
No hay copia del acuerdo comercial con Estados Unidos en castellano, el idioma oficial de la Argentina, y por lo tanto es probable que en esta interpretación de los hechos haya algún error de traducción: Yo no soy de los que se compran toda la ropa en Miami o París. Lo lamento.
Andrés Malamud, un analista político que me gusta, reparó en algo que muchos advertimos pero él dijo mucho mejor en un simple tuit: hay un tufillo enorme de sumisión de la Argentina a Estados Unidos en el texto de ese acuerdo nunca traducido. Entre tantos artículos hay tres mandatos compartidos, 7 imposiciones a Estados Unidos y 113 obligaciones a cumplir por parte de la Argentina. Es evidente que la desproporción es enorme.
El acuerdo de comercio recíproco entre Argentina y Estados Unidos dice:
“Argentina y EEUU deberán…”: 3 veces
“EEUU deberá…”: 7 veces
“Argentina deberá…”: 113 veces
Quedamos debiendo.
— Andrés Malamud (@andresmalamud) February 6, 2026
Dice Miguel Braun, ex secretario de Comercio de Mauricio Macri y parte de una familia de supermercadistas y exportadores de carne, que es infantil la mirada anterior, pues a partir de este acuerdo “Argentina podrá exportar miles de productos a EE.UU. sin aranceles adicionales, mientras nuestros competidores como Brasil, la UE, China, India y otros deberán pagar aranceles adicionales de 10 a 25%”. Claro que vale decir que antes que esto Estados Unidos subió los aranceles unilateralmente a todo el planeta -pateó la estantería- y en realidad nosotros estaríamos consiguiendo como excepción lo que antes era una regla. Te devuelvo lo que te saqué, dice el dueño de la pelota.
Argentina podrá exportar miles de productos a EEUU sin aranceles adicionales, mientras nuestros competidores como Brasil, la UE, China, India y otros deberán pagar aranceles adicionales de 10 a 25%. Quizás los que están diciendo que no hay beneficio no lo entendieron.
— Miguel Braun (@braunmi) February 7, 2026
Por supuesto, una vez más, la discusión es entre política y economía. Los que tienen algo para vender a Estados Unidos no harán ningún reparo a un acuerdo de este estilo, porque sienten que tendrán más posibilidades de crecer en sus negocios. La política se desgañitará haciendo advertencias que casi nadie escuchará, porque lo que manda es el dinero. ¿Soberanía? ¿Qué era aquello?
Por eso en el sector agropecuario celebraron sin disimulos el acuerdo con Estados Unidos, lo apoyaron fervientemente. Si algo tiene para vender la Argentina, eso son los productos de su campo. La ilusión está intacta y la maquinaria a media potencia. Entonces a los agropecuarios les importa poco o nada la “reciprocidad” plasmada en el acuerdo con Estados Unidos, ya que nosotros también le bajamos aranceles a sus exportaciones (mientras escribo esto, un amigo me cuenta que está comprando comida en Costa Rica y es toda de origen estadounidense), nos comprometemos a importar sus pollos dentro de un año y le quitamos al Senasa casi toda posibilidad de control sobre los frigoríficos yankees. Serán ellos los que deciden que nos exportan y cuando. Nosotros nos dejamos.

Como con la ropa importada, no nos importa lo que entre sino lo que sale. Y creemos -desde hace décadas creemos- que estamos condenados a ser “Argentina el granero o el supermercado del mundo”.
Entonces vamos a lo que obtuvo la Argentina a cambio de tanta generosidad: todos festejaron como un “hito histórico” que Estados Unidos aceptara importar 100 mil toneladas anuales de carne vacuna de estas pampas, cinco veces más de las que nos compraban hasta ahora . La Argentina exporta 20 mil toneladas con bajo arancel desde 2018 (la cuota inicial fue obtenida por Macri también de Trump), luego de casi un siglo de menospreciar nuestros bifes y prohibirlos con la excusa paraarancelaria de la fiebre aftosa (curioso, en el nuevo acuerdo son ellos ahora los que nos dicen que las barreras al comercio deben estar basadas en ciencia).
