo tiempo, una operación comercial, una entrega de programa y una pieza de una arquitectura militar compartida. Nada de eso es menor. Aporta valor, empleo cualificado, tejido auxiliar y presencia estratégica.
También ayuda a entender por qué el crecimiento del sector no se limita a las grandes compañías conocidas. Alrededor de los fabricantes principales se mueven empresas medianas y pequeñas que producen cableado aeronáutico, sistemas electrónicos, software, tratamiento de materiales, mecanizados de precisión, estructuras complejas o mantenimiento avanzado. En la práctica, cuando despega una parte de la industria militar española, no despega solo un nombre propio. Despega una red. Y esa red lleva tiempo ampliándose al calor del nuevo contexto internacional.
Hay un detalle adicional. El hecho de que las aeronaves manden en el semestre sitúa el debate lejos de la caricatura. El comercio exterior de defensa no se reduce a una foto de armamento duro y visible. Una parte esencial del volumen está vinculada a una economía tecnológica, menos intuitiva para la conversación política rápida, pero mucho más decisiva para entender por qué España exporta más y por qué lo hace con mayor valor añadido. El dinero, dicho sin rodeos, se concentra arriba, donde la sofisticación industrial aprieta.
A quién vende España y por qué cambia el mapa
El 64,6 % de las exportaciones españolas de material de defensa del primer semestre de 2025 tuvo como destino países de la Unión Europea y de la OTAN. Sigue siendo la parte mayoritaria, pero el dato es llamativo porque en el mismo semestre de 2024 ese peso había sido del 74,9 %. La conclusión es bastante clara: España sigue vendiendo sobre todo a sus socios naturales, sí, pero al mismo tiempo ha aumentado el peso relativo de mercados ajenos al núcleo euroatlántico. Y eso cambia el mapa.
Entre los destinos más destacados fuera de ese perímetro aparecen Emiratos Árabes Unidos, con 246 millones de euros; India, con 231 millones; y Kazajistán, con 81,5 millones. Son tres nombres que no responden a una sola lógica. Emiratos representa a un comprador con una política de defensa ambiciosa y gran capacidad financiera. India es un gigante militar en plena modernización, con necesidades permanentes de equipamiento y una estrategia de diversificación de proveedores. Kazajistán, en cambio, ilustra la apertura de nichos comerciales en geografías menos previsibles, donde las relaciones industriales y diplomáticas también pesan.
Lo interesante es que la cartera de compradores se ensancha mientras el mercado europeo, lejos de encogerse, sigue funcionando como base estable. Ese doble movimiento importa porque reduce dependencia y aumenta margen comercial. Una industria exportadora de defensa demasiado concentrada en pocos clientes queda más expuesta a virajes políticos, restricciones regulatorias o cuellos de botella diplomáticos. En cambio, una industria que vende a socios europeos, aliados atlánticos y mercados emergentes gana amortiguación, aunque también asume un debate más complejo sobre el destino final de los equipos.
Ahí entra una de las tensiones clásicas del sector. Cuanto más se diversifica el cliente, más delicado se vuelve el análisis político de cada operación. No es lo mismo vender dentro de programas comunes con socios de la UE que autorizar exportaciones a países de Oriente Próximo o Asia con contextos estratégicos muy distintos. Cada licencia cuenta una historia diferente, y no todas son igual de cómodas. Pero esa incomodidad forma parte del negocio desde hace décadas. La novedad es que ahora el volumen es mayor y, por tanto, la conversación pública también se vuelve más intensa.
Israel, Ucrania y Rusia, tres casos que marcan el tono
Uno de los puntos más observados del informe semestral era el relativo a Israel. El documento deja una foto nítida: España no exportó material de defensa a Israel en el primer semestre de 2025. El dato llega en un momento especialmente sensible por la guerra en Gaza, por la tensión política acumulada dentro del Gobierno y por el debate, muy áspero, sobre contratos, vetos, licencias y relaciones con la industria israelí. La cuestión llevaba meses instalada en la agenda y el informe oficial era, por eso, una pieza clave.
La línea mantenida por el Gobierno ha sido la de no autorizar nuevas licencias de exportación de material de defensa con destino final en Israel desde octubre de 2023. En el informe aparece, además, que las autorizaciones tramitadas en el semestre se limitaron a operaciones muy acotadas, vinculadas a reparaciones, mantenimiento o programas estratégicos, sin contraprestación económica y con un usuario final militar previamente identificado. Es un matiz importante porque separa la venta comercial clásica de otras actuaciones técnicas o de compromiso internacional que no se contabilizan como negocio ordinario.
En el extremo opuesto, Rusia permanece cerrada por completo. En el primer semestre de 2025 no se autorizó ninguna licencia ni se registraron exportaciones españolas de material de defensa a ese país. La guerra de Ucrania sigue condicionando el esquema entero del comercio europeo de defensa, y en ese contexto no había margen para otra interpretación.
