
Anda por ahí un conejo, malo, por cierto, que de un momento para otro ha tenido la osadía y el desparpajo de asumir la vocería de los latinos. Un joven muchacho de hablar enredado, seguido y amado por los chicos, mirado con cierta reticencia por nosotros los más viejos.
“Ya no se hacen canciones como otrora”, protestaba con amargura hace unos días mi amigo Javier Eustasio, mientras embutidos en nuestras respectivas ruanas degustábamos un café muy caliente y muy negro en un pequeño local al resguardo del frio y de la lluvia que, por estos días, se enseñorean en esta Bogotá ruidosa, desordenada, caótica.
“Desaparecieron los Lecuonas, los Lara, todos esos grandes compositores que escuchaban nuestros viejos, desaparecieron Aute, recientemente Eddie Palmieri y Willie Colón, ya no se escucha a Mocedades, algunos de cuyos miembros han fallecido, la Oreja de Van Gogh, Sergio y Estibaliz, Mecano, tampoco a Raphael, murieron Alberto Cortés, Pablo Milanés, vaya, todos ellos se fueron al igual que cantantes como Mercedes Sossa, grupos como los Visconti, los Chalchaleros, les Luthiers, y en su lugar han surgido cosas raras e impronunciables como el reggaetón, ritmos desenfrenados como la Champeta y, bueno, conejos malos de hablar enredado a los que poco se les entiende lo que dicen”, recordó de un tirón mi contertulio para después tomarse un largo sorbo de café.
Extrañamente, sin que en apariencia tuvieran que ver lo uno con lo otro, de pronto nos encontramos hablando de Trump, el despótico gobernante de los EEUU, de su tristemente célebre perro de presa ICE, de la persecución a los inmigrantes, la incompatibilidad de los actuales gobernantes de la nación norteamericana con todo lo que huela a latino, se pronuncie con la dulzura de nuestra lengua y tenga la piel de color canela, como en la reconocida canción del gran Bobby Capó.
Hablamos de la situación amenazante y el temor de muchos amigos y familiares que viven en los EEUU, de la manera como el régimen gringo revisa correos y redes sociales para censurar y castigar a quienes se expresen en contra de las decisiones del tirano y, de pronto, nos encontramos hablando de la atrevida presentación del Conejo Malo en el Super tazón, una fiesta de lo más gringo que pueda existir, su rebelde incursión en ese evento deportivo y el efecto de su presentación, diríamos que en español, aunque la verdad poco es lo que pudimos entender de su canto.
Extrañamente encontré que mi amigo Javier Eustasio, habitual crítico de los músicos actuales y sus ritmos desenfrenados, sus coreografías atrevidas de alto contenido sexual y letras repetitivas como extrañas jaculatorias, sonreía y se reía con picardía al recordar los 15 minutos que fueron algo así como una bofetada en la cara del señor zanahoria y sus brutales seguidores y esbirros.
Pasadas las 7 de la noche me despedí de mi amigo y contertulio y, luego de levantarme con cierta penosa dificultad del asiento,, emprendí mi camino de regreso a mi casa. De vez en cuando una risa socarrona se apoderaba de mi expresión, mientras algunos peatones me miraban, algunos con simpatía y otros con sorpresa, no faltó quien me recordara aquella frase “Quien se ríe sólo, de sus picardías se acuerda”.
Al llegar a mi casa, y luego de enfundarme en mi gruesa piyama, me acerqué a mi computador y busqué las imágenes frenéticas de la presentación de Benito Antonio Martínez Ocasio en el super tazón y, créanme, por un momento logré entender su enredada dicción y disfruté como nunca sus gestos, sus canciones, sus saltos y la coreografía que lo acompañó, su alusión a ritmos caribeños, a los trabajadores de las plantaciones de caña, a la belleza y atrevimiento de nuestras bellas mujeres, a su suave piel canela, su hablar dulce, sus miradas…
En un momento me levanté, me infiltré en el estudio donde mi esposa elabora sus artesanías y, sin más ni más, la abracé y le estampé un beso en la mejilla. Quedó un tanto sorprendida, pero estaba muy concentrada en sus trabajos por lo que decidí regresar a mi estudio y empezar a buscar reacciones y comentarios respecto de la presentación del boricua.
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LA HISTORIA
Bad Bunny o “el conejo malo” o Benito Antonio Martínez Ocasio nació en Bayamón, Puerto Rico, el 10 de Marzo de 1994, tiene 31 años, casi la edad de mi hijo mayor, es reconocido por algunos medios como el nuevo “rey del pop”, es un reggaetonero boricua de amplio reconocimiento y con miles de adeptos y seguidores en el mundo latinoamericano y en los propios EEUU y Europa, ha sido premiado con el Grammy latino y la presentación de este año no fue la primera vez que aventuraba en el Super tazón: De hecho en 2020 acompañó a Shakira en el espectáculo de medio tiempo en ese evento.
Su historia ha sido una serie de continuos éxitos: Catalogado en varias ocasiones como uno de los 200 artistas hispanohablantes más importantes del mundo, ganó en el presente año el premio Grammy al álbum más importante del año con su producción “Debí tirar mis fotos”.
Comunicador audiovisual de la Universidad de Puerto Rico, sus inicios como cantante y compositor los hizo en la plataforma SoundCloud desde el año 2013 y, desde el año 2016 a la fecha, su historia ha venido en crescendo con un éxito tras otro y trabajos colaborativos con importantes cantantes como Karol G, Shakira, J Balvin, Don Omar, Nicky Jam, entre otros, consolidándose como una figura de renombre en el trap latino.
