
José María “Junior” Alegreti transformó un automóvil de 1976 y un motor de motocicleta en un aliado económico para su taller. Lo hizo junto a su hijo durante la pandemia del Covid-19 para optimizar costos de auxilio mecánico en Santa Rosa, Departamento de Misiones.
En el corazón del Departamento de Misiones, la creatividad no conoce de manuales cuando la necesidad apremia.
José María Alegreti (53), un conocido mecánico de la zona apodado “Junior”, es el protagonista de una historia de resiliencia y talento técnico que hoy recorre las calles de la ciudad sobre cuatro ruedas de pura inventiva. Todo comenzó en el silencio de la cuarentena por el Covid-19.
“Calculamos qué hacer con mi hijo para no estar de balde”, relata Junior. El punto de partida fue un viejo automóvil de 1976 que el tiempo y el óxido estaban sentenciando a muerte en un rincón del patio.
Lejos de rendirse al desguace, Alegreti desarmó el vehículo, rescató el eje trasero y otras piezas estructurales para dar vida a un nuevo concepto de movilidad laboral. Al robusto armaje del coche le adaptó un motor de motocicleta de 150 cc completamente nuevo.
El resultado fue un móvil de auxilio híbrido que combina la estabilidad de un auto con el consumo ínfimo de una moto.
“Me sale muchísimo más barato. Me sirve para hacer auxilio en la ciudad y alrededores, incluso para estirar forrajeras y llevar cosas pesadas. Para movernos por acá, me salva todito”, explica el mecánico con orgullo.
Pero la obra no es solo fierros y soldadura. El proyecto lleva el sello de la transmisión de saberes.
Su hijo, José Fernando (17), fue el brazo derecho en la construcción y hoy acompaña a su padre en cada servicio técnico, aprendiendo el oficio de primera mano en la máquina que ellos mismos crearon.
Para Junior, la clave está en la actitud ante la adversidad: “Hay que ingeniarse y utilizar de forma positiva nuestro tiempo libre”.
Hoy, mientras los precios del combustible castigan el bolsillo, el móvil de los Alegreti circula como un testimonio rodante de que, con ingenio y un soplete en mano, hasta lo que parece chatarra puede volver a ser el motor de la economía familiar.
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