
La noche del 31 de diciembre de 2025, mientras millones de personas en México celebraban la llegada del Año Nuevo, el cielo alrededor del Volcán Popocatépetl ofrecía un espectáculo distinto. No hubo fuegos artificiales oficiales ni celebraciones humanas. En su lugar, varias cámaras de vigilancia volcánica registraron una serie de objetos luminosos que parecían desplazarse sobre y alrededor del cráter. Las imágenes, difundidas primero por cuentas especializadas en monitoreo y después amplificadas por redes sociales, bastaron para reactivar una de las asociaciones más persistentes del imaginario colectivo mexicano: la del Popocatépetl como supuesto punto caliente de avistamientos OVNI.
Los vídeos, grabados durante la madrugada, muestran destellos que cruzan el encuadre a distintas velocidades. Algunos descienden en línea recta, otros parecen detenerse brevemente y cambiar de dirección. En una de las secuencias más comentadas, varios puntos brillantes aparecen desde una esquina de la imagen y se pierden detrás del volcán. Para muchos usuarios, la escena resultó inquietante. Para otros, fascinante. El debate, como casi siempre en estos casos, se polarizó en cuestión de horas.
No es un fenómeno nuevo. De hecho, la relación entre el Popocatépetl y los objetos voladores no identificados tiene raíces que se remontan varias décadas atrás. La primera referencia documentada de luces extrañas en torno al volcán data de mediados de los años noventa, coincidiendo con la reactivación del coloso tras más de medio siglo de relativa calma. En 1994, cuando el volcán comenzó a emitir fumarolas de manera constante, se instalaron sistemas de vigilancia permanente. Fue entonces cuando operadores y técnicos empezaron a notar anomalías visuales en algunas grabaciones nocturnas.
A partir de 1996, con la proliferación de cámaras de mayor sensibilidad y la cobertura mediática del volcán, los reportes se multiplicaron. Algunos fueron registrados por periodistas, otros por habitantes de comunidades cercanas como Amecameca o Santiago Xalitzintla. Luces que “entraban” al cráter, objetos que parecían rodear la cima y destellos que no coincidían con el paso de aeronaves convencionales. Todo ello fue alimentando una narrativa que, con el tiempo, trascendió el ámbito local y se instaló en la conversación nacional.
Durante los años 2000 y 2010, internet hizo el resto. Cada grabación se analizaba cuadro por cuadro, se ralentizaba, se compartía en foros y, más tarde, en plataformas como YouTube o X. Algunos vídeos alcanzaron millones de reproducciones. En varios de ellos se observaban objetos luminosos con movimientos que muchos calificaban de “inteligentes” o “controlados”. En ausencia de explicaciones inmediatas, las hipótesis más extraordinarias encontraron terreno fértil.
Más avistamientos OVNIs en el volcán
Los avistamientos no se limitaron a un solo episodio aislado. En distintos momentos —especialmente durante fases de alta actividad volcánica— se reportaron múltiples objetos en una misma noche. En 2012, por ejemplo, varias grabaciones mostraron luces desplazándose en formación sobre el cráter. En 2025, meses antes del episodio de Año Nuevo, cámaras captaron decenas de puntos brillantes creando patrones que algunos describieron como “coreografiados”. Ninguno de esos eventos recibió una explicación oficial concluyente.
La pregunta, inevitable, es por qué el Popocatépetl concentra tantos reportes de este tipo. Para los creyentes en la hipótesis extraterrestre, el volcán sería una suerte de base o punto de interés para civilizaciones avanzadas, atraídas por la energía geotérmica o por la ubicación estratégica del coloso. Estas teorías, aunque populares en redes y documentales sensacionalistas, carecen de respaldo científico.
Las explicaciones más aceptadas son bastante más terrenales. Astrónomos y especialistas en óptica atmosférica señalan que muchos de los objetos observados pueden corresponder a meteoros, bólidos o fragmentos de basura espacial que entran en la atmósfera. En determinadas condiciones, estos fenómenos pueden parecer más lentos o cambiar de brillo, creando la ilusión de maniobras complejas.
A ello se suma el creciente tráfico de satélites artificiales. Trenes de satélites, como los utilizados para telecomunicaciones, son visibles a simple vista y pueden generar confusión, sobre todo cuando se observan desde cámaras fijas con largo tiempo de exposición. Un satélite reflejando la luz solar justo antes del amanecer o después del anochecer puede parecer un objeto que “aparece” de la nada y se desvanece bruscamente.
También está el propio volcán. El Popocatépetl es uno de los más activos de América del Norte. Sus constantes emisiones de gases, vapor de agua y ceniza crean un entorno visual complejo. Las partículas en suspensión pueden reflejar luces distantes, distorsionar estrellas o amplificar destellos de aeronaves que vuelan a gran altura. A esto se añaden las limitaciones técnicas de las cámaras: ruido digital, insectos cerca del lente, gotas de humedad o fallos momentáneos del sensor.
Según pudo saber este medio, técnicos que operan sistemas de monitoreo volcánico reconocen que muchas de las “anomalías” detectadas en vídeo se explican al revisar el material con mayor resolución o contrastándolo con datos astronómicos y de tráfico aéreo. Eso sí, admiten que no todos los casos se resuelven con facilidad, sobre todo cuando las imágenes son de baja calidad o se difunden fragmentadas.
Ciencia vs. Ufología en el Popocatépetl
Las autoridades científicas han sido claras en su postura. Hasta ahora, no existe confirmación oficial de que alguno de los objetos observados en el Popocatépetl tenga origen extraterrestre o tecnológico no terrestre. Instituciones encargadas de la vigilancia volcánica insisten en que su prioridad es el comportamiento del coloso y la seguridad de la población, no la interpretación de fenómenos ajenos a su campo de estudio.
Conviene recordar, además, que el término OVNI no implica necesariamente algo alienígena. Se trata, en sentido estricto, de cualquier objeto observado en el aire que no puede identificarse de inmediato. Esa falta de identificación inicial es la que alimenta la especulación, especialmente en un contexto tan simbólico como el del Popocatépetl, cargado de historia, mitología y presencia constante en los medios.
El impacto social de estos episodios tampoco es menor. Cada nuevo vídeo genera miles de comentarios, teorías y discusiones. Algunos usuarios expresan miedo, otros curiosidad, y no faltan quienes aprovechan la ocasión para difundir desinformación. En paralelo, comunidades cercanas al volcán conviven con una realidad mucho más tangible: exhalaciones, ceniza, alertas y un riesgo volcánico permanente.
Mientras tanto, las cámaras seguirán grabando. El Popocatépetl continuará emitiendo gases y vapor, y el cielo nocturno seguirá ofreciendo destellos difíciles de interpretar. Entre la ciencia y la imaginación, el volcán mantiene su aura de misterio. No porque oculte respuestas extraordinarias, sino porque, en un entorno donde la naturaleza y la tecnología se cruzan, no todo resulta evidente a primera vista. Y eso, al final, dice tanto de lo que observamos como de lo que estamos dispuestos a creer.
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
JOSé MANUEL GARCíA BAUTISTA
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