
Lucas describe la siguiente escena (Lc 5:17-26): Jesús está enseñando en una casa llena de gente, y un paralítico es bajado por el techo para pedirle que lo cure. Jesús responde perdonándole sus pecados. Sorprendidos, los escribas y fariseos acusan a Jesús de blasfemia, pues, según ellos, ¿quién puede perdonar los pecados, sino solo Dios?
En respuesta, Jesús sana la parálisis del hombre. Ante esto, la multitud se asombra. Glorifican a Dios, se llenan de «temor» y exclaman: «¡Hoy hemos visto paradoxa!» (Lc 5:26).
La palabra paradoxa es inusual. No se utiliza en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, y las traducciones difieren en cuanto a su significado; la NBLA la traduce como «cosas extraordinarias», la NVI y la RV1960 dicen «maravillas», pero muchas versiones en inglés lo traducen como «cosas extrañas» (KJV, NKJV, NRSV, ASV, WEB, YLT). Los diccionarios de griego antiguo conservan tanto el significado positivo como el negativo y añaden también «paradójico».
Parece que, o bien la multitud en su conjunto estaba confundida por lo que había presenciado, sin saber exactamente qué pensar de Jesús, o la multitud estaba dividida, con algunos que denigraban a Jesús como blasfemo y otros que lo alababan como profeta con una misión divina.
En cualquier caso, paradoxa capta la creencia de la multitud de que había presenciado algo sobrenaturalmente extraño, inquietante e inexplicable, algo quizás paranormal, como diríamos en español. Por lo tanto, la palabra paradoxa no es intrínsecamente negativa, pero tampoco es intrínsecamente positiva: connota el tipo de asombro que lo deja a uno desconcertado, preguntándose cuál podría ser el origen de la paradoxa. ¿Son estas cosas de origen demoníaco? ¿Son divinas? Sin contexto, ¿quién puede saberlo?
En mi reciente libro Josephus and Jesus [Josefo y Jesús] (lee la reseña de TGC), demuestro que las connotaciones ambiguas de paradoxa revelan nuevas y notables pruebas de los milagros de Jesús, pruebas que, además, provienen de un escritor antiguo no cristiano que estaba en una posición privilegiada para conocer todo sobre Jesús de Nazaret.
Acusaciones contra la fuente de los milagros de Jesús
En primer lugar, un poco de contexto. Las implicaciones de paradoxa no son únicas en el Nuevo Testamento y recuerdan los debates registrados en los evangelios sobre la fuente del poder de Jesús. También encajan con lo que otros incrédulos acusan a Jesús de hacer.
El Talmud judío afirma que Jesús practicaba «brujería». El Toledot Yeshu (siglos II-V), una biografía judía hostil de Jesús, presenta un relato francamente ridículo de cómo Jesús obtuvo de alguna manera las cuatro letras sagradas del nombre de Dios, YHWH, y las utilizó verbalmente como un tótem de poder para resucitar a los muertos.
En el mundo antiguo, los milagros de Jesús eran tan indiscutibles que tanto los críticos judíos como los paganos no podían negar que hubieran ocurrido
Las fuentes paganas se hacen eco de lo mismo y admiten los milagros de Jesús, pero se aventuran a explicarlos con su propia versión. Quizás, sugieren algunos, Jesús era una especie de deidad pagana menor; o tal vez, sostienen otros, aprendió las artes oscuras en Egipto. Celso, un feroz crítico de Jesús del siglo II, suscribe esta última idea e incluso emplea la misma palabra que se encuentra en Lucas 5:26 para afirmar que Jesús realizó paradoxa mediante la magia.
Parece que, en el mundo antiguo, los milagros de Jesús eran tan indiscutibles que tanto los críticos judíos como los paganos no podían negar que hubieran ocurrido y, en cambio, buscaban todo tipo de explicaciones, por improbables que fueran. Los primeros cristianos respondieron sabiamente preguntando cómo se podía sostener honestamente que las obras de Jesús eran brujería malévola cuando predicaba el arrepentimiento del pecado, la búsqueda de la verdad y el amor a los enemigos.
Josefo y la “paradoxa” de Jesús
Pero aquí es donde surgen nuevas pruebas de los milagros de Jesús. Resulta que, una vez que hemos comprendido lo que son las paradoxa, una confirmación convincente de los milagros de Jesús sale a la luz gracias a un cronista judío del siglo I. Me refiero, por supuesto, al famoso historiador Flavio Josefo.
