
El debate sobre soberanía tecnológica volvió a instalarse en la agenda del Mercosur en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, concentración tecnológica y dependencia de plataformas extranjeras. Los gobiernos del bloque analizan estrategias para fortalecer la industria del conocimiento, el desarrollo de software y la innovación regional.
Desde la perspectiva tecnológica, el Mercosur enfrenta una paradoja: cuenta con capital humano calificado y ecosistemas de innovación emergentes, pero depende en gran medida de infraestructura, servicios y plataformas controladas por actores externos. Esta dependencia limita la autonomía regional y expone datos estratégicos a intereses ajenos.
Humanitariamente, la soberanía tecnológica no es un debate abstracto. Implica decidir si el desarrollo digital generará empleo digno, formación profesional y oportunidades para las nuevas generaciones, o si profundizará la precarización laboral y la concentración de riqueza. Sin una estrategia regional inclusiva, la innovación puede convertirse en un nuevo factor de exclusión.
