
Linux supera a Windows 11 en nuevos Intel Panther Lake: pruebas muestran mayor rendimiento en CPU y reabren el debate en portátiles premium.
Las comparativas publicadas en febrero de 2026 han colocado una escena incómoda sobre la mesa: con los nuevos Intel Panther Lake ya en portátiles comerciales, Linux está sacando mejores cifras que Windows 11 en una parte relevante de las pruebas de rendimiento, especialmente en tareas de CPU sostenidas como compilación, cifrado, compresión y codificación de vídeo. No es una pelea de “sensaciones” ni una guerra de camisetas; es el tipo de duelo que, cuando se mide en el mismo equipo y con baterías de test largas, deja poco espacio para el autoengaño.
El debate ha crecido porque el resultado rompe la intuición más extendida: que Windows 11, por ser el sistema “de serie” en la mayoría de portátiles, debería ser la opción que mejor exprime un chip recién estrenado. En Panther Lake, al menos en estas primeras mediciones públicas, la historia se ha torcido: Linux aparece por delante en muchas cargas generalistas, mientras Windows 11 aguanta mejor el tipo en partes del apartado gráfico y en el ecosistema de juegos, donde el “depende” sigue siendo un animal grande y difícil de domesticar.
Los benchmarks que han puesto la discusión en marcha
Las cifras que han disparado titulares no nacen de una única captura ni de un test aislado. Han salido de baterías completas de benchmarks y de un enfoque casi obsesivo por mantener constante lo esencial: mismo portátil, mismo procesador, misma RAM, mismo SSD, mismas condiciones razonables, y lo único que cambia de verdad es el sistema. En un tiempo en el que las máquinas modernas se comportan como híbridos nerviosos —suben y bajan frecuencia, cambian estados de energía, apagan y encienden bloques enteros—, ver diferencias tan claras entre Linux y Windows 11 en el mismo hardware ha sido gasolina.
El trabajo que más se está citando en esta ola lo firma Michael Larabel, fundador de Phoronix y responsable de la Phoronix Test Suite, una herramienta de referencia para medir rendimiento con metodología reproducible. Que sea Larabel no es un detalle de color: lleva años publicando pruebas donde, según el equipo y el momento, gana Linux o gana Windows, y esa consistencia —esa falta de militancia en el resultado— es parte de lo que hace que el dato pese más que el ruido.
La prueba: un MSI con Core Ultra X7 358H
El equipo usado en esa comparativa concreta es un MSI Prestige 14 Flip AI, un portátil pensado para el escaparate “AI PC” de 2026, con un Intel Core Ultra X7 358H —Panther Lake—, 32 GB de LPDDR5-8533 (memoria rápida, soldada y con una latencia que importa), un SSD NVMe Micron 2500 de 1 TB y la gráfica integrada Intel Arc B390 basada en Xe3. No se trata de una torre trucada ni de una configuración exótica: es el tipo de máquina que se está vendiendo ya como ultrabook potente, el “quiero algo fino pero que corra”.
Ahí aparece uno de los matices que conviene subrayar con tinta gruesa: cuando se dice “Linux gana”, no se habla de una instalación vetusta, sino de una Ubuntu en estado de desarrollo hacia Ubuntu 26.04, con un kernel moderno —los números que se han manejado en estas pruebas apuntan a una rama muy reciente, con mejoras todavía calientes—. Y cuando se dice “Windows 11”, no se habla de un Windows congelado, sino de un Windows 11 actualizado en pleno ciclo de 2026, con sus acumulativas, sus servicios y su filosofía de seguridad por defecto.
Qué gana Linux y qué no
El patrón que se repite en estas mediciones es bastante coherente: Linux tiende a colocarse por delante en cargas de CPU y en pruebas que se parecen al trabajo real de creación y desarrollo, donde la máquina se mantiene varios minutos empujando sin pausa. En ese terreno, la combinación de kernel reciente, controladores en buen estado y un sistema más contenido en “ruido” de fondo puede traducirse en mejores tiempos, mejores puntuaciones y una sensación de mayor empuje sostenido.
