
Mayweather anuncia que vuelve al boxeo profesional tras exhibición con Mike Tyson en primavera de 2026, y reabre el debate del invicto 50-0
Floyd Mayweather ha anunciado que vuelve al boxeo profesional a sus 48 años, con la idea de reabrir una carrera que cerró en 2017 y que dejó intacta una cifra que él mismo ha convertido en eslogan: 50-0. El excampeón mundial, múltiple campeón en varias divisiones, lo comunicó en declaraciones difundidas por ESPN, donde aseguró que aún conserva “los recursos” para establecer nuevos récords y seguir rompiendo números en un deporte que, con él, siempre ha sido también una industria.
El regreso llega con un prólogo ya calendarizado: en septiembre de 2025 Mayweather avanzó que se pondría de nuevo los guantes para una pelea de exhibición en la primavera de 2026 contra otra leyenda, su compatriota Mike Tyson. Ahora, la novedad no es solo esa noche de escaparate, sino la frase que cambia el guion: después del show, Mayweather habla de volver de verdad, con combates que cuenten, que se registren, que tengan el peso del profesionalismo.
El anuncio y la promesa de nuevos récords
La manera en que Mayweather lo ha dicho importa casi tanto como el hecho. No ha tirado de sentimentalismo ni de la típica nostalgia del “echo de menos el ring”. Ha ido directo a la idea de récords y de capacidad intacta, como si el retiro hubiese sido un paréntesis y no una despedida. Esa seguridad forma parte del personaje, sí, pero también de su trayectoria: Mayweather ha construido su carrera sobre un control obsesivo de los detalles, desde el ritmo del combate hasta la narrativa que lo rodea, y el anuncio suena a eso, a un plan más que a un impulso.
En su discurso aparece, además, un matiz que en el boxeo actual pesa como un gancho: la diferencia entre exhibición y pelea profesional. Él ha vivido cómodo en el circuito de exhibiciones, donde el evento se vende por el nombre, la regla se flexibiliza y el riesgo deportivo se negocia con guantes más grandes, asaltos pactados o incluso con un tono tácito de “no vamos a reventarnos”. El regreso que anuncia ahora pretende cruzar de nuevo esa frontera. En ese cruce es donde el boxeo deja de ser teatro y vuelve a ser examen, con árbitros, comisiones, licencias y un rival que ya no está ahí para acompañar, sino para ganar.
Y luego está el contexto personal: 48 años en un deporte que castiga el calendario y en el que el cuerpo no siempre avisa con tiempo. Mayweather, por estilo, ha envejecido mejor que otros; su boxeo siempre se apoyó menos en la guerra y más en el cálculo, en el paso lateral, en el amago que desactiva. Aun así, la edad no es un rumor, es una realidad física: la velocidad de reacción se estrecha, la recuperación se vuelve más lenta y el margen para corregir errores durante la pelea se hace más pequeño. Por eso el anuncio genera esa mezcla rara de atracción y sospecha: Mayweather promete que puede marcar nuevos registros, pero el ring es un juez que no acepta la reputación como prueba.
Del 50-0 al adiós de 2017
Para entender lo que significa este regreso hay que volver a 2017, al punto exacto en el que Mayweather decidió que su hoja de servicios ya estaba completa. Se retiró invicto, con la cifra redonda en la frente y con una carrera que siempre supo traducir el éxito deportivo a éxito económico. Su despedida profesional se produjo después de un combate que fue, al mismo tiempo, boxeo y fenómeno global: el cruce con Conor McGregor, que llevaba el choque de disciplinas al primer plano y convertía el ring en un gran escenario mediático. Aquella noche, más allá del resultado, funcionó como una despedida diseñada: Mayweather salía con los focos apuntando a su marca, a su récord y a su capacidad para convertir cualquier pelea en un acontecimiento.
Ese 50-0 no es solo una estadística. En el universo Mayweather es una pieza de marketing, un argumento de autoridad y una coraza. Ha sido el número que ha protegido su relato frente a críticas antiguas: la acusación de escoger rivales en el momento exacto, de controlar demasiado el riesgo, de pelear con un pragmatismo que algunos confundían con frialdad. Pero el boxeo, cuando se mira con lupa, rara vez premia la pureza: premia ganar. Y Mayweather ganó con una constancia casi industrial. Su estilo, basado en la defensa, el contragolpe y una lectura quirúrgica del rival, hizo del combate una especie de ajedrez con sudor.
En su palmarés quedan cinturones en varias categorías, un dominio prolongado en el wélter y el superwélter, noches de alta tensión y una capacidad casi insultante para salir limpio de peleas que, sobre el papel, podían ser peligrosas. Su figura también ha sido objeto de debate, por supuesto: el boxeador genial y el personaje provocador, el atleta meticuloso y el empresario que presume de dinero como si fuera un título más. Ese contraste, que a otros les rompería la imagen, a Mayweather le ha servido para mantenerse siempre en conversación. Y en 2026, cuando dice que vuelve, no regresa solo un boxeador; regresa un fenómeno.
