El MERCOSUR avanza hacia un cambio estructural no declarado: una flexibilización operativa que permite a los Estados miembro ampliar márgenes de maniobra comercial sin modificar formalmente los tratados fundacionales. El giro, impulsado por negociaciones discretas entre cancillerías, evita el costo político de una reforma institucional abierta, pero altera en los hechos la lógica histórica del bloque.
Según fuentes diplomáticas consultadas, la estrategia consiste en tolerar acuerdos bilaterales, sectoriales o “de alcance limitado”, siempre que no impliquen una ruptura explícita del Arancel Externo Común. El objetivo es mantener la cohesión mínima del MERCOSUR mientras se adapta a un escenario global más fragmentado y competitivo.
La novedad no está en los discursos —que siguen defendiendo la “integración plena”— sino en la práctica: menos bloque como unión aduanera rígida y más como plataforma flexible de coordinación regional.
Gráfico sugerido 1: “Del MERCOSUR rígido al MERCOSUR flexible”
– Eje temporal con dos modelos:
• Modelo tradicional: decisiones por consenso + arancel común estricto
• Modelo actual: excepciones tácitas + acuerdos sectoriales
– Destacar con flechas el desplazamiento hacia la flexibilidad.
Gráfico sugerido 2: “Grado de apertura a acuerdos externos por país”
– Barras comparativas mostrando:
• Países con mayor presión por flexibilizar
• Países con postura más conservadora
(No requiere cifras exactas; puede trabajarse como gráfico cualitativo).
La flexibilización responde a presiones internas asimétricas. Economías más pequeñas reclaman libertad para negociar, mientras los socios mayores priorizan preservar cadenas industriales regionales. El equilibrio se sostiene, por ahora, en la ambigüedad: no se cambia la norma, pero se relaja su aplicación.
En este contexto, el MERCOSUR entra en una fase inédita: sobrevive no por su rigidez jurídica, sino por su capacidad de adaptación informal. El riesgo, advierten analistas, es que la falta de reglas claras termine institucionalizando la fragmentación. La oportunidad, en cambio, es evitar la irrelevancia en un mundo de acuerdos rápidos y bloques pragmáticos.
