
Hoy dedicamos al Tite Curet nuestros mejores pregones en homenaje a su memoria irreductiblemente caribeña.
“Quien no trabaja con las manos corre el riesgo de perder la cabeza” (Tite Curet Alonso)
Aquellas clarinadas en clave que salían de la garganta de Ismael Rivera y del sabor de su compadre Rafael Cortijo habían comenzado a ser entendidas por muchos en el Caribe. Ya Catalino Curet Alonso, el de Guayama andaba por ahí. Acudiendo a las sonoridades de su tierra natal habían logrado no sólo acaparar la atención de melómanos y bailadores sino que habían logrado que su propio pueblo se sintiera reflejado en ese accionar que a punta de bomba y de plena devolvía autoestima.
Ya algunas orquestas asomaban temas con letras como codificadas y daba la impresión de que había una avanzada salsera apuntando a la conciencia de todos. Ismael Quintana estaba en esa avanzada junto a Eddie Palmieri. Raphy Leavitt, Sammy Marrero y “La Selecta” también. Pero había otra avanzada.

El mapa
Cuba contaba ya con Carlos Puebla, y con su movimiento de Trova, y desde el Sur se nos obsequiaba como promesa cumplida la artillería cantada de Víctor Jara, de Quilapayún, de Violeta y los Parra, de Jorge Cafrune, de El Temucano, de la Negra Mercedes Sosa, de Inti Illimani, de Daniel Viglietti, de Alfredo Zitarrosa, de Los Olimareños.
Venezuela, con Gloria Martín, Alí Primera, Los Guaraguao, el grupo Ahora, La Chiche Manaure, y los defensores de la canta de tradición como Lilia Vera, Cecilia Todd, Hernán Marín, Un Solo Pueblo, Luango, 1,2,3 y Fuera, y Serenata Guayanesa entre otros, estaba enrolada en esa vanguardia, a su manera, con temas propios surgidos de la tierra, de la costa, de la esperanza, en la creación de un tremendo grupo de poetas y compositores. La República Dominicana también tenía su canción de conciencia llevada en tiempo de Bachata original, roja, y hasta de territorio estadounidense escuchábamos temas libertarios, mientras Europa aportaba lo suyo, y cómo. Recordamos a Serrat, a Aute, a Theodorakis y de África ni se diga, que Moustaki y Makeba fueron solo la punta del iceberg.
Puerto Rico no se quedaba atrás. Sus voces más sentidas venían del campo, del interior de la isla, con sus seis, sus puntos, sus aguinaldos, incluyendo las cadenas; allí convergieron José Ángel Ortiz “el jíbaro de Yauco”, Juan y Luís Morales Ramos, Chuíto el de Bayamón, Luís Miranda, María Esther Acevedo. (Es a ella a quien escuchamos una cadena titulada Lamento que luego el Gran Combo llamó Lamento Jíbaro.
Lamento (María Esther Acevedo)
Hay también un extraordinario y combativo “Lamento Jíbaro” de Raphy Leavitt, siempre con La Selecta y la voz inconfundible de Sammy Marrero
Lamento Jíbaro
Pero volviendo a estos tiempos, para la segunda mitad de la década de los setenta Puerto Rico contó con el grupo “Haciendo Punto en otro Son”. Fue con ellos que esta zona bendita del mundo descubrió a otros poetas, a otra musicalidad, a otro dolor y a una esperanza. El poeta Nacional de Puerto Rico emergió para todos y “Oubao Moin” de Juan Antonio Corretjer se hizo emblema.
