
El Parlamento uruguayo acelera el tratamiento del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Legisladores de todos los partidos reciben a gremiales empresariales y sindicales para evaluar los impactos de un tratado que, según datos oficiales y privados, reconfigurará el mapa productivo del país. Mientras el gobierno celebra las oportunidades, crece la preocupación por los sectores que deberán competir con la industria europea.
Por un lado, las estimaciones oficiales son optimistas. Un informe del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) citado por Presidencia de la República proyecta que el acuerdo podría incrementar el PBI uruguayo en más de 1,5 puntos porcentuales, aumentar las exportaciones de bienes en un 4% y mejorar el empleo en un 0,5%. El optimismo se basa en que la Unión Europea es el principal origen de las inversiones extranjeras en Uruguay (42% del total en 2023) y un socio estratégico para productos clave como la carne y la celulosa.
Sin embargo, el debate que se desarrolla estos días en la comisión —donde han desfilado la Unión de Exportadores, la Asociación Rural, y a la espera de comparecencias de la Cámara de Industrias y el Pit-Cnt— responde a una realidad más matizada que las simples macro-cifras. Ignacio Bartesaghi, director de Negocios Internacionales de la Universidad Católica, explicaba recientemente a El País que, si bien el 72% de las exportaciones a la UE se concentran en carne y celulosa (sectores claramente ganadores), existen “sectores sensibles” que enfrentarán una dura competencia, como los medicamentos, plásticos, químicos y maquinaria.
Este diagnóstico es compartido por la agencia calificadora Moody‘s, que en un análisis publicado a fines de enero por Ámbito, identificó explícitamente a los ganadores y perdedores del acuerdo. Según la calificadora, mientras la agricultura y los recursos naturales del país serán los grandes beneficiados, el sector manufacturero no alimentario “enfrentaría las mayores presiones competitivas por parte de los productores de la UE”. Curiosamente, esta advertencia contrasta con la tranquilidad manifestada por el presidente de la Cámara de Industrias (CIU), Leonardo García, quien afirmó a El País que en el gremio “no han identificado ningún sector como posible ‘perdedor’”.
La preocupación del canciller Mario Lubetkin, manifestada en la comisión sobre los sectores que “puedan verse afectados”, encuentra asidero en las voces de algunos rubros específicos. El sector lácteo, por ejemplo, ya ha manifestado su inquietud ante la posibilidad de que los productos europeos (leche en polvo y quesos) ganen terreno en Brasil, el principal mercado de exportación para Uruguay. Asimismo, el PIT-CNT ha alertado sobre el riesgo de una mayor “primarización” de la economía, es decir, una dependencia excesiva de la exportación de materias primas sin valor agregado.
Para abordar estas asimetrías, Lubetkin anunció en el Parlamento que se solicitó un estudio al Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este dato se confirma con el proyecto regional RG-T4746 del BID, aprobado en julio de 2025, titulado “Support to the ratification, early implementation and leverage of the MERCOSUR-European Union Agreement”. Con un financiamiento de USD 850.000, la cooperación técnica busca precisamente analizar los impactos del tratado y preparar a los países para su implementación. La experiencia del BID en la región ya ha sido utilizada en países vecinos: en Paraguay, un informe de la entidad sirvió para advertir sobre la necesidad de mejorar la competitividad, la trazabilidad y la calidad para no quedar relegados al rol de meros proveedores de materias primas.
El factor regional y la “competencia positiva”
Mientras Uruguay debate, sus socios no se detienen. El País destaca que Argentina ya tomó la delantera al dar media sanción en Diputados. Esto añade un componente de presión política: ser el primer país en ratificar el acuerdo es un objetivo declarado por el gobierno y la vicepresidenta Carolina Cosse, y cuenta con el respaldo de la oposición, como expresó el diputado nacionalista Juan Martín Rodríguez, quien incluso reclamará una promulgación “exprés” por parte del Ejecutivo.
La decisión del Parlamento uruguayo de realizar un debate exhaustivo contrasta con el procedimiento más ágil de sus vecinos, pero refleja la idiosincrasia política local.
Uruguay se encuentra ante una encrucijada histórica. El “exprés pero con debate” no es solo un eslogan parlamentario, sino la síntesis de un dilema profundo: cómo aprovechar una oportunidad de crecimiento del 1,5% del PBI sin descuidar a los sectores que, según Moody‘s y los expertos, quedarán expuestos. La decisión de contratar estudios del BID y la CAF, y de escuchar a todas las partes en pleno Carnaval, sugiere que el gobierno busca un equilibrio. Sin embargo, la velocidad que impone la “competencia positiva” con Argentina y la necesidad de ratificar antes de marzo dejan poco margen para la improvisación. El acuerdo está firmado, los números macro alientan, pero el verdadero desafío —la gestión de los “perdedores” y la reconversión industrial— apenas comienza a ser esbozado en el debate público.
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/politica/parlamento-recibe-a-empresarios-y-sindicatos-para-evaluar-el-impacto-del-acuerdo-ue-mercosur/
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