La otra cara existe y no conviene esconderla bajo la alfombra: en el arranque del análisis han aparecido resultados más flojos en parte del rendimiento Vulkan nativo, un dato que pesa porque Vulkan debería ser, en teoría, el patio donde lo multiplataforma juega con menos intermediarios. En cristiano: hay escenarios gráficos donde Windows 11 o su ecosistema, por madurez o por ajustes, sigue teniendo margen para ir por delante, y Panther Lake llega con una Xe3 nueva que todavía está asentándose en el mundo real. La victoria de Linux en CPU no convierte automáticamente a Linux en ganador universal de Panther Lake; lo que hace es cambiar la conversación.
Panther Lake y la nueva etiqueta Core Ultra Series 3
En enero de 2026, Intel presentó Panther Lake como parte de su familia Intel Core Ultra Series 3, con una idea central: mostrar músculo tecnológico con su proceso Intel 18A y poner sobre la mesa una plataforma que mezcla rendimiento, eficiencia y capacidades de IA en un paquete orientado a portátiles. En el mismo anuncio se habló de disponibilidad rápida —preventas a partir del 6 de enero de 2026 y llegada comercial global desde el 27 de enero de 2026, con más diseños desplegándose durante la primera mitad del año—. Es decir, no era un “ya veremos”: la generación aterrizaba en tiendas casi en tiempo real.
Aquí aparece otra pieza importante, porque en la conversación pública se ha colado una confusión frecuente: Core Ultra 200V no es Panther Lake, sino la familia anterior asociada a Lunar Lake. Panther Lake llega como salto de generación y, además, estrena una nomenclatura que Intel ha querido estirar con una gama X en lo alto, con modelos como Core Ultra X9 y Core Ultra X7 orientados a portátiles finos que quieren correr como si tuvieran una gráfica dedicada sin cargar con una dedicada. Que en titulares se mezclen nombres no es raro; que se mezclen en la compra, ya sería otro asunto.
En especificaciones, Panther Lake sube el listón en arquitectura híbrida con una receta que Intel ya venía cocinando: combinación de P-cores para el empuje fuerte, E-cores para el trabajo eficiente y, además, un bloque de low power efficient cores pensado para tareas ligeras sin pagar el precio energético de despertar a los núcleos “grandes”. En el Core Ultra X7 358H, por ejemplo, la ficha técnica marca 16 núcleos y 16 hilos, repartidos en 4 P-cores, 8 E-cores y 4 low power E-cores, un reparto que dice mucho sobre el tipo de prioridades: sostener trabajo en paralelo sin disparar consumo como una estufa.
La otra estrella de la generación es la gráfica integrada. En las variantes altas se habla de Arc B390 con 12 Xe3 cores, ray tracing integrado y una promesa que Intel ha repetido en presentaciones: un salto notable en juego y creación respecto a la generación anterior, con cifras promocionales que hablan de mejoras grandes en rendimiento multihilo y en gaming. Es marketing, sí, pero no es humo puro: se están viendo portátiles sin gráfica dedicada capaces de mover juegos actuales de forma sorprendente para una integrada, y el hecho de que la discusión Linux vs Windows se dé en este hardware tan nuevo demuestra que la plataforma está en el foco, no en la periferia.
A eso se le suma la pata “AI PC”: Intel ha puesto sobre la mesa números de NPU que llegan a decenas de TOPS en los SKUs altos, y una idea de equipo pensado para tareas de IA local, videollamadas con efectos, transcripción, edición y automatismos. En la práctica, la NPU aún es un territorio donde el software manda más que el silicio, y ahí Windows, con su integración de funciones y su narrativa Copilot, ha intentado ocupar el centro. Pero en rendimiento bruto, la pelea que ha estallado ahora no va de “IA bonita”, va de algo más clásico y a la vez más actual: quién gestiona mejor la energía, los hilos y los estados del chip cuando la CPU trabaja de verdad.
