
\El temporal deja 170 carreteras cerradas y cortes clave en la red principal: A-48, A-44 y N-6; Andalucía al límite y nieve en la secundaria.
Este lunes 9 de febrero de 2026, el temporal mantiene 170 carreteras cerradas en España por inundaciones y desprendimientos, y el golpe más serio se lo lleva Andalucía, donde se concentran 140 cortes. En la red principal siguen interrumpidas tres vías que hoy pesan como una losa en el tráfico de largo recorrido: la A-48 a la altura de Vejer de la Frontera en dirección a Tarifa, la A-44 en Campillo de Arenas sentido Granada, y la N-6 en Vega de Valcárcel en ambos sentidos. El parte, con datos de Dirección General de Tráfico (DGT) difundidos en una actualización de media mañana, dibuja un país con arterias principales tocadas y una secundaria —la de verdad, la del día a día— directamente maltrecha.
A ese mapa de agua se le suma el mapa blanco: además de los cierres por lluvia, permanecen 34 vías afectadas por nieve, todas de red secundaria, con 13 cerradas y 17 en nivel rojo, es decir, con cadenas o neumáticos de invierno obligatorios y restricciones asociadas. Entre las provincias con incidencias por nieve aparecen Asturias, Albacete, Ávila, Salamanca, Zamora, Cáceres y Navarra, además de puntos concretos de la sierra granadina y del norte peninsular donde el hielo convierte una recta tranquila en una trampa. Y todo eso, junto, explica la foto de hoy: barro, baches invisibles bajo el agua, laderas reblandecidas, nieve en cotas medias, y una red viaria que funciona por piezas… hasta que una pieza salta.
Tres cortes clave en la red principal que condicionan el día
Hay cierres que duelen por volumen, y otros que duelen por posición. La A-48 cortada en el tramo de la provincia gaditana no es solo una nota en un boletín: es una interrupción en un corredor que empuja hacia el litoral y hacia el Estrecho, con el tráfico rehaciéndose como puede por vías alternativas que, en jornadas así, ya vienen cargadas de agua y de incidencias. Ese corte en dirección a Tarifa se entiende mirando el entorno: campiña, arroyos, puntos bajos que se saturan rápido, y el tipo de lluvia que no cae a golpes aislados, sino a ratos largos, pesados, con el suelo rendido. La carretera, cuando el terreno se encharca por debajo, no “se moja”: pierde firme, y la frontera entre calzada y cuneta se vuelve borrosa, literalmente.
La A-44 interrumpida en Campillo de Arenas, en sentido Granada, añade otro matiz: no hace falta estar cerca del mar para que una autovía se pare. En el interior, el temporal juega con desprendimientos y con escorrentías que bajan desde laderas y taludes; cuando la montaña se ablanda, suelta piedras y barro con una naturalidad inquietante. Ese tramo, además, es un eje de enlace con la capital granadina y su área metropolitana; cuando cae, el tráfico no desaparece, se redistribuye, y lo hace por carreteras que hoy no están precisamente para absorber más carga.
La N-6 cortada en Vega de Valcárcel, en ambos sentidos, es casi un símbolo: la histórica ruta hacia el noroeste que todavía sostiene movimientos locales y comarcales. Allí, en un punto de orografía marcada, el agua y los desprendimientos tienen el terreno a favor, y el cierre en doble sentido indica un problema que no se resuelve con un simple paso alternativo. No es un corte “de carril”; es un corte de continuidad, de esos que obligan a replantear itinerarios completos y que, en días de temporal, se vuelven especialmente delicados por la suma de factores: visibilidad, firme irregular, y el riesgo de que la incidencia cambie de tamaño en pocas horas.