Oubao Moin
Muchos caribeños pudimos escuchar por primera vez y hasta las lágrimas lo que se ha convertido en un himno boricua, “Verde Luz” de Antonio Cabán Vale,El Topo. Quiero ver sola tu estrella/ isla doncella…
Verde Luz
Así, de a poco en el Caribe se fueron conociendo nombres, trayectorias, canciones, poemas, poetas, personajes, todos luchadores en favor de la soberanía de su tierra, hasta que pudimos llegar a Puerto Rico para, de la mano del Tite Curet Alonso y su (nuestra) inseparable Norma Salazar, enlazar esas historias y agregar lo que el tiempo cosechaba. Ahí conocimos a Roy Brown, a Andrés Jiménez, a Cabán Vale, a Zoraida Santiago, al magnífico grupo Atabal, a Lucecita Benítez, al Taller de Música campesina, a Edwin Colón Zayas, a los Pleneros del Quinto Olivo, al hermoso movimiento danzario que tiene la isla en esa identidad que lucha y respira…
Sal a caminar (Tony Croatto y Roy Brown)

Claridad
También se pudo conocer a ese bastión de resistencia y arte que es “Claridad”, el periódico de la nación puertorriqueña, y pudimos apreciar en su exacta dimensión la obra de Don Pedro Flores, de Rafael Hernández, de Pedro Ortiz Dávila, del Inquieto Anacobero Daniel Santos, y por supuesto la de Rafael Cortijo, el Tite, Ismael Rivera, Lucecita Benítez, Danny Rivera…

Norma Salazar nos introdujo en la obra de Juan Antonio Corretjer, el poeta nacional de Puerto Rico. Allí, en Río Piedras entendimos el exacto significado de obras como Oubao Moin y Boricua en la Luna, poemas magníficamente musicalizados por Roy Brown, conocimos la obra literaria de José Luís González y nos estremecimos con “La carta”:
San Juan, Puerto Rico 8 de marso de 1947
Qerida bieja:
Como yo le desia antes de venirme, aqui las cosas me van vién. Desde que llegé enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso bivo igual que el alministrador de la central allá.
La ropa aquella que quedé de mandale, no la he podido comprar pues qiero buscarla en una de las tiendas mejóres. Dígale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene de ella.
Boy a ver si me saco un retrato un dia de estos para mandarselo a uste, mamá.
El otro dia vi a Felo el ijo de la comai Maria. El también está travajando pero gana menos que yo. Es que yo e tenido suerte.
Bueno, recueldese de escrivirme y contarme todo lo que pasa por alla.
Su ijo que la qiere y le pide la bendision,
Juan
“Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel arrugado y lleno de borrones y se lo guardó en un bolsillo del pantalón. Caminó hasta la estación de correos más cercana, y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Contrajo la mano izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha abierta.
Cuando reunió los cinco centavos necesarios, compró el sobre y la estampilla y despachó la carta”.
En fin, comprendimos que las industrias nos vendían a Puerto Rico como tierra de alegría, orquestas bailables y bonanza, cuando la realidad era otra, intensa, de lucha. Tal vez así vendían la imagen de Cuba, antes de la revolución. “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas: Reciben flores y balas sobre el mismo corazón…” ya había sentenciado la combativa borincana Lola Rodríguez de Tió.
Contextualizar nos permite entender buena parte de nuestras historias, y la del periodista y compositor del que ya se arribó al centenario de su natalicio, es una de ellas.
De todas maneras Rosas
Nos resultó increíble que el Senado de su país rechazara una resolución para celebrar ese centenario, tal vez porque la ponente, senadora María de Lourdes Santiago, es independentista. Recordamos como en la hora el llanto de Catalino en Caracas al señalar al nutrido público que fue a escucharlo en la Universidad Simón Bolívar, que en en su país no se rendían honores al mismo país, a la nacionalidad, a los fundadores, ni a él mismo. Y lo acabamos de corroborar.
«La nación la representan quienes la afirman, no quienes la niegan” dijo Albizu Campos. Negar el valor histórico de los hijos es negar el ADN nacional.
Tite en Caracas
Era miércoles, 13 de mayo de 1987. El inolvidable amigo, locutor y presentador televisivo Víctor Prada Vallés llegó como una tromba a mi casa, en el litoral central venezolano. Se bajó del automóvil y soltó así, en la puerta, la noticia: “Se murió Ismael Rivera”. Nos abrazamos y lloramos sin tener capacidad para asimilar lo que había pasado. Entonces Víctor me dijo: “Vamos a Caracas. Tengo programa y vamos a llamar al Tite Curet que está tan conmocionado como nosotros”.
Mi triste Problema (En Caracas)
Fue la primera vez que hablé con el Tite, vía telefónica. Le hice varias preguntas y con mucha paz me respondió por las historias de Maelo, el que partió a las 5 y tanto de la tarde, a los 55 años, y dejando 5 hijos. “¿Sería hijo de Oshún?”. “Parece que no. Su grito de batalla era Ecuajey, la protección de Oyá, dueña del viento y el cementerio”.
Me dijo entonces: ¿Cuándo vienes a Puerto Rico?