El caso de Ucrania es distinto y resume bien cómo se cruzan política exterior y comercio militar. España exportó a Kiev 35,7 millones de euros en material de defensa durante esos seis meses y, además, formalizó donaciones valoradas en 219 millones. Es decir, aquí conviven dos planos. Uno comercial, otro geoestratégico. No todo lo que sale hacia Ucrania puede leerse como una simple operación de mercado. Hay también un compromiso político-militar dentro del marco occidental, una asistencia encajada en la respuesta europea y atlántica frente a la invasión rusa.
La combinación de estos tres casos deja ver que el sistema español de control no funciona como una puerta abierta y homogénea. Funciona más bien como una rejilla política y jurídica donde el contexto internacional pesa muchísimo. Hay destinos vetados de hecho, destinos apoyados por razones estratégicas y destinos sometidos a un escrutinio reforzado. Esa malla regulatoria condiciona tanto la imagen pública del sector como su cartera real de negocio.
Licencias rechazadas y el valor político de un no
El informe no solo contabiliza lo que se vende. También muestra lo que no se vendió. Durante el primer semestre de 2025 se denegaron cinco licencias de exportación de material de defensa a cuatro países. Entre esas negativas figura una a Israel relativa a conjuntos de detonadores no eléctricos, además de otras operaciones rechazadas con destino a Níger, Bahréin y Cuba. En cada caso, la explicación se apoya en los criterios habituales del control español y europeo: riesgo de desvío, posible uso militar no autorizado, inestabilidad regional o eventual vulneración del derecho internacional humanitario.
Este tipo de denegaciones suele quedar enterrado bajo el gran titular de los millones exportados, pero en realidad dice mucho sobre el tono del semestre. Una licencia rechazada no es una anécdota administrativa. Es una decisión política con consecuencias económicas, diplomáticas y reputacionales. A veces incluso funciona como una señal hacia fuera: qué líneas no se quieren cruzar, qué destinos plantean demasiadas dudas o qué operaciones pueden acabar generando un coste mayor que el ingreso previsto.
En un mercado como el de defensa, donde el negocio nunca está completamente separado de la política exterior, ese “no” vale casi tanto como un contrato aprobado. Marca fronteras. Y marca también el relato del país sobre sí mismo: quiere vender más, pero no a cualquier precio ni a cualquier destino. Otra cosa es que esa frontera guste a todos o se interprete de la misma manera. Ahí empieza el debate político, pero el dato objetivo está claro.
Armas de fuego al alza y material antidisturbios casi residual
Más allá del gran bloque de material de defensa, el informe incorpora la evolución de las armas de fuego. En el primer semestre de 2025, España exportó 74 millones de euros en esta categoría, un 8,5 % más que un año antes. El principal destino fue Estados Unidos, que absorbió casi el 60 % del total, sobre todo a través de rifles y cartuchos de caza. Ese dato rompe una idea bastante extendida: no toda exportación de armas se dirige a escenarios de conflicto o a ejércitos extranjeros. Hay una parte significativa que se mueve en mercados civiles regulados, especialmente en países donde la caza y determinadas prácticas deportivas mantienen una demanda sostenida.
Eso no significa que la categoría sea irrelevante ni políticamente neutra, pero sí que tiene una lógica distinta a la de los grandes contratos militares. Aquí el volumen económico es mucho menor que en aeronaves o sistemas de defensa complejos, aunque sigue siendo una parte estable del mapa exportador. España conserva una tradición industrial concreta en este terreno, con fabricantes especializados y una presencia reconocida en nichos concretos del mercado internacional.
En cambio, el material antidisturbios quedó reducido a un registro mínimo: 91.615 euros en exportaciones durante el semestre. El destino fueron fuerzas policiales de Lituania, Noruega y Uzbekistán, y el contenido incluía cartuchos, granadas fumígenas, gases lacrimógenos o muestras. La distancia con las grandes cifras del semestre es tan grande que casi parece otro universo. Mientras las aeronaves y el material de defensa de alta tecnología empujan el total hasta los 2.332 millones, el segmento antidisturbios aparece como un apunte marginal.
Sin embargo, incluso en esa escala tan pequeña, el dato importa. Este tipo de material suele estar sometido a una sensibilidad política elevada porque su uso se asocia con control de masas, represión o situaciones de orden público. Que las exportaciones sean mínimas no elimina el debate, pero sí muestra que el volumen económico de ese apartado está muy lejos de ser determinante en la balanza global del sector. El centro del negocio está en otro sitio. Mucho más arriba.
La caída del doble uso cambia el dibujo general
Hay una pieza del informe que a menudo pasa desapercibida y, sin embargo, resulta esencial para interpretar el semestre: el desplome de los productos y tecnologías de doble uso, que cayeron un 60 % hasta los 128,6 millones de euros. Hablamos de bienes, equipos o tecnologías que pueden tener una aplicación civil, pero también militar. Aquí entran válvulas, centros de mecanizado, máquinas herramienta, equipos radar, determinados productos químicos y otros artículos especialmente sensibles. Su descenso es tan fuerte que cambia el dibujo completo del semestre.