Andalucía, epicentro: 140 cierres y un rosario de tramos anegados
La cifra —140 carreteras cortadas— se entiende mejor al mirar el tipo de vías afectadas: mucha carretera secundaria, muchas conexiones rurales, muchos accesos que normalmente pasan desapercibidos y hoy se convierten en noticia porque el agua decide por dónde se circula. En el cuadro de cortes por inundación se repite una palabra que, en estos informes, pesa como un portazo: nivel negro. Significa cierre. Y aparece una y otra vez en tramos que atraviesan vegas, cruces con arroyos, pasos de puentes y “puntos bajos” donde el agua se queda como si tuviera derecho de estancia.
En la provincia gaditana el parte es especialmente denso y concreto: figuran cierres en carreteras autonómicas como la A-2002 (entre San Ignacio-Sierra y Solete Alto) y la A-2202 (El Guijo y La Garrapata), y un reguero de vías provinciales con clave CA- en la campiña y el entorno de Jerez: la CA-3101, la CA-3102, la CA-3106, la CA-3110, la CA-3112… nombres que, dicho así, suenan a burocracia, pero cada uno es un tramo con una historia concreta de hoy: charcos que ya no son charcos, pasos que se convierten en río, y desvíos que llevan a otras carreteras que, a su vez, están tocadas. En ese mapa también aparecen localizaciones como Macharnudo Alto, El Portal, Los Repastaderos o La Barca de la Florida, que dibujan el mismo patrón: agua acumulada en zonas llanas y cortes preventivos para evitar lo peor.
En Córdoba, el parte de inundaciones recoge un fenómeno muy reconocible cuando llueve de verdad: la vulnerabilidad de puentes, vados y pasos sobre cursos de agua. Aparecen tramos con referencia a “PUENTE” en carreteras como la CO-3310 o la CO-4205, y cierres en puntos que conectan núcleos y pedanías entre sí: Posadas, Almodóvar del Río, Montemayor, Montalbán… El agua, aquí, no solo tapa calzadas; también compromete estructuras, erosiona márgenes y obliga a cortar antes de que el daño sea mayor. Es un tipo de incidencia que suele alargarse, porque no basta con que deje de llover: hay que evaluar, limpiar, asegurar, y a veces reparar.
En el flanco oriental andaluz, la provincia de Jaén concentra incidencias que conectan con el gran corte de la A-44, pero van mucho más allá. En el listado de inundaciones figuran carreteras como la A-6000 a la altura de Mengíbar o la A-6204 en la zona de Mogón, con cierres en ambos sentidos y un escenario típico de temporal interior: cauces que se salen, campos saturados que descargan agua en las cunetas, y carreteras que se vuelven estrechas aunque tengan dos carriles, porque los márgenes ya no son márgenes. Y en paralelo, en la provincia granadina se repiten tramos con nivel rojo en carreteras locales —GR-3401, GR-4105, GR-4403— que suelen indicar afección grave, circulación muy condicionada o cortes puntuales que pueden terminar en cierre completo si el agua sube un poco más. Son carreteras cortas en kilómetros, largas en impacto cuando conectan comarcas o rutas de servicios esenciales.
Cádiz bajo el agua: la campiña y las carreteras que cosen el territorio
En la provincia de Cádiz el temporal tiene una forma muy clara: el agua se extiende por la campiña como una sábana, y los cortes se acumulan en carreteras que cruzan zonas agrícolas y núcleos dispersos. La repetición de cierres en torno a Jerez y su entorno no es casual; es geografía y drenaje. Las carreteras CA- que aparecen cerradas atraviesan terrenos donde las cunetas, cuando llueve a conciencia, dejan de ser un canal secundario y pasan a ser un cauce principal. En algunos tramos, el problema es la inundación directa; en otros, el problema es el arrastre: barro, ramas, piedras pequeñas que se apelotonan y convierten una calzada en una pista irregular, peligrosa, imprevisible.
