Para muchas familias, uno de los momentos más desconcertantes llega cuando hijos e hijas adolescentes comienzan sus primeras relaciones afectivas o sentimentales. De repente aparecen los celos, la necesidad constante de saber dónde está el otro, discusiones por amistades, control del móvil, redes o frases como “si me quiere, tiene que demostrármelo, ser yo el primero”. Desde fuera, todo esto puede resultar preocupante; desde dentro, para los adolescentes, suele vivirse como algo “normal”.
Pero ¿por qué la posesión aparece tan a menudo en el amor adolescente? ¿Y, sobre todo, cómo pueden los padres ayudar sin invadir ni romper el vínculo?
Amor, apego e inseguridad en la adolescencia
Desde Ayudarte sabemos que la adolescencia es un periodo marcado por la búsqueda de identidad, la necesidad de pertenencia y una elevada sensibilidad al rechazo. A nivel neuropsicológico, el sistema emocional se encuentra altamente activado, mientras que las áreas relacionadas con la regulación emocional y la toma de decisiones aún están en desarrollo.
En este contexto, el vínculo de pareja puede convertirse en una fuente central de validación personal. Cuando existen inseguridades, miedo al abandono o baja autoestima, el amor puede confundirse con posesión. El control, los celos o la necesidad constante de contacto no suelen responder a un deseo consciente de dominar al otro, sino a estrategias disfuncionales para manejar el miedo y la ansiedad relacional.
En definitiva, la adolescencia es una etapa de emociones intensas y de construcción de la identidad. El cerebro emocional va mucho más rápido que el racional puesto que este último está en desarrollo. Esto hace que el amor se viva con una intensidad enorme, con poca experiencia previa y con escasas herramientas para regular lo que se siente.
Además, muchos adolescentes confunden amor con exclusividad total. Crecen escuchando mensajes culturales que idealizan los celos (“si no se pone celoso, no le importa”), el sacrificio extremo o la idea de que la pareja debe ser “todo”. A esto se suma la inseguridad típica de la edad: miedo al abandono, a no ser suficiente o a quedarse fuera.
Desde este lugar, el control y la posesión no suelen nacer de la maldad, sino del miedo.
Ejemplos de amor posesivo en adolescentes
A veces la posesión no se presenta de forma evidente, sino camuflada en gestos que parecen normales o incluso románticos:
- “Me escribe todo el tiempo para saber dónde estoy; dice que es porque se preocupa por mí.”
- “Se enfada si quedo con mis amigas sin avisarle.”
- “Me pidió la contraseña de Instagram porque entre nosotros no debería haber secretos.”
- “Se molesta si subo fotos que no le gustan.”
- “Si no contesto rápido, piensa que ya no me importa.”
Para un adolescente, estas conductas pueden interpretarse como atención o interés. El problema aparece cuando empieza a dejar de hacer cosas por miedo a la reacción de la pareja o cuando la relación genera más ansiedad que bienestar.
Señales de alarma: cuándo conviene prestar especial atención
No todas las relaciones difíciles son necesariamente tóxicas, pero existen señales de alerta que indican que algo no va bien. Cuantas más aparezcan juntas, mayor es el riesgo:
- Aislamiento progresivo: deja de ver a amigos, amigas o familiares para evitar conflictos con la pareja.
- Miedo a molestar o enfadar: cuida en exceso lo que dice o hace por temor a la reacción del otro.
- Control constante: la pareja exige saber dónde está, con quién y qué hace en todo momento.
- Revisión de redes y móvil: normalización de revisar mensajes, contraseñas o llamadas.
- Celos intensos y frecuentes: acompañados de acusaciones, reproches o vigilancia.
- Cambios en la forma de vestir o comportarse: no por elección propia, sino para evitar conflictos.
- Culpa constante: se siente responsable de los enfados, celos o malestar de la pareja.
- Ansiedad o tristeza asociadas a la relación: más sufrimiento que disfrute.
- Justificación del daño: frases como “es que me quiere mucho”, “es por su carácter” o “yo también tengo la culpa”.
- Pérdida de autoestima: se percibe menos valioso/a, más inseguro/a o dependiente.
Estas señales no deben abordarse desde el miedo, sino desde la observación y el acompañamiento.
El papel de los padres: acompañar, no controlar
La ayuda más efectiva empieza por el vínculo. Si un adolescente siente que puede hablar sin ser juzgado, es mucho más probable que escuche y reflexione.
Algunas claves importantes:
- Escuchar antes de opinar. Preguntar cómo se siente en la relación, qué le gusta y qué le incomoda.
- No ridiculizar ni minimizar. Para un adulto puede parecer “un drama exagerado”, pero para ellos es real.
- Hablar de amor saludable, no solo de relaciones tóxicas. Amar implica respeto, confianza, espacio personal y libertad.
- Cuestionar creencias, no personas. En lugar de “esa relación no te conviene”, probar con “¿cómo te hace sentir esta situación?”.
- Dar ejemplo. Las relaciones que se viven en casa enseñan más que cualquier discurso.
Preguntas frecuentes de padres
¿Es normal que mi hijo/a sea celoso a esta edad?
Pueden aparecer celos puntuales, pero no deben convertirse en control, miedo o pérdida de libertad. Los celos no son una prueba de amor.
¿Debo prohibir esa relación si veo que es tóxica?
Generalmente no. Prohibir suele reforzar la relación. Acompañar, dialogar y fomentar la reflexión suele ser más eficaz.
¿Y si no quiere hablar conmigo?
Es habitual. Mantener la puerta abierta, respetar tiempos y, si es necesario, recurrir a un profesional puede marcar la diferencia.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Cuando hay sufrimiento continuado, aislamiento marcado, ansiedad intensa o una clara pérdida de autoestima. Pedir ayuda es un acto de cuidado, no de fracaso.
Educar emocionalmente para el futuro
Acompañar a un adolescente en una relación posesiva no implica controlar sus decisiones, sino dotarle de herramientas para identificar límites, reconocer señales de alerta y construir vínculos más saludables. Este proceso no siempre es inmediato, pero cada intervención respetuosa contribuye a un aprendizaje emocional duradero.
Promover una educación afectivo-emocional sólida es una inversión a largo plazo en bienestar psicológico. Comprender que el amor no implica renuncia, miedo ni control es una de las bases más importantes para prevenir relaciones dañinas en la edad adulta.
Porque el amor sano no limita ni encierra: acompaña, respeta y permite crecer.
Nuria García Alonso de la Torre
Fuente de esta noticia: https://www.ayudartepsicologia.com/amor-no-es-posesion-claves-para-entender-y-fomentar-relaciones-saludables-en-la-adolescencia-y-juventud/
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