Hay un detalle que suele quedar tapado por el ruido del récord: volver siendo invicto es una presión distinta. Una derrota a los 48 no sería una derrota “más”, sería una grieta en el símbolo. El 50-0 dejaría de ser una vitrina cerrada y pasaría a ser un número expuesto. En un deporte donde la leyenda se construye tanto con los golpes como con el relato, ese riesgo tiene un peso enorme, aunque Mayweather lo disimule bajo su habitual tono de control. Puede sonar contradictorio, pero ahí está parte del atractivo: un hombre que siempre dominó el riesgo está decidiendo volver a ponerlo sobre la mesa.
Tyson en primavera de 2026: exhibición con peso propio
La exhibición anunciada con Mike Tyson para la primavera de 2026 funciona como puente entre dos mundos. Por un lado, el mundo del espectáculo, donde Tyson sigue siendo un nombre que pesa toneladas aunque pasen décadas; por otro, el mundo de la nostalgia bien empaquetada, donde el pasado se convierte en presente durante una noche y el público compra el viaje emocional aunque sepa que ya no es lo mismo. En ese terreno, Tyson es casi imbatible: su figura no depende de la actualidad, vive en la memoria colectiva como una imagen de potencia y peligro.
Tyson, además, no es un personaje cualquiera dentro del boxeo estadounidense. Fue campeón del mundo en los pesos pesados, un icono cultural y un terremoto mediático que trascendió el deporte. En una exhibición, ese magnetismo se convierte en producto: no hace falta que el Tyson de 2026 sea el de los años 80 para que el apellido siga vendiendo entradas y conversaciones. Y Mayweather lo sabe. En su lógica, Tyson no es un rival en términos de clasificación; es un socio de evento, un nombre que eleva la noche a categoría de acontecimiento.
La palabra exhibición también marca el tono de lo que se espera. No es una pelea profesional, no entra en el historial, no tiene el mismo tipo de control por parte de organismos y sanciones. En general, el planteamiento suele suavizar el impacto: reglas pactadas, objetivos implícitos de espectáculo, margen para que el combate no se convierta en una carnicería. Aun así, no hay que engañarse: dos leyendas en un ring pueden generar situaciones imprevisibles, por orgullo, por inercia competitiva o simplemente porque el cuerpo responde de un modo extraño cuando suena la campana. El boxeo tiene esa crueldad: incluso en modo “show”, un golpe bien puesto sigue siendo un golpe.
Y aquí aparece una lectura interesante: Mayweather utiliza esa exhibición como antesala de su regreso profesional, casi como si fuera un calentamiento público. Hay algo de puesta en escena y algo de prueba general. Si llega a primavera de 2026, sube al ring con Tyson y se ve ágil, rápido, con reflejos, el mensaje del regreso profesional gana credibilidad. Si se ve lento, si parece más una celebridad que un boxeador, la promesa de “nuevos récords” pierde brillo. Por eso ese combate, aunque no cuente oficialmente, sí contará en percepción. Mayweather siempre ha sido un maestro en controlar la percepción; esta vez, la percepción dependerá de lo que haga su cuerpo delante de todo el mundo.
Volver a lo profesional: reglas, licencias y rivales
Volver al boxeo profesional no es solo decirlo. Implica tramitar licencias, ajustarse a requisitos médicos, aceptar el marco de una comisión atlética y someterse a una lógica competitiva que no siempre se puede dirigir como un evento de exhibición. En el profesionalismo, el rival llega con un objetivo claro: ganar, hacer daño si hace falta y aprovechar cualquier señal de desgaste. Esa es la diferencia brutal. El ring profesional es menos amable, más frío, más reglado… y también más peligroso.
En 2026, además, el boxeo vive una época extraña: conviven los campeones de siempre, las disputas por cinturones, las unificaciones que se persiguen y se escapan, y el crecimiento de una industria paralela de combates convertidos en entretenimiento para públicos que no necesariamente siguen rankings. Mayweather ha navegado como nadie esa mezcla. Su anuncio sugiere que quiere volver a la parte “seria” sin renunciar a su fórmula: grandes bolsas, grandes focos, gran conversación. Lo que todavía no existe es el dato que de verdad define un regreso: quién, dónde y cuándo será la primera pelea profesional después de Tyson.
Qué puede contar como pelea profesional
En la práctica, una pelea profesional significa que el combate se celebra bajo reglas estándar, con un árbitro y jueces designados por la comisión, con reconocimiento oficial y con un rival licenciado, en un peso pactado y con controles médicos previos. Parece burocracia, pero es el corazón del asunto: es lo que convierte un combate en un resultado que se registra para siempre. Cuando Mayweather dice que vuelve al profesionalismo, está diciendo que quiere que lo que haga a partir de ahí vuelva a dejar huella en su historial, no solo en el clip del día siguiente.