Le prometí la visita, sin fecha precisa. Me dijo “No dejes de llamar, ocúpame que con gusto te atenderé”
Y bueno, lo ocupé algunas veces para sacarlo al aire preguntándole lo que la audiencia preguntaba: Que si La Lupe, que si la historia de algún tema en específico, que si se había sentido discriminado alguna vez, y hasta por cómo era su método de creación. Él se reía. Catalino disfrutaba mucho del contacto humano. Era parco, pero muy afable.
La gran tirana (La Lupe)
En el Viejo San Juan
El 8 de septiembre de 1988 llegué a la parada 15, a escasos metros de la vieja tienda de discos de Rafael Viera (ex administrador de Las Estrellas de Fania), quien también nos esperaba. Nunca más nos desprendimos de la mirada escrutadora del Tite, de su mano cálida y de su sinceridad que casi rayaba en el descaro.
Luego conocí a Norma, su compañera, y con ellos fuimos a Rio Piedras, a Claridad, a visitar al grupo Atabal, ir a la placita de la Barandilla (la de Toribio y su güiro), sentarnos a tomar un buen café y conversar. Luego vendría la visita a su hogar donde me recibió nada menos que con un ron de ponsigué, el típico de mi tierra oriental, en Venezuela.
El Huracán Gilbert ya estaba avanzando por el Caribe y aunque no tocó a Puerto Rico, se sintieron sus fuertes efectos. El Tite me obsequió un afiche montado con la imagen de un Coquí y me explicó acerca de la ranita que no se separa de la tierra borincana. También un mapa de Puerto Rico en madera, con un reloj que sonaba cada media hora “Coquí coquí”.
Yo soy como el Coquí
También me obsequió la última camisa que usó Cortijo en un concierto, y me habló de él, y de Maelo…
Quería llevarme a Guayama, su pueblo natal,pero qué va. No alcanzarían las horas y el mal tiempo amenazaba.
Fue un viaje inolvidable que permitió constatar el cariño de su pueblo por él, a cada paso, su capacidad de análisis social y de observación cotidiana, su relación con la música y los músicos de su tierra, y su fraternidad.
Las visitas a Caracas
En 1992 llegó Tite Curet a Caracas y hubo algarabía.
La Universidad Simón Bolívar de Caracas organizó, en el marco de los 35 años de vida artística de Cheo Feliciano, un gran Foro por el quinto aniversario de la partida física de Ismael Rivera.
En ese foro, al que acudieron periodistas, poetas y melómanos y que abarrotó las instalaciones de la universidad, el invitado era Catalino Curet Alonso.

La fecha exacta fue 13 de mayo de 1992, según nota de prensa informativa.
El Tite estaba muy impresionado. Cheo Feliciano no se apartaba de su lado, ni esta periodista tampoco; hay una famosa foto de ellos dos, arrodillado Cheo delante de Tite, que corresponde a esa jornada.
El compositor diría ante esa increíble audiencia: “Siéntanse Bendecidos por tener a Simón Bolívar como Hijo y Padre de esta Patria” y luego, soltando el llanto, agregó “ Me emociona sentir que ustedes aman lo nuestro. En mi país no se dan actos de amor por Borinquen”. Lloramos todos.
El concierto de Cheo Feliciano con María Rivas sería el día 15 de mayo en El Poliedro de Caracas.
Al año siguiente, 1993, se produjo el II Festival de Música Latinoamericana del Ateneo de Caracas, y Catalino Curet Alonso regresó a Venezuela, y estaba feliz con ese regreso.

Pudo entonces conocer más de Caracas, de los barrios y de la música que allí se hace, se vive. El día 22 de febrero era el cierre del evento con la presentación de Rubén Blades en El Poliedro, teniendo como anfitriona musical a Trina Medina. El Poliedro estaba a reventar. Era lunes de Carnaval y el Tite se instaló cómodamente y rodeado de melómanos para apreciar el concierto.
Trina Medina lo impactó, y lo impactó no solo por su poderosa voz, sino por su garbo y la puesta en escena para el repertorio que escogió que inició con un Canto a Elegguá. Ella no se fue por temas manidos. No todo músico se atreve a entonar una obra del calibre de las del poeta Gustavo Pereira. (“No quiero más tristezas”) Junto a ella estaban instrumentistas como Carlos Nené Quintero, Miguel Blanco, Raúl Agraz y Manuel Barrios, destacando aquél coro de lujo (Fusión IV) que maravilló a todos, comandado por Nelly Ramos, fundadora del Grupo Madera.
