

El Dragón Azul apareció en playas mexicanas y encendió alertas en Colima. Lo que parece una criatura salida de una película de fantasía es, en realidad, un molusco venenoso capaz de provocar quemaduras severas. Su llegada no es casualidad: está vinculada a corrientes cálidas y cambios en la temperatura del mar. Entre selfies, curiosidad y desconocimiento, el riesgo es real. Y sí, su color azul eléctrico es una advertencia evolutiva.
Dragón Azul en México: por qué encendió las alertas
El avistamiento del Dragón Azul en México fue confirmado en playas de Manzanillo, Colima, el 8 y 9 de febrero de 2026 por autoridades estatales. Aunque mide apenas entre 3 y 4 centímetros, su nivel de toxicidad puede superar al de una medusa común. Protección Civil pidió no tocarlo y reportar su presencia, ya que incluso muerto conserva células urticantes activas durante horas.
Autoridades de #Colima emitieron una #alerta para bañistas de las playas de #Manzanillo, tras el avistamiento de un #molusco de color azul eléctrico conocido como #DragónAzul.
Se trata de una especie #venenosa, por lo que se recomienda no tocarlo y reportar de inmediato el… pic.twitter.com/DaGhrgGiQY
— Nacho Lozano (@nacholozano) February 7, 2026
Este pequeño nudibranquio (Glaucus atlanticus) no suele habitar zonas de recreo. Vive en mar abierto y flota boca arriba gracias a una burbuja de aire en su estómago. Las corrientes cálidas del Pacífico y el aumento de temperatura superficial del océano —que en algunas regiones ha subido más de 1°C en las últimas décadas— facilitan que llegue hasta la orilla. No es invasión, es desplazamiento forzado por un océano cambiante.
¿Qué pasa si tocas un Dragón Azul?
Aquí está el dato inquietante: el Dragón Azul no produce su propio veneno, lo roba y lo potencia. Se alimenta de la carabela portuguesa (fragata portuguesa), famosa por sus dolorosas picaduras. En lugar de digerir por completo sus toxinas, almacena las células urticantes en sus ceratas (esas “ramitas” que parecen alas) y las reutiliza como defensa.
El contacto puede provocar dolor intenso, ardor inmediato, inflamación, náuseas e incluso complicaciones respiratorias en personas sensibles. Si ocurre, no se debe frotar la zona ni usar agua dulce. Lo correcto es enjuagar con agua de mar, retirar restos con un objeto plástico o pinzas y aplicar calor moderado para aliviar el dolor. Ante síntomas fuertes, la atención médica es clave.
El Dragón Azul y el cambio en los océanos
El impacto del Dragón Azul en México no es solo una nota curiosa, es también un indicador ambiental. Especialistas marinos han señalado que el aumento de avistamientos está relacionado con alteraciones en corrientes y temperatura oceánica. Cuando el equilibrio cambia, especies que antes permanecían lejos de la costa terminan varadas en playas turísticas.

En los últimos años, fenómenos como El Niño y el calentamiento global han modificado patrones de distribución de múltiples organismos marinos. El Dragón Azul es parte de un ecosistema complejo: si su presa se desplaza, él también. No es una criatura agresiva; simplemente sobrevive. Pero su presencia nos recuerda que el océano está enviando señales.
¿Por qué su belleza es una advertencia?
En la naturaleza, los colores intensos suelen ser una señal clara: “no me toques”. El azul metálico del Dragón Azul funciona como camuflaje desde el cielo y desde el agua, pero también como advertencia. La belleza en el océano no siempre es sinónimo de seguridad.

El problema surge cuando la curiosidad supera a la información. Intentar devolverlo al mar, manipularlo para una foto o tocarlo por simple asombro puede terminar en urgencias. Incluso varado en la arena, su capacidad urticante permanece activa. La mejor decisión siempre es observar a distancia.

Más allá del susto, el Dragón Azul en México abre una conversación necesaria sobre educación ambiental. Playas más cálidas, corrientes alteradas y especies desplazadas forman parte de un escenario global que ya no es teoría. Es presente. El Dragón Azul no llegó para invadir, llegó porque el mar cambió. Y en un planeta donde los ecosistemas se transforman frente a nuestros ojos, entender estas señales puede marcar la diferencia. Si el océano habla a través de criaturas tan pequeñas como esta, ¿estamos realmente escuchando?
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/dragon-azul-costas-mexicanas/
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