Las razones técnicas, sin mito ni magia
Cuando dos sistemas operativos compiten en el mismo portátil, no compiten solo con su “interfaz”. Compiten con su manera de decidir prioridades: qué proceso recibe tiempo de CPU, cuándo se despiertan núcleos, qué hace el planificador con una cola de tareas, cómo se gestiona el turbo sin quemar batería ni pasarse de temperatura, cómo se mueve la memoria, qué se queda en caché, qué se expulsa, qué se comprime, qué se escribe en disco. En Panther Lake esa gestión es aún más sensible, porque el chip tiene más “capas” de comportamiento que los procesadores de hace cinco o diez años.
Una explicación recurrente para el mejor rendimiento de Linux en estas pruebas es la combinación de un kernel reciente y un sistema menos cargado de servicios residentes. Windows 11, por diseño, vive con más procesos de base: seguridad, telemetría, indexado, sincronización, componentes que esperan eventos. Cada uno, por separado, parece inofensivo; juntos pueden convertirse en una bruma constante, una especie de tráfico de fondo que, en benchmarks largos, acaba restando. En cargas cortas esa bruma casi no se ve; en cargas largas, la bruma se nota.
También hay un punto delicado, casi de relojero: la forma en que el sistema decide qué trabajo va a qué núcleo en una arquitectura híbrida. Intel lleva años apoyándose en mecanismos de guía desde el propio hardware para sugerir al sistema dónde colocar tareas —el famoso “director” que intenta evitar que un hilo sensible acabe en un núcleo que no conviene—. La cuestión es cómo se interpreta esa guía, cómo se mezcla con políticas de energía y, sobre todo, cómo se ajusta el comportamiento a una generación nueva. En un chip recién estrenado, pequeños cambios en el kernel o en Windows pueden mover la aguja más de lo que parece.
Planificación, energía y drivers: la tripa del asunto
En Linux, la gestión de energía no es un bloque único: se reparte entre el kernel, los controladores y los perfiles que el sistema aplica según batería, carga y temperatura. En Panther Lake, esos perfiles importan mucho porque el chip puede ser muy eficiente cuando toca, pero también puede exigir un control fino para no quedarse “conservador” de más. Un kernel moderno suele llegar con parches específicos para nuevos estados de reposo, nuevas tablas, nuevas políticas de escalado. Ese es uno de los motivos por los que, en febrero de 2026, ver Ubuntu 26.04 en desarrollo en estas pruebas no es anecdótico: es una distribución que está afinándose justo en el mismo calendario en el que Panther Lake está llegando al mercado, y esa coincidencia temporal puede favorecer que Linux esté “aprendiendo” rápido.
Aquí entra un matiz que conviene dejar claro sin dramatismos: Ubuntu 26.04 no está oficialmente lanzada aún; su calendario apunta a un lanzamiento final en abril de 2026, con hitos de congelación de funciones y UI en febrero y marzo. Eso significa que algunas de las ventajas vistas ahora pueden consolidarse… o moverse. Linux, a veces, gana rendimiento con el tiempo; otras veces, pierde un poco cuando se prioriza estabilidad o cuando cambian opciones por defecto. En Windows pasa igual, solo que su ritmo de cambios es distinto y su base de compatibilidad es otra.
En cuanto a almacenamiento y sistema de archivos, también hay diferencias que, en tests de I/O, pesan. Linux suele mostrar muy buen rendimiento con configuraciones modernas y sistemas como ext4 o btrfs afinados, mientras Windows depende de NTFS y de su propia pila. En el día a día puede no ser evidente, pero en benchmarks que empujan lectura/escritura sostenida y colas de operaciones, la arquitectura de la pila de almacenamiento se convierte en protagonista silencioso. Y Panther Lake, con SSD NVMe rápidos como el Micron 2500, expone esas diferencias con más facilidad: cuando el disco ya no es cuello de botella, el software que lo gobierna queda más al descubierto.
