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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, han acordado sostener una reunión bilateral de alto nivel “próximamente”, la primera desde la salida del poder de Nicolás Maduro tras su captura por fuerzas de Estados Unidos el pasado 3 de enero.
La conversación que desencadenó este anuncio fue una llamada telefónica de varios minutos entre ambos mandatarios, en la que confirmaron su intención de reunirse a nivel de jefes de Estado para abordar temas de profunda relevancia regional. Aunque aún no se ha definido oficialmente ni la fecha ni la sede del encuentro, fuentes diplomáticas y oficiales señalan que la cita es inminente y que las cancillerías de Caracas y Bogotá trabajan para precisar los detalles.
El contexto de este acercamiento es fundamental para entender la magnitud política de la cita. La caída de Maduro ha reconfigurado el tablero geopolítico en América Latina y ha cambiado las prioridades de los gobiernos vecinos. Venezuela, bajo el liderazgo interino de Rodríguez, busca consolidar relaciones con actores clave en la región para estabilizar su economía y seguridad. Por su parte, Colombia asume un rol de interlocutor estratégico en materia de seguridad fronteriza, cooperación energética y desarrollo de infraestructura que impacta directamente a millones de personas en ambas naciones.
Desde Bogotá se ha presentado la idea de realizar el encuentro directamente en la frontera, con Cúcuta como una de las sedes más probables, dada su cercanía física y simbólica con Venezuela, aunque esto aún no ha sido confirmado por fuentes oficiales.
Aunque el anuncio genera expectativas, no existe una fecha oficial confirmada, lo que ha alimentado especulaciones diplomáticas y políticas. Los gobiernos de Colombia y Venezuela han limitado la información pública sobre el calendario, subrayando que la agenda de temas es urgente y compleja: seguridad fronteriza, importación de gas, acceso al agua potable en zonas vulnerables y mecanismos de cooperación energética que podrían redefinir la relación bilateral en los próximos años.
Este acercamiento ocurre en paralelo a otros movimientos diplomáticos que han marcado la región en las últimas semanas, incluyendo gestos de cooperación más estrecha entre Caracas y Washington después de la captura de Maduro, así como la reconciliación reciente entre Petro y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha abierto nuevas posibilidades de diálogo trilateral entre Colombia, Venezuela y Estados Unidos.
La confirmación de que el encuentro se celebrará “próximamente” sin un cronograma definido aún por parte de las autoridades indica que la diplomacia está en plena movilización, con esfuerzos conjuntos por establecer un marco colaborativo que pueda reducir tensiones históricas, fomentar la estabilidad económica y atajar problemas transfronterizos que afectan tanto a colombianos como a venezolanos.
En este momento clave para la región, la comunidad internacional observa con atención cómo estas conversaciones podrían influir en las dinámicas políticas, económicas y de seguridad de una frontera que ha sido punto de fricción y cooperación durante décadas.
