
Un cuerpo diseñado para llamar la atención… y desaparecer
A primera vista, el ave paragüero —también conocida como paragüero de cuello desnudo— parece hecha de sombras.
Su plumaje negro domina el contorno, pero ese “negro” no es uniforme: bajo ciertos ángulos de luz puede verse brillante, con reflejos que recuerdan un metal pulido.
En selvas donde la iluminación cambia a cada paso —sol filtrado, hojas en movimiento, niebla— esa variación óptica puede ser tan útil para romper la silueta como para resaltar en el momento oportuno.
El rasgo más famoso es el penacho cefálico: un conjunto de plumas que el macho puede erizar hasta formar una especie de cúpula sobre la cabeza, el “paraguas” que le da nombre.
La especie, además, presenta el distintivo cuello con piel desnuda (de ahí glabricollis, “cuello liso”), un contraste anatómico que vuelve más evidente cualquier movimiento de cabeza y garganta durante la exhibición.
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El “paraguas” como mensaje: comunicación a distancia en la selva
En muchas aves tropicales, la comunicación no depende solo del canto: depende de ser visto entre ramas, a contraluz y a menudo desde lejos. En ese contexto, la morfología importa.
El penacho funciona como señal amplificada: aumenta el tamaño aparente de la cabeza, cambia la geometría del perfil y crea un patrón de “volumen” fácil de detectar incluso con visibilidad parcial.
La forma del ala y el porte robusto, típicos de los cotingas (familia Cotingidae), también influyen. No se trata de acrobacias constantes, sino de desplazamientos cortos y controlados para ocupar perchas, sostener posturas y repetir secuencias.
En especies que exhiben en puntos fijos, la anatomía favorece la estabilidad y la repetición del gesto: la coreografía es parte del mensaje.
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Cortejo y selección sexual: cuando el adorno decide quién se reproduce
El paragüero pertenece a un grupo en el que el cortejo suele organizarse en leks: sitios donde varios machos exhiben y las hembras comparan.
Allí, el penacho no es un “sombrero” simpático: es una hipótesis evolutiva viviente. La selección sexual tiende a exagerar rasgos visibles cuando estos se vuelven indicadores de calidad —salud, vigor, experiencia o capacidad de sostener conductas costosas—.
En cotingas con ornamentos prominentes se ha documentado un patrón consistente: los machos que ejecutan exhibiciones más completas, con señales más marcadas, suelen recibir más atención.
En el paragüero, la extensión y control del penacho, junto con posturas y vocalizaciones graves, actúa como un paquete de información.
El resultado es una presión evolutiva que puede empujar hacia plumas más largas, mejores ángulos de despliegue y rituales cada vez más estandarizados.
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Parientes cercanos: el mismo lenguaje, distintos “dialectos”
Comparado con otros miembros del género Cephalopterus, el repertorio del paragüero se entiende mejor.

El ave paragüero amazónica (C. ornatus) y el paragüero de carúncula larga (C. penduliger) muestran variaciones del mismo tema: penachos dramáticos y estructuras colgantes en la garganta o pecho que se exhiben durante el cortejo.

La diferencia es de énfasis: donde una especie alarga una carúncula, otra refuerza el contraste del cuello o el volumen del penacho.
En términos evolutivos, es como si la familia Cotingidae hubiera ensayado múltiples soluciones para un problema común: ser inolvidable en un bosque que lo traga todo.
Ciencia del negro brillante: pigmentos, estructura y posibles aplicaciones
El negro del paragüero no depende solo de “más pigmento”. En aves, el color puede venir de melaninas (pigmento) y también de microestructuras en las plumas que manipulan la luz.
Esa arquitectura —barbas, bárbulas y superficies con relieve microscópico— puede aumentar la absorción o producir brillos direccionales. Por eso un plumaje “negro” puede verse mate en sombra y lustroso bajo un rayo oblicuo.
Esa física interesa más allá de la ornitología. El estudio de plumas negras con alta absorción o brillo controlado alimenta líneas de biomimética: recubrimientos que gestionan reflejos, materiales con absorción selectiva o superficies que combinan discreción y señalización según el ángulo, algo valioso en óptica, sensores y diseño de materiales.
En el paragüero, el “paraguas” no es un capricho. Es un instrumento de comunicación afinado por la selección sexual, una superficie donde la luz escribe información, y un recordatorio de que, en la selva, la evolución no solo selecciona la supervivencia: también selecciona la manera de ser visto.
Alba Acosta
Fuente de esta noticia: https://www.abc.com.py/ciencia/2026/02/22/cortejo-y-plumaje-como-el-ave-paraguero-cautiva-en-la-selva/
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