La parte gráfica es otro mundo y exige una honestidad fría. La Arc B390 integrada con Xe3 es nueva, potente, pero nueva. En Windows, los controladores suelen llegar con un grado de pulido mayor desde el minuto uno por la presión comercial del gaming y por certificaciones. En Linux, el soporte puede estar muy avanzado, pero el rendimiento real depende de capas como Mesa, del estado de Vulkan, de firmware y de ajustes que no siempre están igual de maduros el primer mes. Por eso, que en CPU Linux salga por delante no contradice que en algunos escenarios gráficos Windows aguante mejor: son subsistemas distintos con ritmos distintos.
El punto débil: gráficos, juegos y el “depende” eterno
La conversación sobre Panther Lake se ha mezclado, inevitablemente, con una promesa que Intel ha repetido desde CES: que su iGPU de nueva generación puede acercarse a experiencias que antes pedían una dedicada, hasta el punto de comparar los modelos altos con un escalón de gráficas como la RTX 4050 en determinados casos. Es una comparación delicada, porque depende de juego, resolución, ajustes y drivers, pero sirve para entender por qué el apartado gráfico pesa tanto en esta generación: Panther Lake no quiere ser solo “buena CPU”, quiere ser plataforma completa para equipos finos.
En ese contexto, Windows sigue teniendo un terreno favorable en juegos por una razón simple y cruda: la mayoría del catálogo, de los motores y de los parches “día uno” se piensan primero para DirectX y para Windows. Linux ha avanzado muchísimo con compatibilidad y traducción de APIs, y hoy se juega más y mejor que hace años, pero la industria sigue girando en torno a Windows como plataforma de referencia. Cuando, además, se trata de una gráfica nueva como Xe3, el orden de prioridad en drivers puede inclinarse hacia Windows, aunque sea temporalmente.
Y luego está Vulkan, que debería ser el terreno neutral… y, sin embargo, ha aparecido como uno de los puntos donde en estas primeras mediciones el resultado no siempre favorece a Linux. En la práctica, Vulkan no es solo “una API”; es una cadena entera de implementación, de controladores, de compiladores de shaders, de cachés, de optimizaciones específicas por juego. Si una pieza no está donde debe, el rendimiento se cae como una persiana. Eso explica por qué el mismo sistema que brilla en CPU puede mostrarse menos consistente en algunos tests gráficos: son dos carreteras diferentes, con baches distintos.
Hay otro factor que en 2026 se ha convertido en una piedra repetida: los anti-cheat y algunos sistemas de protección en juegos competitivos. No es un asunto técnico menor, es un muro práctico. Windows, por pura adopción, lo tiene más fácil. Linux puede pelear con compatibilidad, pero hay casos donde el bloqueo es deliberado o donde el soporte llega tarde. En un artículo sobre rendimiento, esto puede parecer secundario, pero en la percepción de “qué sistema conviene”, el mundo real manda. Panther Lake puede ser una bestia con Linux en compilación y vídeo, pero si el portátil se compra para jugar a un título concreto que no funciona fuera de Windows, la balanza se inclina sola, sin ideología.
Aun así, el hecho de que se estén viendo portátiles concretos con Panther Lake en el mercado —por ejemplo, configuraciones de Dell XPS 14 (2026) con Core Ultra X7 y Arc integrada, o máquinas de MSI y Asus con la misma familia— ha puesto otra idea sobre la mesa: el salto de rendimiento y eficiencia está siendo suficientemente notable como para que muchos fabricantes se atrevan a prescindir de gráfica dedicada en ciertas gamas. Eso hace que la discusión Linux vs Windows sea más visible, porque ya no es “un portátil de nicho”: es una gama premium que se vende como alternativa seria a otras plataformas.
También conviene anotar que Windows 11 sigue moviéndose rápido en su modelo de actualizaciones continuas, con cambios que llegan fuera de las grandes versiones anuales. En febrero de 2026, Windows está en un ciclo donde conviven ramas como 24H2 y 25H2, con mejoras y parches acumulativos que pueden tocar rendimiento y estabilidad. En un duelo medido en una semana concreta, el estado de Windows importa tanto como el estado del kernel de Linux. Y esa es otra razón por la que esta historia, en realidad, no termina: se reescribe con cada driver y cada actualización.