Ese mismo patrón explica por qué, junto a los cierres en secundarias, la A-48 se convierte en un punto caliente. Cuando se corta una vía principal, el tráfico tiende a buscar salida por carreteras paralelas, pero en días así el paralelismo se rompe: lo paralelo también está cerrado o muy limitado. Se genera una especie de laberinto de desvíos, con tramos que abren y cierran según evoluciona el agua. Y en el barro, la señalización provisional se ensucia, se tapa, pierde legibilidad. La carretera no solo se corta; también se vuelve confusa, que es otra forma de riesgo.
Interior andaluz: puentes, taludes y la letra pequeña de los cortes
En el interior, la película cambia de textura pero no de gravedad. En zonas de sierra y campiña, el temporal golpea con desprendimientos y con el desgaste lento del agua filtrándose. Se ve en las incidencias asociadas a puentes en Córdoba, y se intuye en la lógica de cierres en Jaén: no se corta una carretera porque sí, se corta cuando hay un punto donde el firme ya no ofrece garantías, o cuando el talud que lo sostiene ha empezado a ceder. En esos casos, incluso con el cielo calmado durante unas horas, el peligro puede crecer por debajo, silencioso, como una grieta que no se ve desde el coche.
En este mismo contexto aparece otra derivada que ayuda a medir el impacto del temporal sin salir del ámbito de lo concreto: la Junta de Andalucía ha suspendido clases presenciales en 96 centros educativos este lunes, con especial incidencia en la provincia gaditana. La decisión no es un adorno informativo; se entiende en relación directa con los cortes de carretera y las dificultades de movilidad. Cuando una red de accesos se rompe, se rompen también rutas escolares, suministros, desplazamientos de personal, y la normalidad se repliega. No es el “tiempo” en abstracto; es la red logística diaria puesta a prueba.
Inundaciones y desprendimientos: lo que hay detrás del parte de la DGT
El informe de cortes por inundación tiene un tono administrativo, sí, pero describe fenómenos muy físicos. La inundación, en carretera, no es solo agua encima del asfalto; es agua entrando en capas inferiores, debilitando la estructura, levantando pequeños “bultos” que después se convierten en baches. Es el asfalto que parece intacto hasta que una rueda pisa, y entonces aparece el hundimiento. Por eso el cierre es tan frecuente en tramos con puntos bajos y en accesos a puentes: la combinación de velocidad, agua y poca visibilidad puede ser letal, y el margen de reacción, mínimo. El temporal no necesita grandes ríos para cerrar una carretera: le bastan arroyos desbordados y una cuneta que ya no traga.
El desprendimiento, en cambio, es más abrupto y suele llegar con un sonido que no se olvida: piedras rebotando, barro cayendo en bloque, árboles inclinados. En zonas de sierra, un talud saturado se comporta como una pared con la base mojada; aguanta hasta que no aguanta. Es habitual que el parte cambie rápido en estos episodios: un tramo que estaba “afectado” pasa a “cerrado” porque cae un segundo desprendimiento o porque se detecta inestabilidad. Esa es la razón por la que la DGT insiste en el seguimiento continuo del estado de las vías: la incidencia no es estática, se mueve, crece, se desplaza unos kilómetros.
En el propio sistema de la DGT, los niveles de servicio ayudan a entender el grado de impacto. En cortes por inundación, el nivel negro se asocia al cierre total; el rojo suele indicar una afección grave que puede implicar restricciones severas, circulación muy condicionada o interrupciones en puntos concretos. Y en nieve y hielo, el rojo tiene un significado especialmente nítido: obligación de cadenas o neumáticos de invierno, limitación de velocidad y restricciones para ciertos vehículos. No es una cuestión de “recomendación”; es normativa operativa de seguridad en un tramo que ya está comprometido.
