
Título original: Ídem // Origen: Argentina // Dirección: Mariano Galperín // Guión: Mariano Galperín // Intérpretes: Marina Bellati, Marcelo Xicarts, Luis Ziembrowski, Guillermo Pfening, Moro Anghileri, Diego Cremonesi, Malena Sánchez, Elvira Onetto, Francisco Garamona // Fotografía: Alejandro Giuliani // Edición: Andrés Tambornino // Música: Ringo Galperín // Duración: 72 minutos // Año: 2025
1 punto
UN CAPRICHO INMIRABLE
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)

Hoy maté a un ratón (no era una rata, tampoco una laucha) luego de una larga batalla que llevamos adelante con mi esposa, que implicó vaciar el depósito que está al fondo del patio de nuestra casa, y perseguir a dos de esos bichos por todo el jardín. La hembra logró huir, pero el macho sucumbió ante unos palazos míos -la secuencia fue: palazo acertado de casualidad, palazo errado, palazo de remate y palazo adicional porque si hay algo que aprendí del cine de terror es que los villanos siempre resucitan-, aunque el gran mérito fue de mi esposa, que hizo el 90% del trabajo, porque, como decía Francella en Los Exterminaitors, “yo soy muy cagón”. ¿Por qué demonios cuento todo esto? Porque, con todo lo agotador que fue el asunto, física y mentalmente -recuerden, soy muy cagón-, fue más enriquecedor que los setenta minutos de Tenemos que hablar, una película inmirable.
El film de Mariano Galperín parte de una idea limitada que se agota casi por completo a los cinco minutos: una cena de supuestos amigos donde las acciones y situaciones se narran a través de las voces interiores de los personajes, que manifiestan lo que verdaderamente sienten y piensan, que va en contraposición a lo que expresan desde sus rostros. La cena es para celebrar el cumpleaños de Martín (Marcelo Xicarts), que no está del todo satisfecho con la idea de su mujer, Mónica (Marina Bellati), quien armó la fiesta. A la celebración asisten una pareja interpretada por Malena Sánchez y Francisco Garamona, y otra por Guillermo Pfening y Moro Anghileri. Pero también un argentino que ha radicado en Australia (Luis Ziembrowski) y antes fue pareja de Mónica, al que luego se sumarán dos invitados más, encarnados por Diego Cremonesi y Elvira Onetto.
Si el propósito es exponer las irritaciones disimuladas, las insatisfacciones ocultas, los dilemas personales, los choques sociales y la hipocresía de cada uno de los protagonistas, Tenemos que hablar en los hechos expone un conjunto de debilidades estructurales que se hacen irremontables. En primer lugar, todo lo que dicen las voces interiores es un compendio de lugares comunes terriblemente previsibles y superficiales, que encima se repiten y estiran en demasía, lo cual en un film que apenas si supera la hora de duración es todo un decir. Pero, además, la puesta en escena de Galperín -en gran medida por pereza, porque todo luce hecho así nomás, a las apuradas, sin esfuerzo- no logra cuajar en lo más mínimo los niveles discursivos que implican esas voces con los rostros de los personajes. A pesar de las pretensiones realistas, nada de lo que vemos es mínimamente creíble y el timing para la comedia es complemente nulo. Y eso lleva a que todo sea una experiencia irritante, agotadora y vacía, un capricho con ínfulas artísticas, pero sin ningún rigor estético, que vaya a saber cómo es que formó parte de la programación del último BAFICI. La verdad que da menos vergüenza hablar de ratones muertos.
Publicado por: admin
Fuente de esta noticia: https://www.funcinema.com.ar/2026/02/tenemos-que-hablar/
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