Reconoce como sus fuentes e inspiradores a cantantes de la talla de Héctor Lavoe, Daddy Yankee y Marc Anthony, en sus canciones se pueden encontrar referencias del soul, el pop y el R&B. Él mismo explica su versatilidad y la frecuente alusión e inclusión de ritmos caribeños y latinoamericanos en sus producciones asegurando que “Hay que intentar unir públicos, unir países, unir gustos musicales, unir a la gente”.
Esta declaración evidencia que esa rica mezcolanza de ritmos que caracterizaron su presentación en el Super Tazón 2026 no es una casualidad, es parte de una propuesta estructurada y muy valiosa sobre todo hoy, en momentos en que la cultura latinoamericana en los EEUU se encuentra bajo ataque.
Bad Bunny ha defendido en su arte el rol de la mujer latina, su belleza, el respeto a la misma, la inclusión tanto de la mujer como de las personas LGBT, se ha inspirado en las luchas y eslóganes del movimiento feminista en su país de origen.
En otro aspecto interesante de su continua exploración de escenarios que atienden a sus sueños de niño, Bad Bunny también se ha involucrado en la lucha libre con relativo éxito en la WWE de los EEUU.
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EL SUPERTAZÓN 2026
Enmarcado en la dura situación que atraviesan los inmigrantes, en especial los latinoamericanos, bajo las duras disposiciones y la persecución inmisericorde e inhumana del actual gobernante de los EEUU y su perro de presa ICE, el conejo malo aprovechó su invitación al Supertazón 2026 para desarrollar un libreto en el que, para comenzar, reivindica el uso del idioma español, la belleza de la mujer latina, la riqueza cultural que los latinoamericanos han aportado a los EEUU y el trabajo mal remunerado y poco reconocido de los inmigrantes latinos en las plantaciones de esa nación.
El conejo malo hace alusión a los orígenes de muchos de los hispanohablantes en esa gran nación, a su música, a sus países; llama a revalidar y defender sus valores y su rol en la construcción de los EEUU.
Saltando y retozando, mientras entona sus exitosas canciones, en un populoso y rico escenario pleno de frenéticos bailes y cadencias, el conejo malo presenta también un rico branding que resume la cultura latinoamericana y caribeña y, lleva, sin duda, a la ejecución de un poderoso marketing de su marca personal.
“Nada es gratuito”, recuerda con ironía mi amigo Javier Eustasio en nuestra siguiente sesión de tinto negro e hirviente, en nuestro cálido recoveco en las sinuosas calles bogotanas, durante nuestro siguiente encuentro, justamente cuando le muestro lo que mi pluma ha escrito al respecto del rebelde roedor y después de reírnos a mandíbula batiente del mensaje supremacista del anciano dormilón y racista que quiere ser rey del mundo y emperador de l universo, mientras sus esbirros matan a ciudadanos inocentes en los EEUU y sus cómplices en el gobierno intentan por todos los medios explicar y justificar lo injustificable.
“Está claro que el malvado conejito se volvió, como dicen ahora, viral. Se puso en la boca de todos, incluidos los racistas y supremacistas, reivindicó con su hablar enredado e incomprensible lo nuestro, seguramente está vendiendo como nunca, su imagen favorable se disparó y, hoy por hoy, ya no es sólo un cantante y compositor muy exitoso, hoy es un héroe de la comunidad latinoamericana”, prosigue mi amigo Javier.
“Yo mismo me he sorprendido escuchando sus canciones”, asegura mi viejo amigo, “he llegado a entender mejor su hablar”, confiesa. En ese momento en ese recóndito lugar donde nos refugiamos en las tardes empieza a sonar una melodía y una voz algo grave, con ese inconfundible acento portorriqueño, empieza a cantar algo ininteligible. Sin embargo, pronto nos sorprendemos todos repitiendo la letra, siguiendo con nuestros pies el ritmo de su incandescente música. Mientras afuera el mundo sigue su curso, pasan los buses, pitan los carros, pasan los peatones, ladran los perros callejeros, nosotros escuchamos y compartimos con los presentes una canción, quien sabe cómo se llama, del perverso saltarín…
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CONCLUSIÓN
El video de Bad Bunny es una magistral pieza de branding, pero a la vez de marketing, es un reconocimiento a nuestros valores, a lo latino. Uno puede sentirse emocionado o no por la música incomprensible de Benito, pero lo que no puede, más en las actuales circunstancias, es sentirse ajeno a su poderoso mensaje.
Pueda ser que como un justo y merecido corolario de su video y presentación el perverso saltarín centuplique sus ventas, llame la atención de muchos nuevos clientes, pero uno no deja de sentir que Benito le dijo con gran elocuencia y remarcable decencia en la cara al tirano zanahoria lo que muchos pensamos de él, pero en otros términos muchos más duros.
Frente a la incertidumbre y el temor generados por el maleante estadounidense el mensaje de Bad Bunny validando el uso de nuestra bella lengua, la belleza de nuestras mujeres, la laboriosidad y talento del latinoamericano para convertir sus duras vivencias en obras con una potente estética como nuestras canciones es en extremo remarcable.
Frente a la complejidad de las amenazas, la injusta e inhumana persecución por nuestro color de piel, nuestro hablar acompasado y melodioso, el mensaje de Bad Bunny cala en el corazón de los latinos, nos anima a luchar, sabemos que nada de esto es permanente, que Trump pasará, que los EEUU superarán, como siempre lo han hecho estas aventuras y deslices racistas, que la calma volverá y la gente podrá de nuevo soñar , trabajar y aportar al crecimiento de esa gran nación, mientras los supremacistas se refugian en sus oscuros y minúsculos egos.