El sistema operativo vuelve a importar, y mucho
Durante años, en portátiles de consumo, el sistema operativo parecía un destino fijo: venía Windows, se aceptaba Windows, y el debate terminaba ahí. Panther Lake ha reabierto una discusión que muchos daban por amortizada: la elección del sistema puede cambiar el rendimiento de forma visible, incluso en un chip pensado para “AI PC” y vendido como la punta de lanza de 2026. Que Linux aparezca ganando en CPU en pruebas públicas y reproducibles no significa que Windows “no sirva”; significa algo más interesante y más incómodo: que Windows ya no tiene garantizado el primer puesto por defecto en hardware Intel recién salido del horno.
La parte más reveladora de esta historia es que no se apoya en un ordenador raro ni en un “caso extremo”. Se apoya en un portátil comercial con un Core Ultra X7 358H, memoria rápida, SSD NVMe moderno y la iGPU Arc B390. Se apoya en un sistema Linux cercano a Ubuntu 26.04, que aún no ha salido pero ya está suficientemente avanzado como para plantarse en pruebas serias. Y se apoya en un Windows 11 contemporáneo, con sus defensas activas, su ecosistema, su forma de hacer las cosas. El resultado, hoy, es que en muchas cargas de trabajo sostenidas la ventaja cae del lado de Linux, mientras el terreno de gráficos y juegos sigue más repartido y, en algunos tramos, favorable a Windows por madurez y por prioridad histórica.
También hay una lectura industrial que Intel no puede ignorar: Panther Lake pretende ser bandera del proceso Intel 18A y de su regreso a un relato de liderazgo de fabricación, con técnicas modernas de transistores y entrega de energía. Si el chip es potente pero el rendimiento percibido depende tanto del sistema, el software se convierte en parte del producto, no en un accesorio. Y eso empuja a Intel a cuidar todavía más su pila en ambos mundos, porque la conversación pública ya está hecha: en la misma máquina, cambiar de sistema puede ser como cambiar de motor.
En los próximos meses se verá una evolución natural. Ubuntu 26.04 llegará a su versión final en abril, con un kernel estabilizado, cambios por defecto ya decididos y un soporte de hardware más asentado. Intel seguirá empujando drivers para Xe3 y para Arc, en Windows y en Linux, porque la iGPU de Panther Lake está demasiado expuesta como para dejarla “a medio gas”. Microsoft seguirá afinando Windows 11 en su ciclo de 2026. En ese movimiento de placas, el mapa de rendimiento puede variar en detalles… pero hay una idea que ya ha quedado grabada: Panther Lake ha demostrado que Linux puede competir —y ganar— en el terreno que durante décadas se dio por propiedad de Windows.
Al final, la noticia no es solo que haya números en una tabla. La noticia es que un procesador nuevo, vendido como lo más avanzado de Intel, ha servido para recordar algo que la industria había intentado convertir en invisible: el sistema operativo no es un decorado. Es una pieza mecánica. En Panther Lake, esa pieza mecánica está cambiando el resultado, y eso explica por qué, en febrero de 2026, la discusión se ha vuelto tan ruidosa y tan concreta. Linux se ha colado en el centro del escaparate de Intel, Windows 11 ha encontrado un rival real en su propio hardware, y la frase “en la misma máquina” ya no suena a detalle técnico: suena a titular con peso.
🔎 Contenido Verificado ✔️
Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y medios especializados, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: Phoronix, Intel Newsroom, ComputerHoy, Ubuntu.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/linux-humilla-a-windows-11/
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: Telegram Prensa Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: https://t.me/prensamercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://www.whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1W
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Cuánto sale pintar una casa completa de 100 metros cuadrados
- ★Restauran un palacio histórico junto al Coliseo: el secreto mejor guardado de Roma
- ★“Hola! Chau”, la nueva comedia de Jorge Weller, llega a los cines este jueves
- ★'Stop Killing Games' creará una ONG en Europa y otra en Estados Unidos para frenar la "destrucción de videojuegos"
- ★Los desgarradores gritos de una joven antes de ser asesinada cerca de un club de golf de Ezeiza
