
Salud pública en colapso en Foz do Iguaçu exámenes “de urgencia” tardan meses y cirugías básicas se postergan por más de dos años
El sistema público de salud de Foz do Iguaçu atraviesa una crisis profunda, prolongada y ya imposible de disimular. Lejos de tratarse de una coyuntura pasajera, el colapso sanitario se ha convertido en una constante que sobrevive a los cambios de autoridades, a los anuncios oficiales y a las promesas reiteradas de reestructuración. Lo que permanece es el abandono.
Pacientes con prescripción médica de urgencia reciben, en la práctica, una condena a la espera. Exámenes fundamentales para diagnósticos inmediatos —solicitados como emergencia por profesionales de la red pública— demoran entre dos y tres meses en realizarse. La urgencia desaparece en la burocracia, y con ella se pierde un tiempo que, en muchos casos, puede significar la diferencia entre una recuperación posible y un agravamiento irreversible.
La situación de las cirugías electivas básicas es aún más escandalosa. La fila quirúrgica acumula pacientes que esperan más de dos años por procedimientos simples y rutinarios. Hernias, cirugías ginecológicas, vesícula, intervenciones traumatológicas de baja complejidad permanecen congeladas en listas interminables. Mientras tanto, los pacientes sobreviven con dolor crónico, limitaciones físicas, pérdida de ingresos y deterioro progresivo de su salud y dignidad.
Las Unidades de Pronta Atención y el hospital municipal operan de manera permanente al borde del colapso: salas abarrotadas, esperas interminables, falta de camas y profesionales exhaustos. A esto se suma una denuncia recurrente de la población: descompromiso médico, atenciones apresuradas, diagnósticos superficiales y derivaciones tardías, en un sistema donde la responsabilidad parece diluirse y nadie responde.
Las autoridades locales continúan justificando el desastre con factores externos —brotes de dengue, aumento estacional de enfermedades respiratorias o demanda regional—, pero la población ya no acepta excusas. El problema es estructural, crónico y político. Falta gestión, planificación, inversión sostenida y, sobre todo, presencia del Estado.
Hoy, Foz do Iguaçu exhibe uno de los sistemas de salud pública más ineficientes del sur de Brasil. Quienes pueden, huyen hacia la medicina privada. Quienes no, esperan: meses por un examen “urgente”, años por una cirugía básica o, en el peor de los casos, esperan demasiado.
En esta ciudad fronteriza, la salud pública dejó de ser un derecho garantizado y pasó a ser una promesa vacía, repetida por autoridades ausentes mientras la población paga el precio con su propio cuerpo.
