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En un tono inusualmente frontal, el presidente de Colombia elevó el pulso de su confrontación con la prensa nacional al acusarla de invisibilizar lo que considera uno de los mayores logros sociales de su administración: la reducción sostenida de la mortalidad infantil en menores de cinco años. Según el mandatario, mientras los titulares se concentran en la controversia política y las disputas alrededor de la reforma sanitaria, las cifras que -afirma- reflejan un cambio estructural en la protección de la niñez permanecen relegadas.
El eje de su argumento descansa en un cuadro comparativo que mide la variación de muertes de niños y niñas menores de cinco años frente al último año del gobierno anterior. No se trata, insiste, de una interpretación parcial de los datos, sino de una comparación directa que permite dimensionar el impacto en términos concretos: cuántas vidas se salvaron en relación con la administración precedente.
El presidente va más allá. Sostiene que, aun sin haber concluido su mandato, su gobierno ha logrado salvar más menores de cinco años que la suma de todas las administraciones en lo corrido del siglo XXI. Es una afirmación de gran peso político, que coloca el debate sanitario en una escala histórica y convierte las estadísticas en un argumento central de su proyecto de transformación.
Para el jefe de Estado, la clave del resultado no está en el modelo tradicional basado en las Entidades Promotoras de Salud (EPS), sino en la expansión de los equipos básicos de salud del Ministerio y en el fortalecimiento de la red pública hospitalaria. Según su versión, el enfoque preventivo -centrado en la atención primaria, la visita territorial y la detección temprana de riesgos- ha demostrado que es posible intervenir antes de que la enfermedad se convierta en tragedia.
La apuesta, explica el Ejecutivo, consiste en desplazar el eje del sistema desde la atención tardía hacia la prevención comunitaria. Equipos médicos y de enfermería desplegados en zonas urbanas y rurales, seguimiento a mujeres gestantes, controles nutricionales, vacunación y acompañamiento constante a familias vulnerables forman parte de una estrategia que busca atacar las causas estructurales de la mortalidad infantil: desnutrición, infecciones prevenibles y barreras de acceso.
En esa narrativa, el dato estadístico adquiere un significado más profundo. No es solo una reducción porcentual, sino la representación de miles de hogares que no tuvieron que enfrentar la pérdida de un hijo. “Son vidas que continúan”, repiten desde el Gobierno, al subrayar que cada punto porcentual implica historias concretas, no abstracciones.
La confrontación con la prensa, sin embargo, revela una dimensión adicional del debate: la disputa por el relato público. El presidente sostiene que los grandes medios han preferido destacar los tropiezos administrativos, las tensiones políticas y las incertidumbres financieras del sistema, dejando en segundo plano los indicadores de resultado. Desde sectores periodísticos y críticos, en cambio, se argumenta que el escrutinio es parte esencial de la democracia y que cualquier transformación estructural debe ser examinada con rigor.
La prensa se ha dedicado a desprestigiar cotidianamente nuestro esfuerzo de mejorar la salud de los colombianos.
No muestra estos resultados, por ejemplo, que no se obtuvieron con las EPS pero si con los equipos básicos de salud del.ministerio y la red pública.
Pueden… pic.twitter.com/zyDohb8yNI
— Gustavo Petro (@petrogustavo) February 21, 2026
En el trasfondo, Colombia atraviesa una discusión profunda sobre el modelo de aseguramiento, la intermediación financiera y el papel del Estado en la garantía del derecho a la salud. La reforma impulsada por el Gobierno ha generado resistencia en sectores empresariales y preocupación en parte de la opinión pública. Pero el presidente insiste en que los números sobre mortalidad infantil constituyen la evidencia más contundente de que el enfoque preventivo funciona.
El mandatario plantea que el sistema que construye -uno que no depende de la lógica de financiación de las EPS para su componente preventivo- ha logrado resultados que antes parecían inalcanzables. Para él, la disminución de muertes en la primera infancia no es solo un logro sectorial, sino un indicador de equidad social: la señal de que el Estado está llegando a territorios históricamente excluidos.
La discusión está lejos de cerrarse. Los críticos piden análisis independientes, contextualización estadística y evaluación de sostenibilidad a largo plazo. El Gobierno, por su parte, defiende que el impacto ya es medible y que el cambio de paradigma es irreversible.
En medio del cruce de posiciones, una cifra se convierte en el corazón del debate: la de los niños y niñas que hoy superan los cinco años de vida y que, según el presidente, no lo habrían hecho bajo el esquema anterior. En una nación marcada por profundas brechas sociales, esa estadística no solo alimenta la controversia política; redefine la manera en que se mide el éxito de una política pública.
Porque, más allá de la confrontación con la prensa, el mensaje presidencial apunta a una tesis más ambiciosa: que la prevención puede transformar el destino de una generación entera. Y que, si los datos se sostienen en el tiempo, la historia sanitaria del país podría estar escribiendo uno de sus capítulos más decisivos.