Pero somos incorregibles y olvidamos rápido los argentinos: nos creemos predestinados a llenar con nuestra carne las góndolas de todos los supermercados del mundo. Frente a la noticia de que la cuota de carne para Estados Unidos en 2026 será cinco veces más grande, nos sentimos como el indio Paturuzú, pampas invencibles. Nadie hace el cálculo de que Estados Unidos consumirá cerca de 12,5 millones de toneladas de carne este año, con lo cual la magra oferta argentina -de cumplirse- representará solo 0,8% del consumo de los cowboys. Tampoco se repara en que aquel país importa 2,5 millones de toneladas, con lo cual la participación argentina crecería como tope hasta 4% de las importaciones.

Si se levantara Carlos Menem de su tumba, además, le patea la cola a Javier Milei ante tanta genuflexión: ni siquiera él, el presidente riojano que abrazó primero que todos el neoliberalismo y era estandarte del pragmatismo, se bancaba las cuotas como sistema de administración del comercio, y la Argentina de los 90 las criticaba severamente en todos los foros internacionales junto al Grupo Cairns. Es que una cuota es un límite en esencia. Una barrera. “Yermano… No se puede celebrar los límites, sobre todo si te decís el baluarte del libre comercio”, hubiera dicho el Turco.
Pero nada, celebremos en medio de la flacura del análisis que nos propone Manuel Adorni: este es un hito histórico y nuestra carne va a conquistar los paladares estadounidense, que no podrán resistirse a la tentación de un buen asado en cuanto lo conozcan, porque los gauchos saben mucho más de hacienda y de ganado que esos vaqueros de pacotilla. Boleadora mata revolver.
Y todo muy lindo en el discurso pobre de la política porque ni siquiera se va a poder vender asado, ya que Estados Unidos nos sigue prohibiendo -sin argumentos científicos- las importaciones de carne con hueso.
Primer dato concreto: la ampliación del cupo de carne vacuna de 20.000 a 100.000 toneladas se decidió por decreto y no forma parte del acuerdo con la Argentina, ya que al parecer Donald Trump debe hacer pasar decisiones de ese estilo por el Congreso. Por eso se anunció aparte y con un comunicado especial de la Casa Blanca, donde el propio presidente (mientras tratar a Obama como mono) justificó esas importaciones en base a las necesidades de carne que actualmente tiene Estados Unidos (que vive una depresión ganadera sorprendente) e impuso las condiciones para dicho contingente arancelario.
No era amor, es escasez: Según admite el propio Trump, la ampliación del cupo de carne para Argentina se debe a la sequía y a los precios, no a la política
Es decir que el cupo adicional de carne no forma parte del pacto comercial y por lo tanto tiene fecha de vencimiento: el 31 de diciembre de 2026. No hay ninguna certeza de que vaya a extenderse más allá de ese día, y mucho menos papel escrito, y la única razón para creer que así será nace de la propia ingenuidad de los negociadores de la Argentina, que confían en la palabra de un presidente estadounidense que se pelea con medio mundo.
Trump, como se dijo, además se arrogó ordenar la cuota y definir el modo de distribución, sin darle participación al Estado Argentino sobre esas decisiones supuestamente “soberanas”. Ey, amigo, si me das un cupo de mercado dejame al menos decidir a mi cómo lo reparto entre los míos, para que no se maten entre ellos y sacar el mejor provecho. Es lo que sucedió con el cupo ya vigente de 20.000 toneladas, que la semana pasada la Secretaría de Agricultura distribuyó entre unos 70 plantas frigoríficos y grupos de productores.
¿Se acuerdan del cupo de exportación 80 mil toneladas de carne vacuna que Trump le prometió a Milei? Bueno, por ahora nada y el Gobierno distribuyó las mismas 20 mil toneladas de siempre
En el caso de las 80.000 toneladas restantes no hay posibilidad de nada: en su decreto Trump decidió que entrarán en cuatro lotes de 20.000 toneladas cada unos a partir del 13 de febrero y bajo el sistema de administración “primero que llega, primero que se sirve”. Los aranceles bajos desaparecen ni bien se cumple esos lapsos pseudo-bimestrales definidos desde la Casa Blanca. En esta discusión de cómo la nueva cuota se usa para apalancar el desarrollo de la ganadería nacional, el secretario Sergio Iraeta (concuñado de Juan Pazo), quedó todavía más pintado de lo que estaba hasta ahora y de lo que el espejo le dice todos los días.
