
El término «ministrar» significa servir. El ministerio es servicio, los ministros son servidores y los que están ministrando están sirviendo. Probablemente ya sabía esto. Pero… ¿y si esto abarca más que el ministerio de la predicación y el liderazgo?
Aunque dos de las palabras más comunes en el Nuevo Testamento para expresar las ideas de servir y ministrar son diakonéo (gr. διακονέω) y douleúo (gr. δουλεύω), es importante notar que hay otras instancias en que los conceptos servir y ministrar se asumen, aunque no siempre se usen estas dos palabras. Por ejemplo cuando Pablo dice: «Hagamos bien a todos según tengamos oportunidad» (Gá 6:10; cp. He 13:16), no usa ninguna de las dos palabras, pero la idea de servir se presupone. Hacer bien a todos es servirles.
Te invito a que juntos reflexionemos en lo que realmente es ministrar a la iglesia.
Suplir necesidades y ayudarse mutuamente como ministración
El sentido principal que los apóstoles Pablo y Pedro le dan al término ministrar es el de dar ayuda a la necesidad de los hermanos en la fe. Ambos autores suelen usar palabras derivadas del verbo griego diakoneó:
- En cuanto a la ministración [gr. diakonías] para los santos, es por demás que yo les escriba (2 Co 9:1, énfasis añadido).
- Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo [gr. diakonountes] a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios (1 P 4:10, énfasis añadido).
Por su parte, el apóstol Pablo está exhortando a la iglesia de Corinto a retomar la donación que enviarán a los creyentes en necesidad. El apóstol lo expresa hablando de la «ministración» o «servicio» para los santos. Esto quiere decir que una manera de servir a los hermanos es colaborando para sus necesidades físicas.
Por otra parte, el apóstol Pedro también nos dice algo importante: todos los creyentes hemos recibido una habilidad, destreza o don y se nos pide ser buenos mayordomos de esos recursos. Administrar bien los dones que Dios nos concede implica usarlos para suplir necesidades y para edificación de otros creyentes.
Pedro dice «minístrelo» (gr. diakonountes), es decir, póngalo al servicio y beneficio de sus hermanos. Los dones que Dios ha dado a los creyentes también deben ser de bendición y edificación para la iglesia. Cuando nos ponemos al lado de otros creyentes para caminar con ellos y ayudarlos según sus necesidades (sea espiritual, emocional, física o material), estamos sirviendo a la iglesia y obedeciendo a Dios.
En las palabras de Pablo y Pedro se confirma que esto de servir es deber de todos los cristianos, no una responsabilidad reservada solo para los pastores, diáconos y líderes.
La predicación de la Palabra como ministración
Hay otro sentido en el que la Biblia usa la idea de ministrar que amplía nuestra comprensión del tema. Según el médico Lucas, cuando los apóstoles escogieron siete hombres para dedicarse a servir en la alimentación de las viudas, ellos dijeron: «Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio [gr. diakonía] de la Palabra» (Hch 6:4, énfasis añadido). Es decir, la predicación de la Palabra es el servicio que daban a los creyentes. Mientras ellos se preparaban, predicaban y enseñaban la Escritura, estaban sirviendo a la iglesia.
Lo anterior confirma que los pastores y predicadores también «ministran» al pueblo de Dios mientras predican la Palabra. Ellos sirven al rebaño de Cristo mientras se preparan durante la semana, al estudiar y orar para que las ovejas sean alimentadas y edificadas.
La exhortación y ánimo mutuo como ministración
Al mismo tiempo, en la Biblia, «ministrar» o «servir» también tiene que ver con el ánimo que nos damos unos a otros, porque de esta manera estamos trabajando para nuestra edificación y eso constituye el servicio.
El apóstol Pablo afirmó: «Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo» (1 Ts 5:11). El autor de Hebreos mandó: «Exhórtense los unos a los otros cada día» (He 3:13), como el medio para evitar la incredulidad y permanecer firmes en la fe.
Pablo también enseña que la iglesia reunida mientras canta, se exhorta mutuamente: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones» (Col 3:16).
Entonces, ¿qué significa ministrar a la iglesia?
Tomando en cuenta lo dicho, podemos identificar cinco verdades respecto a ministrar o servir a la iglesia.
- Ministramos a los creyentes como respuesta a un mandato bíblico (Gá 5:13).
- Ministramos en conformidad con nuestros dones, recursos y posibilidades (Ro 12:6-8).
- Ministramos según la necesidad de los hermanos y la oportunidad que el Señor nos presenta (Gá 6:10).
- Ministramos para la edificación de la iglesia (Ef 4:12).
- Ministramos para la gloria de Dios (1 P 4:11).
Por lo tanto, ministrar a la iglesia es la responsabilidad de servir a los creyentes —en conformidad con nuestros dones, recursos y posibilidades— según la necesidad de los hermanos y la oportunidad que el Señor nos presenta, para la edificación de la iglesia y la gloria de Dios. Esta no es una responsabilidad solo para pastores o líderes: este es el llamado que todos los creyentes tenemos de servir a nuestros hermanos.
Gerson Morey
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/significa-ministrar-iglesia/
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