¿Por qué importa? Porque mientras el material de defensa sube con claridad, el doble uso se contrae de forma severa. Eso sugiere que el auge español de 2025 no responde a una expansión generalizada de todas las categorías sensibles, sino a un crecimiento más concentrado en la defensa estricta. Es un matiz importante. Permite distinguir entre la venta de tecnología ambivalente y el empuje de los programas militares propiamente dichos.
Los principales destinos del doble uso fueron China, con 21 millones de euros; Arabia Saudí, con 13 millones; y Turquía, con 10,3 millones. El resto quedó repartido entre muchos países, en operaciones mucho más fragmentadas. Ese descenso puede leerse de varias maneras. Quizá hubo menos demanda. Quizá el control fue más estricto. Quizá determinadas operaciones se retrasaron, cambiaron de calendario o quedaron atrapadas en un contexto internacional más restrictivo. Probablemente haya una mezcla de causas. Lo claro es el resultado: España vende menos tecnología de doble uso y más material de defensa puro.
Ese contraste, además, limpia un poco el análisis. Si todo hubiera crecido a la vez, sería más difícil distinguir qué parte del negocio se está expandiendo de verdad. Pero con una categoría cayendo y la otra subiendo, el movimiento queda mucho más visible. El semestre de 2025 habla de una consolidación del músculo exportador militar, no de una hinchazón homogénea de cualquier producto sensible.
Un sector que gana tamaño, influencia y foco político
Lo ocurrido en el primer semestre no puede separarse del momento más amplio que vive la industria española de defensa. El sector cerró 2024 con una facturación de 9.997 millones de euros, un 17,1 % más que el año anterior, y con unas ventas exteriores de 6.966 millones. Son cifras que hace no tantos años habrían parecido difíciles de imaginar para un país que tradicionalmente no se colocaba en el escaparate principal de la industria militar europea. Hoy la situación es otra. España exporta más, produce más y se integra mejor en grandes programas internacionales.
Esa transformación tiene varias derivadas. La primera es económica: más ingresos, más actividad industrial, más empleo técnico y más densidad en la cadena de valor. La segunda es política: a mayor tamaño del sector, mayor capacidad para influir en debates sobre presupuestos, compras públicas, autonomía estratégica y política exterior. La tercera es reputacional: vender más defensa obliga a explicar más, a rendir más cuentas y a soportar un escrutinio público mucho más intenso.
No es casual que el comercio de armas haya pasado del rincón técnico de la administración a ocupar espacio recurrente en la conversación parlamentaria y mediática. La guerra de Ucrania, la inestabilidad en Oriente Próximo, el debate sobre Gaza, el pulso entre bloques y el rearme europeo han convertido esta materia en algo mucho menos abstracto. La defensa ya no está en segundo plano. Y España, con este salto exportador, se mete de lleno en esa nueva centralidad.
También conviene recordar que el crecimiento del sector no depende solo del exterior. Está estrechamente ligado a los programas nacionales y europeos de inversión en defensa, al esfuerzo por reforzar la producción industrial propia y a la voluntad política de no depender tanto de proveedores de fuera del continente. Esa tendencia favorece a quienes ya tienen capacidad instalada y presencia en consorcios internacionales. España, en varios segmentos, la tiene. Y el semestre de 2025 lo refleja con una claridad bastante fría, casi quirúrgica.
Lo que deja este semestre en el tablero español
La foto final del primer semestre de 2025 no es la de una simple subida contable. Es la de una industria española de defensa que ha ganado tracción internacional, apoyada sobre todo en la aeronáutica, con un mercado cada vez más amplio, con presencia fuerte en socios de la UE y la OTAN pero con una apertura visible hacia países como Emiratos Árabes Unidos, India y Kazajistán, y con una política de control que mantiene una línea muy rígida en destinos especialmente sensibles, entre ellos Israel y Rusia.
También es la imagen de una economía de defensa cada vez más alejada del tópico. El grueso del valor no está en una visión rudimentaria del armamento, sino en la tecnología, la integración industrial, los sistemas complejos y los contratos de alto nivel. Ese cambio obliga a mirar el sector con más precisión y menos reflejo automático. Las exportaciones españolas crecen porque el país participa mejor en un ecosistema militar-industrial europeo y occidental que se está expandiendo a marchas forzadas.
Queda, por supuesto, la discusión política y moral sobre a quién se vende, qué se autoriza y dónde se colocan los límites. Esa discusión no desaparece; al contrario, se vuelve más intensa cuanto mayor es el volumen del negocio. Pero una cosa es el debate y otra la realidad del semestre. Y la realidad, tozuda, está en los números: 2.332,7 millones de euros exportados en seis meses, 18 % más que un año antes, con las aeronaves como gran locomotora y con la industria de defensa española ocupando un espacio mucho más grande del que ocupaba hace apenas unos años. No es un dato suelto. Es una señal bastante seria de hacia dónde se está moviendo el país en uno de los mercados más delicados —y más estratégicos— del momento.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/espana-disparo-sus-ventas-de-armas/
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