Nacido en el año 37 d. C. en el seno de una familia eminente, Josefo descendía de sumos sacerdotes y reyes. Recibió una educación aristocrática en Jerusalén, donde se convirtió en sacerdote, fariseo y general del ejército. Tenía unos contactos asombrosos: conocía a dos o tres sumos sacerdotes, al líder del Sanedrín y a Herodes Agripa II (el último rey de los judíos). Como sostengo en mi libro, Josefo incluso conocía a algunos de los hombres que asistieron al juicio de Jesús.
Da la casualidad de que Josefo también escribió sobre Jesús en un pasaje muy debatido por los estudiosos. En él afirma que Jesús realizó paradoxa (Antigüedades 18.63). Los estudiosos del pasado han interpretado este término de forma positiva como «hechos milagrosos», «cosas maravillosas» u otras expresiones sinónimas.
Esta interpretación positiva ha sido una de las razones por las que muchos estudiosos han cuestionado la autenticidad del pasaje: ¿por qué Josefo, un historiador judío del siglo I, escribiría de forma tan elogiosa sobre Jesús? Por estos motivos, concluyen que un escriba cristiano posterior debió haber alterado el texto de Josefo para presentar a Jesús bajo una luz más favorable.
Pero, en vista de lo anterior, ahora vemos que los paradoxa no son necesariamente actos positivos, sino que son ambiguos, e incluso potencialmente negativos. Así, por ejemplo, es como Josefo utilizó el término en otro lugar, cuando describió las obras sobrenaturales de los magos del faraón en su duelo con Moisés. Allí, escribió que los magos conjuraron un paradoxon, la forma singular de paradoxa. Josefo hizo entonces que Moisés afirmara que el poder de los magos no era divino, sino solo hechicería humana.
Los milagros de Jesús validaban Su mensaje más vital: las buenas nuevas de que todos deben arrepentirse de sus pecados y recibir el perdón al confiar en Él
Las palabras de Josefo sobre los magos del faraón son un paralelo inequívoco a sus palabras sobre Jesús. Por lo tanto, parecía preguntarse si Jesús era un mago que utilizaba poderes prohibidos o ilegítimos.
La certeza de los milagros de Jesús
Las implicaciones son claras: Josefo reconocía plenamente los milagros de Jesús, al igual que otros no cristianos de la antigüedad. Esto lo dice un hombre que se crió en la Jerusalén del siglo I, que conocía a los implicados en el juicio de Jesús y que se convirtió en uno de los mejores historiadores que ha producido el mundo antiguo.
También estaba perfectamente dispuesto a negar lo milagroso —se reía de la idea de que ciertos magos le lanzaran hechizos cuando él era un general y desenmascaraba a los falsos profetas y charlatanes cuando escribía sus libros de historia—, pero en el caso de Jesús, no afirmó que Sus milagros fueran falsos, exagerados o legendarios. Aunque Josefo no estaba seguro del origen de los hechos sobrenaturales de Jesús, sí estaba seguro de que habían ocurrido.
Nosotros también podemos estar seguros de que ocurrieron.
Sin embargo, esta conclusión de que Jesús realizó milagros debería impulsarnos a una comprensión más importante. El punto crucial de los hechos sobrenaturales de Jesús no es que los hiciera, sino que atestiguaban Su misión divina, tal como vimos cuando Jesús sanó al paralítico y también perdonó sus pecados.
Los milagros de Jesús eran señales que validaban Su mensaje evangélico más vital: autenticaban las buenas nuevas de Jesús de que todos deben arrepentirse de sus pecados y recibir el perdón al confiar en Él.
Aunque los hechos milagrosos de Jesús fueron grandiosos e impresionantes, solo fueron señales que nos guiaban por el camino de la misericordia por el que todos los perdonados caminan con el Señor. Así, Jesús sanó al paralítico en su cuerpo, y luego el hombre caminó delante de Jesús. Pero el milagro más grande fue que Jesús también perdonó a ese hombre en su espíritu, y ahora el hombre camina con Jesús para siempre.
Jesús hará el mismo milagro más grande por ti. ¿Caminarás con Él?
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.T. C. Schmidt
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/investigaciones-confirman-milagros-jesus/
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