El Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés) entró en vigor este enero de 2026, tras dos décadas de negociaciones internacionales. Inmediatamente después de la finalización del texto en marzo de 2023, 145 países firmaron el documento, que pasó a conocerse como Tratado de Alta Mar, entre ellos Brasil.

Para entrar en vigor, el acuerdo necesitaba la ratificación de al menos 60 países para comenzar a regir 120 días después. En Brasil, el Congreso Nacional ratificó el acuerdo el 16 de diciembre de 2025, pero incluso antes de eso, en septiembre, la cantidad necesaria de naciones ya había confirmado su participación.
Hasta la publicación de este artículo, el número de países sumaba 84, según la red global de organizaciones sociales High Seas Alliance. Pero, ¿por qué este tratado internacional sobre un bien común fuera de los territorios de los países despierta tanto interés?
Según la directora del Departamento de Océano y Gestión Costera del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático (MMA), Ana Paula Prates, a pesar de que otros tratados internacionales establecen reglas de conservación de la biodiversidad marina, estos alcanzan principalmente a los territorios nacionales, mientras que este es el primero en abordar íntegramente esta región internacional, que representa dos tercios de los océanos del planeta.
«Era necesaria esta visión integrada, ya que todo lo que sucede en aguas internacionales interfiere también en nuestras aguas jurisdiccionales. Ya sea el tema de la biopiratería, los impactos ambientales de emprendimientos como la pesca de arrastre de profundidad, o el problema del plástico», afirma.
Seres vivos
Con más de 360 millones de kilómetros cuadrados de extensión y lugares que superan los 10 kilómetros de profundidad, los océanos son los principales responsables del equilibrio de la temperatura del planeta, producen más de la mitad del oxígeno necesario para la vida y albergan una vasta biodiversidad. Cerca del 64% de toda esta inmensidad representa el área de alta mar, más allá de las jurisdicciones nacionales.
“Al conocer mejor y realizar estudios de impacto ambiental de las actividades que los humanos desarrollan en esta área, tenemos la posibilidad de mejorar la protección y conservación de esta biodiversidad, que es por mucho la más importante para el mantenimiento de la vida en la Tierra”, afirma Andrei Polejack, director de investigación e innovación del Instituto Nacional de Investigaciones Oceánicas (INPO), organización dedicada a la investigación y desarrollo del océano.
El texto del Tratado de Alta Mar trata básicamente de las directrices e institucionalidad global para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en alta mar, a partir de cuatro pilares:
- Creación de áreas marinas protegidas en aguas internacionales;
- Evaluación de actividades económicas respecto al impacto ambiental;
- Reparto de los beneficios de los recursos genéticos;
- Transferencia de tecnología y desarrollo de capacidades.
En la práctica, cualquier actividad que se desarrolle en alta mar estará sujeta a las reglas del acuerdo, ya que el tratado es vinculante; por lo tanto, pasa a ser una obligación legal impuesta a los países participantes. “No será según cada país, cada empresa o su respectivo país. Entonces, por ejemplo, la pesca de arrastre de profundidad, que ocurre muchísimo y nadie sabe dónde, tendrá que ser evaluada en conjunto con estos países [que participan del Tratado]”, explica Ana Paula Prates.
Para actuar en estas regiones, los países también necesitarán comprender mejor la biodiversidad presente, a partir de inversiones en ciencia y tecnología capaces de llegar hasta las especies —como sumergibles de aguas profundas— y del mapeo genético de la fauna y flora existente en alta mar.
Beneficios
“Tenemos una posibilidad maravillosa de nuevos recursos para medicamentos, cosméticos y otras soluciones, pero esto tendrá que ser evaluado en conjunto, y los beneficios deberán repartirse entre todos los países que ratificaron. Del mismo modo, otro tema que será muy polémico, pero que tendrá que negociarse, será el establecimiento de áreas marítimas protegidas”, afirma la representante del ministerio brasileño.
La idea es que, cuando haya dudas sobre la capacidad de conservación y mantenimiento del equilibrio de un determinado ecosistema y sus especies, la región sea protegida con medidas que van desde la evaluación de impactos hasta la creación de áreas marinas protegidas.
“Este es un proceso que adopta principios del derecho internacional vinculantes en este tratado, como el enfoque precautorio: si no sabemos con certeza cuál es el impacto, entonces es mejor suspender las actividades”, refuerza Polejack.
COP de Alta Mar
Con el tratado ya vigente, solo los países que ratificaron podrán participar en la creación de las instituciones, reglas y procesos para que el acuerdo sea operativo. Las primeras negociaciones para construir estos instrumentos se darán en las Conferencias de las Partes (COP) del Tratado de Alta Mar.
Incluso antes de esta etapa, cuando el acuerdo recibió las firmas de los países interesados, la Asamblea General de las Naciones Unidas constituyó una comisión preparatoria encargada de elegir el país sede de la secretaría y otras instituciones, como el cuerpo científico y técnico, además de establecer la estructura financiera y las reglas para la toma de decisiones.
Ya se realizaron dos reuniones en abril y agosto de 2025, y una tercera está prevista para marzo de 2026 en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. “En esta reunión podremos decidir dónde estará la secretaría, que ya está en disputa. Bélgica, Chile y ahora China se han presentado como candidatos. También se deberá definir la fecha de la primera COP”, dice Prates.
Ventajas
Según Polejack, Brasil tiene mucho que aportar con el conocimiento diplomático y científico desarrollado en otros tratados internacionales, como los surgidos en la Eco92, en Río de Janeiro. También considera importante realizar debates sobre los intereses sociales y colectivos de la población.
“Este trabajo debe basarse en evidencia científica y considerar el equilibrio entre los usos de la biodiversidad en alta mar, pero también debe distribuir los beneficios generados. Hay muchos detalles; es un acuerdo complejo que realmente necesita de todas las voces juntas”, concluye Polejack.
Fuente de esta noticia: https://agenciabrasil.ebc.com.br/es/meio-ambiente/noticia/2026-02/brasil-ratifica-el-tratado-de-alta-mar-para-proteger-los-oceanos
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