
Las clases altas bolivianas, resbalando hasta las clases medias altas, son muy parecidas a los grupos corporativos populares. Sean estos de mineros o indígenas. Es decir, no son modernas sino todo lo contrario. Las evidencias al respecto son abrumadoras, sólo observando sus comportamientos desde el inicio de la democracia en 1982.
No hay estudios históricos en Bolivia sobre las clases sociales. Como no hay estudios históricos de la modernidad en las clases altas bolivianas. Sintomáticos asuntos pues, mejor no saber sobre las realidades de las profundidades de nuestras historias. Mejor sólo saber de la pinta (casitas, autitos de lujo, edificios, cemento por doquier), de lo cosmético, de las superficialidades ideológicas. Las ciencias sociales son nomás parte de los acuerdos del silencio para no saber mucho, para mejor ocultar todas las razones de los fracasos de los modelos políticos en Bolivia: de izquierda y derecha.
El MAS (Movimiento al Socialismo) fue la respuesta al corporativismo del llamado neoliberalismo. Que fue corrupto, patrimonialista, elitista y destructivo con la institucionalidad. Pero los resultados del MAS fueron prácticamente lo mismo: corrupto, corporativo, elitista respecto de los dirigentes sociales. Finalmente, terminó por implosión de manera brutal y estrepitosa en su propio fracaso histórico. En resumen, si observamos lo global, son totalmente parecidos.
Considerando que la modernidad es mentalidad, costumbres, maneras de ver el mundo, racionalidad, ahorro económico, y fundamentalmente fe en el progreso y desarrollo, pues no son componentes esenciales de las clases altas. Todos estos elementos que en el fondo son esquemas culturales de la civilización occidental, están acompañados del concepto de tolerancia. Es decir, del respeto al distinto. Que resumieron en el concepto de liberalismo. Y liberalismo y respeto al distinto no tienen las clases altas bolivianas.
Pues bien, en estas pocas líneas me referiré sobre todo a las clases altas. Todo ese vocabulario de modernidad, no es parte precisamente de los comportamientos de las clases altas bolivianas. Si bien varios grupos culturales llegaron de afuera, de Europa y otros lugares, en distintas épocas de nuestra historia, no supieron realmente mantener sus costumbres y legados culturales que traían. Prefirieron asumir las costumbres de estos lados del mundo. En el tema económico, prefirieron no la modernidad sino las maneras de explotación que no eran modernas. Les salía más barato y ventajoso.
En los temas de construcción de Estado e institucionalidad, también prefirieron las costumbres no modernas porque tenían ventajas enormes, pues saltar las normas y leyes era más fácil que respetarlas o construirlas. La cantidad de golpes de Estado en nuestra historia es muestra ineludible de esta afirmación. Y lo corruptos que fueron esos gobiernos de arbitrariedad y muerte.
En las distintas etapas de la democracia desde 1982, las clases altas se lucieron en ser no modernas pues ni siquiera construyeron instituciones sólidas, prefirieron nomás las costumbres tradicionales y continuistas desde el siglo XIX. Los resultados en estos años son elocuentes, por demás evidentes. El desorden, el caos, el azar, el complot, las venganzas políticas y la lógica del enemigo son vocabularios que constituyen los insumos de la ausencia de modernidad, de la ausencia de mentalidades de grupos burgueses en Bolivia. Son comportamientos más bien de grupos oligárquicos premodernos.
Estos aspectos han sido ya reflexionados por pensadores y filósofos bolivianos como Javier Medina y H.F. Mancilla; sin embargo, no tenemos evidencias de materiales históricos para concluir con más certezas. En general, empero, gran parte de las reflexiones se refieren más a los sectores populares: corporativos, progresistas, etc. No a los sectores de clases altas. Es Javier Medina que enfatiza sus reflexiones hacia las clases altas, considerándolas provincianas y realmente nada modernas.
En definitiva, es urgente considerar investigaciones profundas y necesarias sobre las clases altas en Bolivia. En este caso respecto de conceptos importantes: modernidad, progreso y desarrollo. Conceptos que han definido historias en todos los países del mundo, desde el siglo XIX, para bien y para mal. Hasta hoy, si bien sabemos desde la experiencia que las clases altas y medias bolivianas, no son nada modernas sino todo lo contrario, pues no contamos con evidencias empíricas o históricas para solventar dichas afirmaciones con más contundencia.
Gran parte de los fracasos de los modelos políticos e ideológicos en Bolivia, se los culpa a los sectores más populares, con afirmaciones superficiales como populismos, o corporativismos. Pero, como vemos con más detenimiento y atención, son en realidad las clases altas quiénes llevan las culpas más evidentes. Sean estas de izquierda o derecha.
Bolivia sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. Seguimos con los estándares en salud y educación más atrasados posibles. Sumidos en la ignorancia y mediocridad absoluta en varios frentes de las ciencias, de las investigaciones y los desafíos académicos tradicionales. De fondo, sin grados de institucionalidad en el Estado ni siquiera en sectores privados. Los sectores privados también son pobres y casi miserables, que sólo quieren vivir a costa del Estado. Es decir, no tenemos realmente escenarios positivos cuando realizamos balances globales, en lo económico, social y político. Somos nomás todavía parte del llamado tercer mundo, con clases alta y medias provincianas y sin capacidad alguna de construir y tener fe en el país.
por: Max Murillo Mendoza
Publicado por: La Voz de Tarija
Fuente de esta noticia: https://lavozdetarija.com/2026/02/10/modernidad-y-clases-altas-en-bolivia/
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