¿Y se va a poder exportar de todo dentro de ese cupo? Ya dijimos que no, porque la carne con hueso sigue prohibida con las mismas argumentaciones paraarancelarias que la mantienen vedada desde 1929. Así que solo se va a poder exportar carne en los otros dos grandes rubros: desosada enfriada o congelada.

Luego del anuncio realizado por al Casa Blanca este viernes, entre los exportadores de carne hubo quienes desesperados comenzaron a indagar sobre las dos posiciones arancelarias mencionadas concretamente por Trump como parte de este cupo adicional. Es que una vez más no hubo comunicación formal del gobierno argentino (Adorni no va bien como vocero de la Casa Blanca) y todos nos debimos arreglar con los documentos emitidos allá lejos. “Las 80.000 toneladas métricas adicionales descritas en la cláusula 1 de esta proclamación se aplicarán únicamente a los recortes de carne magra de res clasificables según los números de informe estadístico del HTSUS 0201.30.5085 y 0202.30.5085”, decía el informe de la Casa Blanca sobre el cupo de carne adicional para 2026 acordado por fuera del pacto comercial.
¿Qué significan esas posiciones arancelarias según la nomenclatura norteamericana?
La Partida General 02.01 se refiere a Carne de bovino, fresca o refrigerada. La subpartida específica: 0201.30 precisa en la Carne de bovino deshuesada. Y el detalle del código 0201.30.50 referencia a la carne de bovino deshuesada, no especificada en otra parte de la subpartida. ¿Y el 85 final? Sería un sufijo estadístico que identifica características específicas para el monitoreo del comercio de Estados Unidos. Lo mismo para la partida 02.02, que hace referencia a los mismos tipos de carne pero congeladas y deshuesadas.

La prevención en buscarle el pelo al huevo entre quienes saben del negocio de la carne tiene que ver con que muchas veces se anuncia una cosa en público y luego se ponen las limitaciones en privado. Son muy comunes en el mundo del comercio este tipo de trampas. Y todos se asustaron cuando en su “proclama al mundo” el propio Trump hizo varias veces referencia al trimmings o los recortes de carne que en aquel país se utilizan para hacer desde calditos, sopas o carne picada. Carne para industria, bah, de más bajo valor.
En su estrategia por desinformar, el gobierno de Milei actualmente no discrimina las exportaciones de carne a Estados Unidos (dentro de la cuota vigente de 20 mil toneladas) por su tipo, pero la relación a favor de la carne congelada es históricamente de 75% a 25% por sobre la enfriada, donde pueden aparecen los cortes de mayor valor. Por eso mientras la congelada vale unos 6.000 dólares la tonelada, la enfriada cotiza un 50% más, a unos 9.000 dólares. El temor de los carnizas era que en ese manejo de nomenclaturas y aranceles cerrara la puerta a los mejores negocios, convirtiendo las nuevas 80.000 toneladas en una provisión de recortes baratos para que los yankees hagan la picada para las hamburguesas, que es lo que más consumen.
Parece que no, que no será así y podrá ingresar de todo. Les debo la confirmación oficial de la Oficina de Respuestas Oficiales.

Como se ve hasta aquí, la nueva cuota americana está repleta de dudas que, de todos modos, no alcanzar para opacar los festejos de ganaderos y exportadores. ¿Durará más de un año? ¿La podremos administrar nosotros? ¿Qué tipo de carne me van a dejar exportar?
Pero todavía no hemos ingresado a la pregunta sustancial de todo este asunto. ¿Podrá la Argentina que tanto festeja esta posibilidad cumplir con un cupo adicional de 80 mil toneladas este mismo año?
Es la pregunta del millón. Pero del millón de cabezas que -según todos los analistas ganaderos- se dejarán de faenar en el país en 2026, recortando así la oferta total de carne vacuna.
