
Por Erik Høeg, Embajador de la Unión Europea en la República Argentina
El 17 de enero de 2026, en la histórica ciudad de Asunción, la Unión Europea y los países del Mercosur marcaron un hito trascendental al firmar el Acuerdo UE-Mercosur. Este pacto, esperado durante décadas, redefine las relaciones entre dos regiones que comparten una profunda conexión histórica y cultural, y que ahora se proyectan juntas hacia un futuro más prometedor. Este acuerdo no solo simboliza un compromiso económico, sino también una unión basada en valores compartidos como la democracia, el respeto por los derechos humanos y la sostenibilidad.
La firma del Acuerdo llega en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, avances tecnológicos acelerados y desafíos ambientales sin precedentes. En este panorama, la cooperación internacional se convierte en un imperativo para enfrentar los retos del siglo XXI. La UE y el Mercosur han decidido apostar por una integración inteligente, basada en reglas claras, confianza mutua y una visión de largo plazo que priorice el desarrollo sostenible.
El Acuerdo UE-Mercosur no es solo un tratado comercial; es una declaración de principios. Ambas partes comparten la convicción de que el libre comercio, cuando se rige por normas claras y previsibles, es una herramienta esencial para impulsar el desarrollo económico. Además, el acuerdo abre espacios para diálogos sobre temas cruciales como los derechos humanos, la digitalización y la sostenibilidad ambiental. Este enfoque multidimensional refleja el compromiso de ambas regiones con un modelo de cooperación que trasciende lo meramente económico.
Argentina, como miembro destacado del Mercosur, ocupa un lugar central en este acuerdo. Su afinidad con los principios europeos —democracia, pluralismo y Estado de derecho— ha sido la base de una relación estable durante décadas. Ahora, este vínculo se fortalece con una cooperación más ambiciosa que promete beneficios significativos para ambas partes.
Desde el punto de vista económico, el Acuerdo UE-Mercosur abre puertas a nuevas oportunidades. Juntos, los bloques representan más del 30% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y alrededor del 35% del comercio global. Para el Mercosur, esto significa acceso preferencial al mercado europeo de 450 millones de consumidores, ampliando considerablemente las posibilidades exportadoras de países como Argentina.
Un estudio reciente indica que el acuerdo podría generar un aumento del 17% en las exportaciones de bienes y servicios del Mercosur hacia la UE, lo que equivale a unos 8.900 millones de euros adicionales anuales. Este crecimiento beneficiará especialmente a sectores con mayor valor agregado, como alimentos procesados y servicios especializados. Además, se proyecta que el acuerdo incremente el PIB anual del Mercosur en 9.400 millones de euros para 2040.
En el caso argentino, sectores clave como el agroalimentario se verán fortalecidos. La apertura de cuotas preferenciales para la exportación de carne hacia Europa es un avance significativo para los productores locales, quienes han invertido durante años en mejorar estándares sanitarios, ambientales y de bienestar animal. Asimismo, productos emblemáticos como el vino argentino encontrarán en Europa un mercado sofisticado con alta valoración por la calidad y la identidad de origen.
La industria también se beneficiará ampliamente del acuerdo. Sectores como el automotriz, químico, farmacéutico y los servicios basados en conocimiento tendrán mayores oportunidades de integrarse a cadenas de valor europeas con reglas claras y procedimientos simplificados. Esto es especialmente relevante para las pequeñas y medianas empresas (pymes), que representan el corazón del tejido productivo argentino. La posibilidad de expandir su alcance comercial puede traducirse en más empleo, innovación y competitividad.
La sostenibilidad ocupa un lugar destacado en el Acuerdo UE-Mercosur. Los compromisos asumidos en el marco del Acuerdo de París y los esfuerzos conjuntos para combatir la deforestación y preservar la biodiversidad son ahora requisitos fundamentales para competir en mercados globales cada vez más exigentes en términos ambientales.
Para Argentina, esto representa una oportunidad única para posicionarse como proveedor confiable de productos sostenibles y responsables. Desde alimentos con trazabilidad ambiental hasta minerales extraídos bajo estándares estrictos de cuidado ambiental, el país puede consolidar su reputación como socio estratégico en un mundo que prioriza la sostenibilidad.
El sector energético también se beneficia del enfoque ambiental del acuerdo. La transición energética europea requiere diversificar sus fuentes y fortalecer alianzas con socios confiables. Argentina está bien posicionada gracias a su capacidad en energías renovables y recursos gasíferos y mineros. Vaca Muerta, por ejemplo, ya cuenta con participación europea significativa, y el acuerdo permitirá consolidar esta colaboración en un sector clave para abastecer mercados internacionales con bajas emisiones.
En minería, recursos como litio, cobre y tierras raras son esenciales para las cadenas de valor europeas. El Acuerdo establece estándares que garantizan procesos sostenibles, minimizando impactos ambientales y maximizando beneficios locales. Este enfoque refuerza el diferencial europeo en términos de calidad e inversión responsable.
El desarrollo de infraestructura física y digital es otro pilar fundamental del Acuerdo UE-Mercosur. Sin corredores logísticos modernos, redes eléctricas confiables y conectividad amplia, el potencial productivo argentino no podrá desplegarse plenamente. La estrategia Global Gateway de la Unión Europea ya está impulsando proyectos concretos en transporte, energía y digitalización en la región.
Además, el Fondo de Cooperación Reforzada destina 1.800 millones de euros para cofinanciar iniciativas estratégicas en energía limpia, infraestructura sostenible e innovación industrial. Para Argentina, este apoyo representa una oportunidad decisiva para modernizar su aparato productivo y garantizar un crecimiento inclusivo con alto impacto social.
Más allá de lo comercial y lo político, el Acuerdo UE-Mercosur tiene una dimensión humana fundamental. Europa y Argentina comparten un vínculo histórico único: millones de ciudadanos con raíces compartidas; miles de estudiantes, artistas e investigadores que cruzan el Atlántico cada año; universidades y centros culturales que colaboran desde hace décadas.
El Acuerdo busca profundizar este intercambio humano facilitando la movilidad académica y fortaleciendo redes de innovación que serán clave para el futuro. En un mundo donde el conocimiento es un recurso estratégico, esta dimensión es tan relevante como cualquier capítulo económico.
La firma del Acuerdo UE-Mercosur marca el inicio de una etapa que exigirá compromiso, responsabilidad y trabajo conjunto para aprovechar plenamente sus oportunidades. Este pacto no es un punto final; es un primer paso hacia una cooperación más profunda entre dos regiones que comparten valores fundamentales y una visión común del futuro.
Convertir este potencial en resultados tangibles requerirá diálogo permanente y esfuerzos activos por parte de gobiernos, empresas y ciudadanos. Sin embargo, lo que queda claro es que este acuerdo tiene el poder de transformar las relaciones entre Europa y América del Sur, impulsando un modelo de desarrollo sostenible basado en la confianza mutua y los valores compartidos.
En tiempos de incertidumbre global, alianzas como esta representan un faro de esperanza para construir un mundo más equilibrado, cooperativo y próspero para todos.