Nieve y hielo: del blanco bonito al rojo de cadenas obligatorias
Mientras en el sur el problema dominante es el agua marrón y persistente, en varios puntos de montaña y del norte el temporal se traduce en hielo y nevadas. En el parte de carreteras afectadas por nieve aparecen ejemplos muy ilustrativos de lo que significa “nivel rojo”: en tramos de Sierra Nevada figuran cierres en carreteras de puerto como la A-395 y la A-4025, con nivel negro y la indicación directa de “cerrado”. No es solo nieve; en algunos casos es hielo, que tiene otra lógica y otra peligrosidad, porque se agarra al asfalto como una capa transparente y, a simple vista, cuesta detectarlo. En esa misma provincia aparecen tramos donde el rojo obliga a equipamiento específico, como ocurre en carreteras de la zona norte granadina, caso de la A-317 por Puebla de Don Fadrique, con restricciones asociadas.
Más arriba en el mapa, las incidencias por nieve se reparten por diferentes comunidades. En el parte figuran, por ejemplo, tramos en Huesca con nivel rojo, como la A-136 en el entorno de Escarrilla hacia el Portalet o la A-2606 en Baños de Panticosa, escenarios donde la nieve no sorprende en invierno, pero sí puede complicarse cuando llega acompañada de viento y bajas temperaturas. En el norte, aparecen carreteras afectadas en Asturias con varias vías en rojo y algunas directamente cerradas, como la LN-8 o la SD-2, que reflejan esa combinación de nieve persistente y carreteras secundarias estrechas, con sombras largas y placas de hielo que se mantienen incluso cuando el sol asoma.
El rojo, además, trae letra pequeña que conviene tener muy presente en el contexto informativo de hoy: implica restricción temporal de velocidad y limitaciones para autobuses y vehículos pesados. No es un detalle menor; cuando se restringe el paso de pesados, se afecta también al transporte de mercancías y a servicios que dependen de rutas concretas, especialmente en zonas donde la alternativa es una carretera todavía más alta o más expuesta. El temporal, así, no solo corta: ralentiza, y a veces esa ralentización es el preámbulo de un cierre total si la nevada aumenta o si el hielo se extiende.
La normalidad, a ratos: un parte que cambia y tres puntos vigilados
Con el parte de hoy, hay una idea que se impone por encima del ruido: la situación no se resume en un número, aunque el 170 impresione. El dato sirve para tomar dimensión, pero lo decisivo está en cómo se distribuye: una comunidad con 140 cortes, tres vías principales cerradas en tres provincias distintas, y una red secundaria que acusa tanto el agua como la nieve. Esa mezcla es la que hace que el mapa cambie con rapidez, porque no depende solo de que deje de llover; depende de que baje el agua embalsada en campos y cunetas, de que se estabilicen taludes, de que se retiren arrastres y de que, en montaña, suba un poco la temperatura o se limpie el hielo.
En este contexto, los tres cortes de la red principal —A-48, A-44 y N-6— quedan como puntos de referencia inevitables: son los que más fácilmente alteran desplazamientos largos y los que más requieren coordinación para restablecer el tráfico con garantías. A su alrededor, el verdadero volumen de incidencia está en la secundaria andaluza, con carreteras locales anegadas, pasos sobre cursos de agua comprometidos y tramos que aparecen en negro una y otra vez. Ese tejido es el que sostiene movilidad cotidiana, servicios, reparto, enlaces entre comarcas; cuando se rompe, el territorio se fragmenta.
La DGT mantiene operativos sus canales de información, con el 011 y el mapa de tráfico como herramientas de consulta continua, porque el parte es una foto, no una película completa. Y la película de hoy, a falta de milagros, se escribe despacio: primero baja el agua, luego se evalúa el firme, después se limpia y se reabre. En algunos puntos será cuestión de horas; en otros, de días. Por ahora, el temporal manda, y el asfalto —con barro en el sur y hielo en el norte— espera su turno para volver a ser simplemente carretera.
🔎 Contenido Verificado ✔️
Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: DGT, Cadena SER, DGT, DGT, Ministerio de Defensa, El País.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/carreteras-cortadas-hoy-9-de-febrero/
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