
La vida puede entenderse como un árbol en constante crecimiento. No crece de un solo golpe ni de forma uniforme: echa raíces, extiende ramas, pierde hojas, resiste tormentas y vuelve a florecer. Así también son nuestras relaciones. No todas llegan para quedarse, no todas soportan el mismo clima emocional y no todas cumplen el mismo propósito. Y, aun así, todas forman parte del crecimiento.
Aprender a ver la vida de esta manera nos permite soltar sin resentimiento, agradecer sin culpa y comprender que cada vínculo tiene su tiempo, su función y su enseñanza.
Personas raíz: las que permanecen pase lo que pase.
Las personas raíz son aquellas que se anclan profundamente a nuestra vida. Son las que permanecen durante toda la vida, sin importar las circunstancias.
- Están en los momentos de luz y en los de oscuridad
- Soportan las adversidades y las tormentas
- No se van cuando el proceso se vuelve incómodo
- Crecen con nosotros, incluso cuando el cambio duele.
Estas personas no siempre son perfectas, pero son firmes. Son las que sostienen el árbol cuando el viento arrecia. Su presencia no depende del beneficio ni del clima emocional del momento, sino del amor, la lealtad y el compromiso genuino.
Personas rama: las que acompañan por una etapa.
Existen personas que llegan como ramas:
nos acompañan durante una etapa importante de la vida, comparten caminos, aprendizajes, proyectos y momentos significativos.
Sin embargo, su permanencia suele estar condicionada al buen tiempo.
Están cuando todo fluye. Caminan con nosotros mientras hay estabilidad- Pero ante tormentas prolongadas pueden debilitarse o romperse. Cuando llegan los cambios profundos, algunas ramas se parten. No siempre por falta de amor, sino porque no estaban hechas para resistir ciertas pruebas. Y eso no las hace malas; simplemente cumplían otra función en nuestra historia.
Personas hoja: las que llegan y se van.
También existen personas que llegan como hojas: Aparecen en un momento específico, nos acompañan brevemente y luego se van.
Están ligadas a un tiempo, una experiencia o una lección. Su paso es corto, pero significativo. Nos muestran algo que necesitábamos ver
Las hojas no están destinadas a quedarse para siempre. Su función es nutrir, enseñar, señalar un cambio… y luego caer. Aferrarse a ellas solo impide que el árbol siga creciendo.
Todo ciclo tiene un propósito.
Cada persona cumple su ciclo, su propósito y sigue su camino.
Algunas se quedan para siempre, otras por un tiempo, y otras solo por un instante. Ninguna llega por error.
Cada vínculo deja una enseñanza:
amor
fortaleza
límites
desapego
gratitud
La madurez emocional consiste en agradecer lo vivido sin exigir permanencias que no corresponden.
No todos están destinados a quedarse, y eso no significa fracaso, significa evolución.
La vida, como un árbol sano, necesita soltar hojas, perder ramas y fortalecer raíces para seguir creciendo. Honra a quienes se quedaron, agradece a quienes te acompañaron un tramo y bendice a quienes se fueron.
Porque cuando entiendes que cada persona cumplió su propósito, el corazón deja de resistirse…
y aprende, por fin, a seguir creciendo en paz.
“Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá”. Salmo 1: 1.2 (RVR1960)
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