
La posibilidad de que Venezuela retorne al Mercosur ha cobrado nuevo impulso en los últimos meses, impulsada principalmente por la presión diplomática del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha convertido la reincorporación del país caribeño en una de sus prioridades dentro de la política regional sudamericana.
El mandatario brasileño abogó públicamente en julio de 2024 por un retorno rápido de Venezuela al bloque comercial, señalando que la presencia de Caracas fortalecería tanto la integración como la economía regional. Lula expresó que el tema debería discutirse después de las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de julio pasado, aunque los resultados controvertidos de ese proceso electoral han complicado aún más el panorama político.
Venezuela fue suspendida del Mercosur en dos ocasiones. La primera ocurrió en diciembre de 2016, cuando los países fundadores Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay le aplicaron una suspensión temporal por no adaptar su legislación económica y comercial a la normativa comunitaria. Sin embargo, la suspensión más grave llegó el 5 de agosto de 2017, cuando el bloque activó el Protocolo de Ushuaia, la llamada cláusula democrática, suspendiendo indefinidamente a Venezuela por ruptura del orden democrático.
En aquella ocasión, el canciller brasileño Aloysio Nunes justificó la medida señalando que se trataba de una suspensión política por consenso y una sanción grave. Los países miembros exigieron al gobierno de Nicolás Maduro que desmantele la Asamblea Constituyente y restaure la institucionalidad democrática, advertencias que hasta la fecha no han sido atendidas.
El gobierno venezolano rechazó categóricamente la suspensión. En un comunicado oficial, Caracas denunció que la aplicación del Protocolo de Ushuaia resultaba improcedente al fundamentarse en falsos supuestos, acusando además a intereses antiintegracionistas de convertir al Mercosur en un órgano de persecución política contra Venezuela. Maduro aseguró en su momento que su país había cumplido más con el bloque que los propios países fundadores.
La situación política actual en Venezuela añade complejidad al escenario. Delcy Rodríguez, quien como canciller enfrentó la suspensión original en 2016, asumió la presidencia interina del país en enero de 2026, configurando un gobierno de transición cuya legitimidad es cuestionada por varios países de la región. Este contexto ha llevado a que el levantamiento de la suspensión en el Mercosur forme parte de la agenda diplomática del gobierno interino.
La Asociación Venezolana de Exportadores, AVEX, ha expresado públicamente que la reincorporación de Venezuela al Mercosur debe realizarse con un trato preferencial que reconozca las particularidades económicas del país. El sector empresarial venezolano considera que el regreso al bloque comercial podría representar una oportunidad para reactivar el comercio exterior y diversificar las relaciones económicas.
Por su parte, Panamá ha manifestado su interés en impulsar la participación del líder opositor Edmundo González en las instancias del Mercosur como representante de una Venezuela democrática. El presidente panameño José Raúl Mulino enfatizó que la presencia de González representaría el retorno de una Venezuela democrática a la integración sudamericana, una postura que ha generado tensiones dentro del bloque.
La cumbre del Mercosur celebrada en diciembre de 2024 estuvo marcada por divisiones internas respecto al tema venezolano. Mientras Brasil mantiene una postura favorable al diálogo y la reincorporación gradual, Argentina bajo el gobierno de Javier Milei ha adoptado una línea más crítica hacia el régimen de Maduro. Paraguay y Uruguay, por su parte, mantienen una posición intermedia, condicionando cualquier retorno al cumplimiento de las cláusulas democráticas del bloque.
El Parlamento del Mercosur, Parlasur, había rechazado ya en febrero de 2017 la primera suspensión de Venezuela, considerándola motivada políticamente. La entonces canciller Delcy Rodríguez celebró aquella votación como un golpe a la agenda conservadora de la Triple Alianza conformada por Argentina, Brasil y Paraguay bajo gobiernos de derecha.
La posibilidad de reingreso venezolano al Mercosur no solo implica consideraciones económicas y comerciales, sino también definiciones políticas sobre el futuro de la integración regional. El bloque enfrenta el dilema de mantener sus principios democráticos mientras busca fortalecer su peso geopolítico en un contexto internacional cada vez más polarizado.
Brasil, como principal economía del Mercosur y actor clave en la diplomacia regional, ha intentado ejercer un papel mediador. Lula ha expresado además su apoyo a que Bolivia, recientemente incorporada al bloque, también se una a los BRICS, el grupo que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, señalando una estrategia de ampliar espacios de integración más allá de las fronteras tradicionales.
El retorno de Venezuela al Mercosur dependerá en última instancia de negociaciones políticas complejas que involucran no solo la voluntad de Caracas de cumplir con los requisitos democráticos del bloque, sino también del consenso entre los países miembros sobre las condiciones y el momento apropiado para levantar la suspensión. Mientras tanto, Venezuela permanece excluida de todos los derechos y obligaciones inherentes a su condición de Estado parte del Mercosur, una situación que ya se extiende por más de siete años y medio sin perspectivas inmediatas de resolución.