Dicho de otro modo, la Argentina en los últimos años vino faenando unas 14 millones de cabezas y entre esas había muchas hembras (vacas y vaquillonas) que salieron de la cría (producción de nuevos terneros) para ir derecho al matadero. Eso permitió sostener una oferta de carne interesante, de más de 3 millones de toneladas, pero a costa de ir achicando el stock bovino, que por primera vez en 2025 se ubicó por debajo de 50 millones de cabezas.
En enero se confirmó la fuerte caída en la faena vacuna de los últimos meses: Las ventas a frigoríficos cayeron 9% y el consumo dio otro paso para atrás
Este ritmo de faena no puede seguir más, salvo que se trate de un suicidio colectivo. Y por eso los expertos vaticinan un freno cercano al 8 a 10%, que ya se viene registrando en las faenas de los últimos meses. De 14 millones de vacunos deberemos bajar a 13 millones, y eso repercutirá en una producción menor de carne. Desde este previsión, en vez de 3,1 millones, se perdería un mes entero y serán de 2,8 a 2,9 millones de toneladas.
En 2025, sin llegar al récord de 930 mil toneladas de 2024 pero en un contexto altamente demandante, Argentina exportó 850 mil toneladas de su carne, de la buena y de la mala, la de novillo y la de vaca vieja. Es decir que el resto de lo producido, unas 2,2/2,3 millones, fueron absorbidas por el mercado interno. El consumo interno, pese a una fuerte suba de precios que llegó al 70% y duplicó a la inflación, se ubicó así en 49 kilos anuales por barba.

¿Qué pasará con las exportaciones y el consumo interno de carne con una faena que caerá en 1 millón de cabezas? Es la pregunta que debería haberse hecho el canciller Pablo Quirno al momento de negociar con Trump y Cia, pero es evidente que este asunto le importa poco y nada al financista. Tampoco lo ayudó mucho a pensar el subsecretario de Mercados Agropecuarios, Agustín Tejeda, que apareció sonriente en las fotos en Washington tras la firma del acuerdo. Pero es lo que pensaron en cambio los estadounidenses: Trump de hecho confesó es que si ellos abrieron el grifo al ingreso de carne argentina es porque lo necesitan y no por otra cosa, pues la carne que producen no les alcanza.
Bueno, amigo Donald, a nosotros este año la carne tampoco nos alcanza.
Imaginemos el escenario de los próximos meses: se producen 2,9 millones de toneladas de carne en 2026, y se exportan en vez de 850 mil embarcadas en 2025, unas 930 mil sumando la presión adicional de la nueva cuota americana. Esto dejaría carne disponible para el consumo interno por menos de 2 millones de toneladas. Venimos de consumir 2,3 millones. El recorte en el consumo doméstico sería catastrófico.
¿Se imaginan recortando otro 20% el consumo de carne vacuna? Es lo que proponen los frigoríficos exportadores para generar mayor cantidad de divisas
En un año normal, con la producción por encima de 3 millones de toneladas, no sería catastrófico asumir nuevos compromisos exportadores, pues las 80.000 toneladas adicionales para Estados Unidos representan apenas lo necesario para atender apenas 10 o 15 días de consumo doméstico. Pero en un año de estrechez como el actual, esa cuota adicional puede ser el detonante de varios escenarios no deseados.
O sí, deseados. Porque desde hace años que los grandes frigoríficos exportadores nucleados en el Consorcio ABC definen como su escenario ideal que se liberen mayor tonelajes para la exportación, sacrificando consumo interno de carne. En algún reportaje, el presidente de esa entidad, Mario Ravettino, ha especulado con una posible caída del consumo interno hasta los 40 kilos anuales de carne vacuna per cápita. Eso sería un desplome de casi 20% respecto de los niveles actuales. Por supuesto que el industrial defiende su tesis diciendo que así se podría exportar más carne, crecería la ganadería y se podrían generar miles de puestos de trabajo. Además no pretende una hambruna para los argentinos sino simplemente que reemplazan tanta carne vacuna por más cerdo y más pollo.