Fue entonces cuando Catalino Curet Alonso se subió espontáneamente a la tarima, tomó el micrófono y dijo: “Rubén, vamos a ver que harás para apagar el fuego que te ha dejado esta venezolana”. Estábamos ahí. Nadie nos lo contó. Luego se quedaría a hacerle coro a Blades, y al otro día antes de marcharse pidió ver a Trina para entregarle un casette con cuatro temas de él autorizando su grabación.

No le volví a ver personalmente pero la comunicación siguió fluyendo. Quien sí vendría luego en par de oportunidades sería Norma Salazar. Algunos personeros habían logrado abrir una fisura en esa increíblemente hermosa relación de amor y comenzaba una etapa dolorosa que culminó con una separación no deseada y posterior muerte del Maestro lejos de su tierra natal, como un Coquí proscrito.
Nació el 12 de febrero de 1926 en el barrio Hoyo Inglés de la población de Guayama, al sur de Puerto Rico, sobre el Caribe. Su padre fue músico, músico de orquesta. Tite jamás tocó instrumento alguno, pero heredó la musicalidad paterna.
La historia de su nación, su incalificable status, su coloniaje (Puerto Rico es la única nación de América que no ha alcanzado su independencia) incidió en su determinación de hacerse periodista, como su tío materno e inspirador, Amado Alonso. La juventud lo sorprendió en el Barrio Obrero de Santurce combinando estudios, trabajo y música.
Profesión Esperanza
Buscando aires para sus inquietudes de compositor en 1965 le presentó un tema suyo a Joe Quijano. Era un son, al que había titulado “Efectivamente”. Al poco tiempo conoció a Pancho Cristal (disquero de vieja data) y le dio “La gran tirana” a ver si La Lupe quería grabarla… Había sido compuesta pensando en el cubano Roberto Ledesma, quien no la grabó. El Tite la modificó y el éxito con La Lupe fue tal que se atrevió a darle otras piezas: “Puro teatro” y “Carcajada final”. Luego le entregó directamente a Tito Rodríguez “Tiemblas” y a Vitín Avilés “Temes”. El resto es historia más conocida.
Una muestra
Catalino Curet Alonso compuso más de 2000 temas. Se sentía muy orgulloso de “Periódico de ayer” porque unió en el tema sus dos pasiones: periodismo y música, crónica y sabor. Pero hay mucho mas: “Temes”, “Tiemblas”, “Mi triste problema”, “Anacaona” “Abran paso”, “Reunión en la cima”, “Marejada feliz”, “Barrunto”, “Plantación adentro”, “De todas maneras rosas”, “La perla”, “Juanito Alimaña”. Y sus voces queridas dan eco a su alma: La Lupe, Cheo Feliciano, Tito Rodríguez, Vitín Avilés, Héctor Lavoe, Justo Betancourt, Ismael Miranda, Arabella, Celia Cruz, Willie Colón, Ismael Rivera, Andy Montañéz y un largo etc.
Quienes tuvimos la gloria de su amistad no dejamos aún de sorprendernos de lo tajante de sus sentencias. Sostenía que había que trabajar con las manos pues quien no trabaja con ellas corría el riesgo de perder la cabeza. Era, siempre fue un artesano de la palabra. Decía que usaba eternamente sombrero porque no le gustaba que se le fueran las ideas. En una oportunidad, al preguntarle acerca de su obra, señaló: “Uno no puede hacer de un código una ley. Un tema amoroso, una guaracha, una plena pueden tener la misma intención social. ‘Temes’, a los efectos de la identidad, tiene tanto valor como ‘Las caras lindas’. Se equivoca quien piensa que la canción social es la que habla sólo de desigualdad o cambio de sistema. Canción social es también un tema amoroso que descubra el conflicto de los sentimientos en una sociedad que prácticamente nos castra para amar, ó por lo menos lo intenta. Un tema como ‘Piraña’, por tanto, no queda por debajo de otro como ‘Profesión esperanza”.
Hoy dedicamos al Tite Curet nuestros mejores pregones en homenaje a su memoria irreductiblemente caribeña.
Autor: TeleSUR Lil Rodríguez
Fuente: teleSUR
Publicado por: Lil Rodriguez
Fuente de esta noticia: https://www.telesurtv.net/tite-curet-contexto-boricua-y-caracas/
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