
El 11 de marzo de 2011 fue uno de los días más oscuros de la historia reciente de Japón. Y probablemente el peor en lo que va de siglo XXI. Un intenso terremoto registrado frente Honshu desató un tsunami con olas de más de diez metros que acabó precipitando a su vez un accidente en la central de Fukushima. Hay que remontarse a 1986, a Chernóbil, para encontrar un siniestro similar.
Hoy sabemos que aquella cadena de desgracias tuvo una consecuencia inesperada: dio lugar a un experimento involuntario con cerdos y jabalíes.
Cerdos a la fuga. Tras el accidente de Fukushima Daiichi, en marzo de 2011, las autoridades se apresuraron a evacuar a toda la gente que vivía en un radio de 20 kilómetros de la central nuclear. Incluso se aconsejó a quienes residían a entre 20 y 30 km que no saliesen de sus casas. Hoy, década y media después, sabemos que el siniestro de Fukushima tuvo otra consecuencia: los cerdos que hasta entonces se criaban en granjas domésticas huyeron y se refugiaron en los bosques, lugares que hasta ese momento habían servido de hogar a los jabalíes salvajes.
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Un laboratorio XXL. La fuga de los cerdos de Fukushima (y su encontronazo con las poblaciones de jabalí) podría haberse quedado en una anécdota menor si no fuera porque dio pie a un curioso experimento improvisado. Uno involuntario, que nadie había planificado, pero que por azares de la historia acabó convirtiendo los bosques de la zona de exclusión en un gigantesco laboratorio zoológico. ¿El motivo? Los cerdos escapados de granjas y los jabalíes acabaron apareándose.
«Sin introducciones repetidas y con una actividad humana mínima, la región se convirtió en un raro experimento natural de hibridación», explica la Universidad de Fukushima. La experiencia resultó desde luego lo suficiente interesante como para llamar la atención de Shingo Kaneko y Donovan Anderson, de Hirosaki, que decidieron realizar un estudio genético para entender mejor los resultados del cruce entre cerdos y jabalíes. Sus conclusiones acaban de plasmarlas en un artículo publicado hace unos días en la revista Journal of Forest Research.
¿Qué averiguaron? Quizás las más sorprendente tiene que ver con la renovación de las poblaciones. Cerdos domésticos y jabalíes salvajes no solo se diferencian en su apariencia. También muestran patrones distintos. Por ejemplo, mientras los segundos se reproducen una vez al año, los primeros, los cerdos que criamos en granjas, muestran un ciclo mucho más rápido durante todo el año. El estudio de Kaneko muestra que esa peculiaridad de los animales domesticados se mantuvo tras su fuga y se transmitió durante la hibridación por vía materna.
Cinco generaciones. Hay un dato que ayuda a entender mejor cómo de acelerado ha sido su ritmo de reproducción. Para su estudio los investigadores analizaron el AND mitocondrial y marcadores genéticos de más de 200 animales capturados durante tres años, entre 2015 y 2018. Una de las primeras cuestiones que intentaron aclarar fue: ¿Cómo de emparentados estaban esos ejemplares con los cerdos huidos en 2011? ¿Cuántos partían de aquel linaje doméstico?
Su conclusión fue sorprendente: muchos híbridos se encontraban ya a más de cinco generaciones del cruce original, lo que sugiere «una renovación genética inusualmente rápida», añaden desde la Universidad de Fukushima.
«Aunque anteriormente se había sugerido que la hibridación entre cerdos reintroducidos en la naturaleza y jabalíes podía contribuir al crecimiento de la población, este estudio muestra, mediante el análisis de un evento de hibridación a gran escala posterior al accidente nuclear de Fukushima, que el rápido ciclo reproductivo de los cerdos domésticos se hereda a través del linaje materno».
Una herencia diluida. No fue la única conclusión a la que llegaron los expertos. Otra, igual de curiosa, es cómo evolucionaron las criaturas híbridas.
Que las hembras domésticas favoreciesen un mayor ritmo de reproducción no significa que su herencia fuese más pronunciada. Todo lo contrario. Las cerdas de granja dinamizaron la renovación generacional, pero la fuerza inicial de sus genes se diluyó poco a poco. «En lugar de prolongar la influencia genética de los cerdos domésticos, los linajes maternos de cerdos aceleraron en realidad el recambio genético en las poblaciones de jabalíes», apostillan desde Fukushima.
¿Por qué es importante? La investigación no es interesante solo por lo que nos revela sobre la zona de exclusión de Fukushima. Sus conclusiones van más allá y tienen implicaciones prácticas para el resto del mundo. Los expertos llevan tiempo preocupados por la hibridación entre los animales domésticos y salvajes (sobre todo entre cerdos y jabalíes) por sus repercusiones a nivel ecológico.
Curiosamente el accidente ocurrido en Japón en 2011 ha ofrecido a los investigadores un enorme laboratorio para comprender mejor el fenómeno y cómo abordarlo. «Los hallazgos pueden aplicarse a la gestión de la fauna silvestre y las estrategias de control de daños de las especies invasoras», celebra Kaneko. «Al entender que el linaje materno del cerdo acelera el recambio generacional, las autoridades pueden predecir mejor los riesgos de la explosión demográfica».
Imágenes | Max Saeiling (Unsplash), Wikipedia y Fukushima University
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Carlos Prego
Fuente de esta noticia: https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/accidente-nuclear-fukushima-cerdos-granjas-huyeron-al-bosque-anos-despues-eran-algo-distinto
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