El consumo de carnes en Argentina creció casi 6% y cerró 2025 en los niveles más altos de la historia: Pero como no se produjo más, la demanda adicional se cubrió con más importaciones y menos exportaciones
Es atendible el argumento, pero seguramente nadie -ni siquiera él- imaginó tan fuerte ajuste en el corto lapso de un año, y justamente este que nos toca vivir (2026) porque los gringos andan necesitados. ¿Se podrá decirles a los argentinos que achiquen un 20% su consumo de carne para ayudar a Donald? ¿O habrá que forzarlos a resignarse por vía de una fuerte suba de los precios? La carne ya subió mucho el año pasado y es muy posible que -sin oferta suficiente y con mayor demanda- repita esa escalada. Por más que hagan milagros productivos, la ganadería tiene ciclos largos y es imposible que los productores incrementen la productividad con el mismo rodeo en tan corto plazo de tiempo.
Hay otra opción a tocar el consumo interno de carne, que ya está bastante debilitado (recordemos que cuando debutó Maradona los argentinos comíamos 90 kilos anuales por habitante), que sería redireccionar exportaciones de otros destinos para cubrir la demanda adicional desde los Estados Unidos. No es improbable, total los yankees nos pedirán sobre todo carne de baja calidad, pero esa estrategia nos pondría en serio peligro con China, que compra el 65% del vacuno exportado por argentina, unas 500 mil toneladas en 2025, cinco veces lo que ahora nos compraría Estados Unidos.
China y Trump se parecen mucho, ambos deciden cuanto se puede vender en sus países mediante cupos. A principios de 2026, luego de investigar el daño que las importaciones de carne hicieron a sus propios ganaderos, Beijing impuso cupos de exportación a todos sus proveedores, incluyendo a la Argentina y los Estados Unidos. En este caso los cupos serán crecientes, y durarán al menos por tres años, hasta el ciclo comercial 2028. Es decir que los chinos demostraron ser un poco más previsible que Trump, que no se sabe si mantendrá el cupo abierto dentro de 12 meses.
En el caso de la Argentina, los exportadores festejaron el cupo chino, porque se estableció en 511 mil toneladas para 2026, un poquito más de lo que ya se había exportado. Brasil en cambio los puteó, porque le recortaron fuerte sus volúmenes, en cerca de 400 mil toneladas anuales.
¿Imaginemos entonces ahora a los frigoríficos locales diciendo, luego de la caricia de los chinos, que van a sacar 80 mil toneladas de este destino para desviarlos hacia Estados Unidos, donde no se paga mucho más por los mismos cortes? ¿Sería posible? Lo más posible es que si no cumplimos con China ellos se enojen y deriven parte de nuestra cuota a otros países proveedores. Volvé Lula, que te perdonamos.

Y otro tanto pasa con la Unión Europea, que absorbe unas 30 mil toneladas de carne de alta calidad (la que no nos compran los yankees) al amparo de la Cuota Hilton, y que también podrían comenzar a pedirnos un poco más en caso de que finalmente se haga efectivo le nuevo acuerdo de libre comercio con el Mercosur, que implica en el caso de la carne la apertura de una cuota adicional de 100 mil toneladas para los cuatro países sudamericanos.
No. Hay muy pocas chances de reorientar exportaciones de otros destinos hacia los Estados Unidos. Así que volvamos a orientar nuestra mirada hacia los principales consumidores que tiene la carne argentina, que son los mismos argentinos. Es allí el escenario donde se producirá -y de modo casi violento y perentorio- el necesario ajuste.
Si todo sale como pretende Trump, nosotros comeremos menos carne porque nos saldrá bastante cara y la Argentina cumplirá con su cupo de 100.000 toneladas anuales, un hito histórico. Seguramente el gobierno de Milei no haga nada para evitar este escenario.

Pero si las cosas no salen de ese modo, porque a veces los argentinos nos empacamos y resistimos desde nuestras costumbres las lógicas del libre comercio, el escenario mas probable es que finalmente los frigoríficos no puedan cumplir con el envío de tanta carne a Estados Unidos, y finalmente el anuncio caiga en saco roto.
Matias Longoni
Fuente de esta noticia: https://bichosdecampo.com/ya-celebraron-el-hito-historico-ahora-vendra-bien-bueno-saber-que-el-cupo-de-carne-a-estados-unidos-tiene-fecha-de-vencimiento-y-solo-se-puede-cumplir-achicando-todavia-mas-el-consumo-inter/
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