
“Lo que aprendí después de tocar fondo en una relación de pareja, (experiencia vista desde la perspectiva de una mujer)”.
Desde mi praxis como terapeuta de pareja he visto muchas veces desde la perspectiva femenina tocar fondo, y tocar fondo no siempre se ve dramático desde afuera. A veces es silencioso. Es un día cualquiera en el que te das cuenta de que ya no te reconoces. Que te has vuelto pequeña para no incomodar. Que negociaste tu voz, tu intuición y tus límites para sostener una relación que, en el fondo, ya te estaba rompiendo por dentro.
Muchas veces se toca fondo así:
No con gritos, sino con una ausencia de mí misma.
Y desde ese punto, donde duele, pero también se despierta, nacieron los no negociables.
No como caprichos.
No como exigencias vacías.
Sino como límites conscientes que protegen la salud mental, emocional y la dignidad como mujer.
Tocar fondo: cuando el cuerpo y la psique dicen “basta”
En neuropsicología sabemos que el sistema nervioso puede acostumbrarse al estrés crónico.
Una relación disfuncional activa de forma constante el eje del estrés (amígdala–cortisol–hipervigilancia).
Eso explica por qué una mujer puede “aguantar tanto”:
no es debilidad, es neuro adaptación al daño emocional. Y desde allí se comienza a normalizar:
La ansiedad antes de hablar
El miedo a incomodar
El justificar actitudes que dolían
El autoengaño de “no es tan grave”
Hasta que el cuerpo empieza a hablar: cansancio emocional, confusión, tristeza persistente.
Ahí se entiende: El amor no debería vivirse como un estado de alerta constante.
LOS NO NEGOCIABLES.
Estos no negociables no nacen del resentimiento, sino de la conciencia.
Son acuerdos contigo misma.
- No es negociable el respeto emocional
No es normal:
Ser invalidada
Ser minimizada
Que tus emociones sean ridiculizadas
El respeto no es solo “no gritar”.
Es cómo te mira, cómo te habla y cómo te escucha.
- No es negociable la coherencia entre palabras y acciones
Se aprende que las promesas sin actos son una forma elegante de manipulación emocional.
No quieres más discursos de amor que no se reflejen en hechos cotidianos.
El cerebro humano confía más en la conducta repetida que en la palabra bonita.
- No es negociable el derecho a sentir
- No es negociable estar en una relación donde tengas que justificar por qué te duele algo. Tus emociones no necesitan permiso para existir.
Una pareja sana no te corrige lo que sientes, te acompaña a comprenderlo. (A continuación, transcribo palabras Sofhi, luego de superar el duelo de la ruptura)
- “No negocio mi voz:
Callar para evitar conflictos me costó pedazos de identidad.
No quiero relaciones donde mi silencio sea más valorado que mi verdad.
Hoy sé que:
Si no puedo ser honesta, no es amor, es supervivencia emocional.
- No negocio el cuidado mutuo:
Amar no es solo recibir apoyo, también es ofrecerlo.
Pero jamás volveré a sostener sola una relación.
No soy terapeuta de mi pareja.
No soy su salvadora.
Soy su compañera.
- No negocio mi paz mental:
Si una relación me genera más ansiedad que calma, más confusión que claridad, más miedo que seguridad…
no es el lugar donde quiero florecer.
El sistema nervioso no miente.
La paz también es un indicador de amor sano.
- No negocio mi dignidad:
No compito por atención.
No mendigo amor.
- No negocio mi valor por miedo a estar sola:
La herida del abandono me enseñó a conformarme.
La conciencia me enseñó a elegir mejor.
Tocar fondo no me rompió, me reordenó.
Tocar fondo no me hizo débil.
Me hizo lúcida.
Fue el punto donde dejé de preguntarme:
“¿Cómo hago para que me amen?”
y empecé a preguntarme:
“¿Cómo me trato yo cuando me amo?”
Mis no negociables no buscan controlar a nadie.
Buscan proteger la mujer que soy hoy de la mujer que me traicioné ayer.
Para las mujeres que están leyendo esto:
Si hoy te sientes pequeña en una relación…
Si dudas de ti más de lo que dudas del otro…
Si tu intuición te susurra cosas que tu miedo intenta callar…
No estás loca.
Estás despertando.
Y despertar duele.
Pero quedarse dormida en una relación que te apaga, duele más.
Mis no negociables son el acto de amor más grande que me he dado.
No porque me separen del amor, sino porque me acercan a un amor que no me haga perderme a mí misma”.
Tocar fondo, en este sentido, no es un fracaso: es un punto de conciencia. Es el momento en que el alma, cansada de adaptarse para sobrevivir, empieza a pedir verdad para vivir. Y aunque el proceso de volver a una misma no siempre es cómodo ni rápido, sí es profundamente liberador. Porque cuando una mujer se reencuentra con su voz, su intuición y sus límites, no solo sana una relación: se sana a sí misma. Y desde ahí, cualquier vínculo futuro ya no se construye desde el miedo a perder, sino desde la dignidad de elegirse.
Quizá el verdadero “tocar fondo” no sea el dolor, sino la decisión de no normalizarlo más. De dejar de llamarle amor al desgaste, y compromiso a la renuncia de sí misma. Reconocerse es el primer acto de valentía. Elegirse, el siguiente. Y aunque el camino implique duelos, límites incómodos o cambios profundos, también abre la puerta a una forma de amar que no exige achicarse para encajar, sino crecer para habitarse completa.
A veces tocar fondo no hace ruido. No hay gritos, ni golpes, ni escenas. Solo una mujer mirándose al espejo y preguntándose en silencio: “¿En qué momento dejé de ser yo?”. Y quizá ese instante, tan íntimo y discreto, sea el inicio de algo más grande que la ruptura de una relación: el regreso a casa. A esa versión de sí misma que no necesita desaparecer para que el amor permanezca, porque ha comprendido que el amor que duele no es amor, y que ninguna relación vale el precio de perderse.
“Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros… así también Cristo.”1 Corintios 12:12 (RVR1960)
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