También significa una cosa menos visible: el entrenamiento cambia. Para una exhibición, se puede preparar el cuerpo para lucir, para moverse, para sobrevivir sin apretar el acelerador. Para una pelea profesional, el campamento suele ser más duro, más largo, más orientado a aguantar un ritmo real y a ejecutar un plan con precisión en un entorno hostil. Y, en un veterano de 48 años, ese tipo de campamento tiene un coste. Por eso, incluso antes de que se anuncie rival, el debate ya está en marcha: ¿qué tipo de Mayweather puede existir en un ring profesional en 2026? El Mayweather defensivo, sí; el Mayweather con piernas de goma, quizá no.
El rival perfecto: negocio y riesgo
El rival del regreso será, inevitablemente, un equilibrio entre negocio y riesgo. Un nombre demasiado joven y explosivo convertiría el regreso en una apuesta temeraria. Un rival demasiado cómodo, en cambio, haría que el anuncio sonara a truco, a pelea diseñada solo para engordar el historial sin ponerlo en peligro. Mayweather ha vivido siempre en ese punto medio: elegir rivales con cartel y con peligro medible, pero sin regalar nada. Ese instinto, que le dio tantas victorias, será el que marque la credibilidad del regreso.
En el imaginario del boxeo hay opciones que aparecen solas, como si fueran reflejos. La idea de una gran revancha contra otro histórico, por ejemplo, siempre flota, porque el mercado entiende esos duelos como grandes noches garantizadas. También está la posibilidad de un combate en un peso pactado, una especie de “territorio neutral” que facilite el evento sin encajar de lleno en una división concreta. Y luego está la opción más Mayweather: un rival con nombre, con trayectoria, con capacidad de vender un evento, pero con un perfil que encaje en su manera de boxear. Por ahora, lo único firme es lo que él ha puesto sobre la mesa: después de Tyson, habrá profesionalismo. El resto son piezas aún sin colocar.
La cuenta atrás hacia el ring
Lo que queda claro es que el anuncio reordena la conversación del boxeo para 2026. De golpe, el calendario imaginario se llena de posibles escenarios: primero la exhibición con Tyson en primavera, luego el regreso profesional que Mayweather promete, y en paralelo el ruido inevitable de negociaciones, sedes, plataformas y cifras. Mayweather siempre ha entendido el boxeo como un evento total, con luces, con cámaras, con relato, y su vuelta apunta a eso: no a una pelea discreta, sino a una operación grande, ruidosa, con su nombre en el centro.
También reabre un debate que con él nunca se cerró del todo: qué significa la grandeza en el boxeo moderno. Para algunos, la grandeza está en buscar siempre al rival más peligroso, en exponerse al desgaste, en pelear “cuando toca” y no cuando conviene. Para otros, la grandeza está en ganar siempre, en dominar el deporte con inteligencia y en convertir cada pelea en un acontecimiento. Mayweather encarna esa segunda visión con una naturalidad casi provocadora. Su regreso profesional, si se concreta en un combate real tras Tyson, pondrá a prueba su propio argumento: que todavía puede ganar, que todavía puede brillar, que todavía puede hacer del ring un lugar donde él manda.
La exhibición con Tyson funcionará como termómetro público. No por el resultado oficial, que no contará, sino por las sensaciones: la velocidad, la distancia, el reflejo al esquivar, la manera de caminar hacia atrás sin perder equilibrio, esa música que siempre tuvo en las piernas. Si Mayweather sale de ahí con buena imagen, el anuncio del profesionalismo se vuelve más que un titular; se vuelve una amenaza para quienes pensaban que el 50-0 era una cápsula cerrada. Si sale con dudas, el regreso seguirá siendo noticia, sí, pero una noticia con preguntas flotando en el aire como humo después de una bengala.
Y, aun con todas esas incógnitas, hay algo que Mayweather consigue con una sola frase: volver a situarse en el centro del ring sin haber tirado todavía un solo golpe profesional. Mayweather ha anunciado que regresa para romper récords, ha fijado un gran evento con Tyson como puerta de entrada y ha dejado el siguiente paso en suspense, que es justo donde él siempre se ha movido mejor. En el boxeo, el silencio también vende; pero en 2026 el silencio tendrá fecha de caducidad, porque cuando llegue la primavera y suene la campana, lo que se vea ya no será una promesa, será un cuerpo, un ritmo y una verdad.
🔎 Contenido Verificado ✔️
Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: ESPN, Reuters, La Vanguardia, AS, MMA Fighting.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/mayweather-vuelve-al-boxeo-profesional/
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